“El mayor riesgo es que las personas traten a los robots como humanos”

De aquí a pocos años, la total convivencia entre personas y robots será una realidad. El objetivo de los investigadores es que sean las máquinas sean lo más sociable posible.

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El director del primer programa en Inteligencia Artificial en Estados Unidos, Reid Simmons, trabaja en desarrollar robots socialmente más interactivos para que su adaptación sea más natural y no genere desconfianza entre los humanos


Los robots llegarán a simular felicidad o tristeza con un realismo sin precedentes, casi pasarán desapercibidos en sociedad, pero el éxito de la convivencia en el futuro no solo dependerá de ellos. También requerirá de humanos que sepan evolucionar hacia nuevos modelos sociales y que estén abiertos a aprender y a adaptarse a estos nuevos invitados. El profesor e investigador en robótica de la Universidad Carnegie Mellon, Reid Simmons, que participó en el evento IROS 2018, patrocinado por Banco Santander, identifica todas las virtudes sociales que traerán unas máquinas cada vez más inteligentes. También advierte de uno de sus principales riesgos: que las personas traten a los robots como si fueran humanos.

La Universidad Carnegie Mellon ha lanzado la primera licenciatura en Inteligencia Artificial en Estados Unidos. ¿Por qué considera que hoy en día es importante formar a jóvenes en este ámbito?

Cuando empecé a trabajar con Inteligencia Artificial hace treinta años, se trataba más de casos de estudio. Ahora ya la vemos aplicada en ámbitos más prácticos y tan importantes como el diagnóstico médico. Por eso, es fundamental formar a las jóvenes para que puedan desarrollar sus propias aplicaciones en torno a esta tecnología. La Inteligencia Artificial va a tener un impacto enorme en la sociedad en los próximos diez o veinte años. Además, los gobiernos se muestran cada vez más interesados por esta disciplina y queremos asegurarnos de que haya especialistas capacitados para asumir ese rol profesional que requiere cada vez más el mercado. De ahí que hayamos lanzado la primera licenciatura en este ámbito.

Su investigación se centra en desarrollar robots capaces de interactuar socialmente con los humanos. ¿En qué situaciones podríamos percibir esa mejora de las habilidades sociales?

Los robots están empezando a formar parte de entornos como hospitales, tiendas y oficinas. Cuando comparten espacio con personas, esperamos de ellos que se comporten y se muevan como lo hacemos los humanos. Situaciones rutinarias como recorrer con normalidad un pasillo del trabajo, saber interactuar o acercarse a otras personas para hacerles preguntas o comentarios, por ejemplo, en un ascensor, son momentos que tienen un enorme componente social innato en los humanos. Para aprender a convivir de la forma más natural, agradable y eficiente con los robots, es necesario que alcancen esa similitud de comportamiento. Solo de esa manera la gente se sentirá cómoda estando rodeada de ellos, solo cuando comprendan su forma de actuar.

Es cierto que, si trabajamos con robots en entornos en los que las personas están convenientemente formadas y entrenadas para asumir su presencia y su función, no haría falta que los robots requirieran de estas habilidades tan puramente sociales. Pero, si nos situamos en ambientes en los que haya personas que no han visto un robot en su vida, pueden darse situaciones de desconfianza o de miedo. Ahí son muy necesarios esos comportamientos sociales de las máquinas.

Otro buen ejemplo de esta necesidad de mejora es el caso de los vehículos autónomos. Imaginémonos la siguiente escena: Un peatón humano espera en una calle para cruzar. Antes de hacerlo, y para asegurar que lo hace en condiciones seguras, cruza una mirada con el conductor del coche que ha frenado ante el paso de peatones para dejarlo pasar. Este último incluso le hace un gesto para confirmar que puede cruzar a la otra acera sin riesgo.

