Robots asistenciales: las máquinas que cuidarán de la sociedad

Nuestra total convivencia con los robots está más cerca de lo que creemos. Estos autómatas llegan para hacer más fácil nuestras vidas, ayudar a las personas mayores, realizar tareas del hogar… 
Por Opinno Editora de MIT Technology Review en español
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Los robots asistenciales se preocupan por el bienestar de sus usuarios, les ayudan a moverse por su casa y recogen objetos. Así funcionan estos autómatas que se introducirán en los hogares para acompañar a personas mayores o a pacientes con alguna dependencia

A día de hoy nadie tiene ningún problema en reservar un espacio de su casa a aparatos como una lavadora, una nevera o un microondas. Es más, son unos compañeros indispensables de nuestro día a día. Esto es algo a lo que también aspira la robótica asistencial, que desarrolla autómatas especializados en atender a personas con alguna dependencia. Su objetivo es integrar estos robots en el hogar como si fueran un electrodoméstico más, de forma que no resulte raro convivir con ellos.

De momento, han empezado a utilizarse en hospitales y residencias, pero se espera que también lleguen al ámbito doméstico dado el progresivo envejecimiento de la sociedad. Según datos de Naciones Unidas, la población de más de 60 años aumentará un 3% cada año, de manera que en 2030 habrá 1.400 millones de personas mayores en el mundo. Así, estas máquinas jugarán un papel clave en el soporte mental y físico de personas mayores que continúen viviendo en sus casas.

“Realizan una gran variedad de tareas, desde hacer compañía hasta manipular objetos para acercárselos al usuario”, explica el director de Robotics Lab de la Universidad Carlos III de Madrid (España), Carlos Balaguer. Según el experto, moverse por una vivienda no es tarea fácil y grupos de investigación de todo el mundo están implicados en el perfeccionamiento de las tecnologías necesarias para conseguirlo. 

Algunos de ellos se dieron cita en la conferencia internacional sobre robots inteligentes IROS 2018, celebrada en Madrid (España) y patrocinada por Banco Santander. Allí tuvo lugar una de las ediciones de La Liga Europea de Robótica (ERL, por sus siglas en inglés), en la que los diferentes equipos debían programar sus robots para que ayudaran a una persona mayor en el salón de casa. 

Francisco Martín, responsable del Grupo de Robótica de la Universidad Rey Juan Carlos (España), que participó en la ERL de IROS 2018 junto con la Universidad de León (España), explica: “Aunque normalmente estas tecnologías se dirigen a la gente de más edad, pueden mejorar la calidad de vida de cualquiera. Por ejemplo, estamos participando en un proyecto del Ministerio de Economía y Empresa (España) para crear un robot asistencial que acompañe a personas que presentan daños cerebrales tras haber sufrido un accidente. En este caso, se trata de robots móviles que vigilan que el usuario esté bien”.

Humanoides, brazos robóticos y exoesqueletos

“¿Cómo se encuentra?”; “¿A dónde quiere ir?” Son algunas de las preguntas más comunes que formulan los humanoidesrobots inspirados en la fisonomía humana, para conocer el estado de sus interlocutores. Uno de los más conocidos es el robot asistencial Pepper, diseñado por el ingeniero japonés Kamame Hayashi. Detecta el estado de ánimo de las personas con las que habla y reconoce sus gestos, sonidos y expresiones. Aunque sus funciones más comunes son atender al público y ser maestro de ceremonias, también se emplea en hospitales para guiar a los pacientes y familiares.

Pepper fue el primer humanoide diseñado para relacionarse con personas y se ha convertido en un referente entre la robótica asistencial. Ahora, su creador está involucrado en el desarrollo de Lovot, un autómata para el ámbito doméstico capaz de escuchar los problemas de sus propietarios y ofrecerles compañía. Otros casos similares son el robot de asistencia a humanos de Toyota, que puede desplazarse y recoger objetos del suelo gracias a su brazo móvil; y TEO, desarrollado por el grupo Robotics Lab de la Universidad Carlos III de Madrid (España), que plancha o sirve comidas y bebidas en una bandeja.

