La integración laboral entre robots y humanos, un reto cultural y social

La robótica humanoide ya está abriendo nuevos escenarios laborales y exprimiendo la eficiencia en todos los sectores.

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La robótica humanoide ya está abriendo nuevos escenarios laborales y exprimiendo la eficiencia en todos los sectores, pero su avance requerirá de humanos capaces de reinventarse para afrontar entornos cada vez más automatizados.

 

Foto: El robot humanoide Bibot atiende a los clientes de la empresa MIOT. Crédito: Macco Robotics.

 

-Cliente: “Buenos días, Bibot, tengo una reunión con Carlos García”.

-Recepcionista: “Bienvenida de nuevo, Marina. Ya le he avisado de que estás aquí. Déjame que te acompañe a la sala”.

Marina es una proveedora habitual de la empresa MIOT y Bibot, el robot humanoide que atiende en su recepción. Ambos se reconocen de otras ocasiones. Si Marina entrase en la compañía por primera vez, su interacción sería diferente: Bibot le habría pedido sus datos (DNI, nombre, empresa), habría registrado su voz y le habría hecho un reconocimiento facial antes de acompañarla a la sala de la reunión.

Su sistema de navegación autónoma, su lector de tarjetas integrado y su interacción fluida capacita a Bibot para gestionar cada día a los visitantes y para ser uno más en las rutinas profesionales de la empresa. Y eso que aún tiene muchos aspectos que mejorar, según afirma Víctor Martín, CEO y fundador de Macco Robotics, la empresa que le dio vida.

“Queda mucho por hacer en la inteligencia artificial y en las capacidades morfológicas de estos robots: son todavía patosos al moverse, no son tan ágiles como una persona. Aún están muy acotados, pero también son más rápidos ejecutando tareas y reducen costes”, asegura.

Las tareas que tradicionalmente se han atribuido a los robots cada vez son más complejas. Ya no es suficiente que una máquina sustituya a un trabajador en una actividad mecánica o repetitiva, ahora se les demandan habilidades más inteligentes.

Como Bibot, hay cada vez más autómatas humanoides, diseñados para satisfacer las necesidades de cada sector empresarial: industria, hostelería, comercio minorista, sanidad, etc. Ya “trabajan” como camareros, azafatos, limpiadores en hoteles o terapeutas. Una muestra de su potencial es que hasta se convierten en genios del parkour de la mano de Boston Dynamics.

El mercado se transforma

El impacto de la automatización en el mundo laboral ya ha dejado de pertenecer al futuro. De hecho, según la Federación Internacional de Robótica, ya hay 87 robots por cada 10.000 trabajadores que funcionan a pleno rendimiento en el mercado industrial global. En su último informe, que analiza datos de 2017, los doce países más automatizados del mundo son China, Japón, Corea del Sur, Estados Unidos, Alemania, Taiwán, Vietnam, Italia, México, Francia, Singapur y España.

Para Martín, los avances en la implantación de esas soluciones robóticas están muy ligados al contexto cultural:

En los países asiáticos, la robótica está mucho más introducida y aceptada en la sociedad. En Occidente existe aún cierto rechazo y miedo, aunque en los últimos cuatro años la percepción ha cambiado mucho“.

Foto: Un autómata humanoide saluda a los clientes de esta tienda en Kioto, Japón. Crédito: Pixabay

Para este experto estamos solo ante el comienzo de un profundo cambio sociolaboral. “A largo plazo tendremos robotizados todos los aspectos productivos: no solo los procesos repetitivos, sino también la toma de decisiones. Las sociedades se transformarán y tendrán que reconfigurarse”, explica, y añade que habrá incluso que repensar el concepto de “vivir para trabajar”.

Una visión de futuro con la que no coincide en su totalidad Concha Monje, investigadora en robótica humanoide de Robotics Lab en la Universidad Carlos III. Ella ve a los robots desde un prisma colaborativo y como aliados para aliviar a los humanos de las tareas más tediosas. “En el entorno laboral conviviremos con esas máquinas, es algo positivo porque nos permitirá dedicar el tiempo a realizar tareas mucho más creativas y motivadoras“.

El caso del hotel inteligente japonés Henn-na se acerca a la visión de Monje. En 2015 este centro se hizo famoso por tener una plantilla de trabajadores formada en su mayoría por robots. Sin embargo, este año ha prescindido de un centenar de ellos porque requerían demasiado de la asistencia humana. El modelo hacia el que se encamina ahora es el híbrido humano-robot.

Reciclaje profesional

En cualquier caso, la científica recuerda que el proceso de adaptación requerirá también de un importante esfuerzo humano: “No hay que tener miedo, sino pensar en que el trabajo se redefine. Tenemos que reinventarnos. Ese es el coste de avanzar hacia otro nivel”.

En la actualidad, los robots llevan a cabo el 29% del total de las tareas profesionales, sobre todo en el ámbito industrial, un porcentaje que aumentará hasta el 42% en 2022 y será del 52% en 2025. En otras palabras, en seis años los robots harán más tareas en las empresas que los humanos, según el estudio El Futuro del Trabajo 2018 del Foro Económico Mundial (FEM).

Aunque los datos dibujan una etapa de cierta incertidumbre, los investigadores del FEM estiman que la robótica y las nuevas tecnologías crearán más empleos de los que destruirán.  En el informe cifran en 133 millones los empleos que podrían surgir en todo el mundo en campos como la inteligencia artificial, el tratamiento de datos o la informática.

Un reciclaje profesional hacia nuevas necesidades de mercado que también golpeará los índices de demanda de profesionales humanos en ámbitos como la gestión de clientes, los servicios postales o los procesos de fabricación.

Desafíos en la era robotizada

Tanto Monje como Martín esbozan varios de los grandes desafíos pendientes para normalizar la presencia de robots humanoides en los centros de trabajo: desde una mayor inversión para perfeccionar sus características hasta una regulación que defina su marco legal. Pero si hay un factor esencial, ese es que la sociedad acepte su llegada sin desconfianza.

Lograr una reacción positiva en los clientes y trabajadores humanos es crucial para que la integración laboral de los robots sea adecuada y fomente la productividad. En esa búsqueda de la convivencia, la fisonomía parece tener un rol clave en empatía. Pero, ¿es necesario asemejar su apariencia a la humana?

Foto: El reto de la convivencia. Crédito: Unsplash.

Tenemos la obsesión de hacer a los robots a nuestra imagen y semejanza y eso no siempre es práctico porque hay soluciones más sencillas y eficientes

“Tenemos la obsesión de hacer a los robots a nuestra imagen y semejanza y eso no siempre es práctico porque hay relaciones más sencillas y eficientes”, asegura Monje. Por ejemplo, sobre un terreno liso sería mucho más efectivo crear un robot con ruedas en vez de uno bípedo y con apariencia humana.

Existe, además, una teoría en el campo de la robótica conocida como uncanny valley (valle inquietante en castellano) que sostiene que cuando las réplicas robóticas se asemejan demasiado a las personas, la respuesta humana es de rechazo.

Inquietantes o no, la realidad es que cada vez habrá más presencia de robots en el entorno laboral, un hecho que invita a repensar los modelos tradicionales de convivencia profesional y personal y que obligará a definir los nuevos espacios para que nadie se quede fuera.

Por Marta Sotres

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