Ahora pensemos que ese vehículo es autónomo y no tiene conductor. En ese caso, el peatón no recibiría una confirmación visual y esperaría confuso sin saber cómo proceder, esperando a que el coche circulase. Y lo mismo le ocurriría al vehículo, que estaría esperando a su vez a que el peatón cruzara. En algún momento, ese ciclo tendría que romperse y eso es lo complicado de conseguir en un robot. Este tipo de situaciones demuestran la cantidad de convenciones invisibles de comportamiento que existen en la sociedad y lo importantes que son para la convivencia.

Cuando lleguen esos robots socialmente más interactivos, ¿cuál será el mayor beneficio que obtendremos como sociedad?

Uno de los grandes beneficios es que estos robots sustituirían a los humanos en trabajos y en tareas que suelen considerarse aburridas o peligrosas. Además, podrán asumir funciones de atención al público una vez tengan desarrolladas esas habilidades más sociales. Pero, sobre todo, veo una grandísima aplicación en casos de personas que necesitan asistencia médica o social en sus hogares.

La incorporación de estas máquinas en el entorno privado puede hacer la vida más fácil a personas con movilidad reducida o con cualquier tipo de limitación. Sin embargo, para poder realizar estas acciones de la forma adecuada, los robots tienen que entender las convenciones sociales que mencioné antes: así, si están en casa contigo y tú estas viendo la televisión, deben entender que no tienen que molestarte. O comprender que, si estás en el servicio, es momento de respetar tu privacidad. 

¿Y su presencia conllevará algún riesgo para la convivencia social?

Identifico un riesgo que predomina sobre el resto: que las personas traten a los robots como si fueran humanos; es clave que en la sociedad exista una clara diferencia entre las máquinas y las personas. Existe un riesgo de que las personas caigan en el error de confundir que los robots son más que meras máquinas.

Ellos no tienen sentimientos, pero pueden aparentar a la perfección que sí los tienen. Es lo mismo que ocurre con los actores cuando interpretan un papel en una película. Pueden simular felicidad o tristeza, pero tan solo es una apariencia. Los robots son como actores que simulan sentimientos, nunca serán como humanos.

Por ejemplo, en la actualidad, tratamos a nuestras mascotas de forma social, les hablamos, educamos su comportamiento, pero no pretendemos tratarlos como humanos, sabemos que son animales. Sin embargo, en el caso de los robots, la línea que separa a unos y a otros podría resultar más confusa para algunas personas. Creo que estamos ante un problema difícil de resolver. Realmente, es muy sencillo que se produzca esa equivocación en las personas.

Solemos preguntarnos cómo se comportarán los robots con nosotros en un futuro. Pero, ¿cambiaremos los humanos nuestro comportamiento cuando su presencia esté más extendida? 

Ya hay evidencias de que la forma en la que interactuamos con plataformas como Siri o Alexa es la manera en la que progresivamente empezamos a comunicarnos entre nosotros en sociedad: frases cortas, estilo muy directo… Al final, la forma en la que nos relacionamos con las tecnologías va a tener una influencia en nuestra actitud social. En este sentido, hay un peligro: si nos acostumbramos a interactuar con tecnología y con máquinas al requerir de información o servicios, puede que llegue un momento en el que sintamos que no tenemos que, por ejemplo, dar las gracias al recibir esa ayuda.  En cambio, si esas máquinas son más sociales, sí sentiremos la necesidad de seguir agradeciendo este tipo de conductas y preservaremos así los modelos comunicativos que rigen hoy en día en sociedad.

¿Cree que llegará el momento en el que nos planteemos conceder derechos humanos a esos robots cada vez más inteligentes?

Tengo sentimientos encontrados en torno a este asunto. Leí hace unos años una reflexión que establecía una analogía entre los sistemas de Inteligencia Artificial y los derechos humanos. Analizaba cómo los afroamericanos en el siglo XVIII no eran vistos como humanos, sino como una mera propiedad de los esclavistas. Si aplicamos esto a la robótica, nosotros ahora vemos a las máquinas como una propiedad. Pero, ¿qué pasará cuando sean robots más inteligentes? ¿Cambiaremos nuestra forma de verlos? No tengo una respuesta aún, pero, sin duda, es un desafío que afrontar.

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