Aunque pueden ser los más llamativos por sus habilidades sociales, los humanoides no son los únicos autómatas que atienden a las personas. También se están desarrollando brazos robóticos, como Asibot, creado desde la Universidad Carlos III, para asistir a personas tetrapléjicas. Uno de los extremos de este brazo se ancla a la silla de ruedas y el otro se encarga de dar de comer o acceder a alguna estantería para coger un objeto. En una línea similar funciona Jaco, desarrollado por Kinova. Cuenta con seis articulaciones que rotan de manera infinita para conseguir los movimientos necesarios y acceder a los lugares que le indica su propietario.

Además de ofrecer ayuda “desde fuera” como hacen los humanoides y los brazos mecánicos, la robótica asistencial también está diseñando soluciones que se integran en el cuerpo del usuario. Se trata de los exoesqueletos, sistemas vestibles para personas con problemas de movilidad. Por ejemplo, la empresa Marsi Bionics ha creado una especie de rodilla biónica para que personas que hayan sufrido dolencias neurodegenerativas, como un ictus, puedan volver a caminar.

Interacción hombre-máquina

Facilitar la relación entre los autómatas y los seres humanos es uno de los desafíos de la robótica en general. “En la disciplina asistencial, los humanoides son los encargados de hacer frente a este reto”, asegura Martín. En primer lugar, deben ser seguros. Para ello, la doctora investigadora de Robotics Lab de la Universidad Carlos III de Madrid (España), Concepción Alicia Monje, explica que es esencial perfeccionar la locomoción y la manipulación. “La locomoción bípeda es compleja porque el robot debe conseguir estabilidad y equilibrio durante sus trayectorias. Dotar al autómata de la habilidad de manipulación tampoco es sencillo ya que debe agarrar los objetos de una manera coordinada”, asegura.

Después, “hay que dotar a los robots de arquitectura cognitiva a través de soluciones basadas en inteligencia artificial. Esto les permite entender a la persona que tienen en frente. Por ejemplo, cuando alguien le pide a un robot que vaya a recoger algo a una habitación, automáticamente sabe la secuencia de acciones que tiene que realizar: cruzar un pasillo, pasar una puerta, coger el objeto y entregárselo al usuario”, comenta Martín.

A esta capacidad de razonar y actuar, Monje añade otro reto: sensorizar. “Los sensores sirven para reconocer el entorno. Cuantos más datos se puedan recopilar sobre los usuarios y el espacio en el que se mueven, los autómatas podrán realizar las acciones de manera más correcta”, apunta.

Pero este desarrollo tecnológico no es suficiente, también hay que cuidar la apariencia de los robots. 

¿Cómo se siente un humano cuando se relaciona con una máquina? 

“Cuanto más se parece a la figura de una persona, más aceptada es una máquina”, señala Martín. De ahí que Pepper, Teo o Lovot tengan esa apariencia humana. “Aunque hay que tener cuidado. Si se asemeja mucho a una persona, puede causar rechazo. Los tres puntos clave son el aspecto, el tamaño [que no sea más grande que la persona que tiene en frente para que no se sienta amenazado] y la voz [por ejemplo, que tenga el mismo acento que la persona con la que se relaciona]”, detalla.

Pese a todo, el gran desafío es que estos robots salgan de los laboratorios en los que se desarrollan y se puedan comercializar. “La robótica asistencial es cara. Nosotros, por ejemplo, estamos creando un robot que cuesta 15.000 euros”, asegura Martín. Eso sí, confía en que en unos años estos autómatas se democraticen para que lleguen a las viviendas. “Cuando eso ocurra, transformarán los hogares”, apunta. De esa forma, en un futuro no será raro convivir con humanoides que recorran los pasillos de casa o con brazos robóticos que preparen la comida.

Por Alba Casilda

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