Realidad virtual para combatir el ‘bullying’ y la violencia de género

A menudo suele decirse que hay cosas que no entendemos hasta que las vivimos. ¿Y si experimentases lo que significa ser víctima de acoso o violencia de género? La realidad virtual ayuda a concienciar sobre este problema.

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Investigadores españoles están desarrollando el potencial de esta herramienta tecnológica para reforzar la empatía en casos de abusos escolares y domésticos y reducir sus tasas de reincidencia

La tecnología nos lleva cada vez más a vivir otras realidades, a trasladarnos virtualmente a espacios artificiales y a dibujar los trazos de nuevos mundos a nuestro gusto. Nuevos mundos en los que, tan solo a través de unas gafas, nos sintamos en una realidad paralela.

La realidad virtual se ha convertido en una herramienta que puede ayudar a entender mejor la psicología humana y, sobre todo, a aprender de los comportamientos para mejorarlos. Esa es la premisa de la que parte el proyecto contra el bullying de la Corporación Sanitaria Parc Taulí de Sabadell y el equipo de la unidad de Data Science y Big Data de Eurecat.

Su reto es utilizar la realidad virtual “para intentar prevenir el bullying estimulando la empatía de los alumnos hacia las víctimas”, según explica Miguel Barreda, investigador del Eurecat.

Durante un periodo de dos años (hasta 2020), el equipo utilizará entornos de realidad virtual co-creados por los mismos alumnos -de entre 12 y 14 años- para luchar contra el abuso escolar, un problema que afecta al menos a uno de cada tres niños en España, según un estudio de la Fundación ANAR. En las sesiones se explicará a los alumnos qué es el bullying, las razones por las que ocurre, sus consecuencias, etc.

Además, serán ellos mismos quienes realicen el guión de las escenas a las que se enfrenta una víctima de bullying y las grabarán con cámaras 360º. Crearán los contenidos que luego se reproducirán a través de unas gafas de realidad virtual en las diferentes escuelas de Cataluña que participan en este proyecto piloto.

“Supervisaremos los guiones para que sean experiencias que aporten nuevos puntos de vista, pero que no sean tan extremas como para dejar una huella emocional”, matiza el investigador.

Asimismo, reconoce que “el objetivo no es sensibilizar a las víctimas, sino a los acosadores y, sobre todo, a los testigos de estas escenas. De la actitud de estos testigos depende mucho que la acción vaya más allá o que se frene a tiempo”.

No es la primera vez que en España se recurre a la tecnología para tratar de mitigar el acoso escolar. Samsung, junto al Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, ya desarrolló una iniciativa similar, pero Barreda apunta algunas diferencias:

“En este proyecto buscaremos evidencias de la empatía a distintos niveles, no solo a través de cuestionarios con los chicos, sino que haremos tests experimentales de empatía en los que mediremos variables psicofisiológicas.

También a algunos les haremos un escáner cerebral, como complemento a esos tests, para analizar si se produce una activación neuronal y si existe una relación con una respuesta emocional más intensa. Lo que pretendemos es encontrar evidencias que sustenten que realmente funciona”.

Tecnología para empatizar ante la violencia de género

Esta aliada tecnológicano está limitada a ningún ámbito de actuación concreto, sino que es extensible a otros problemas sociales en los que intervienen los factores psicológicos. De hecho, investigadores españoles estudian desde 2010 el impacto de la realidad virtual en los casos de violencia de género y han probado la eficacia de esta herramienta para mejorar la empatía hacia la víctima y reducir la tasa de reincidencia.

El Instituto de Investigaciones Biomédicas August Pi i Sunyer (Idibaps-Hospital Clinic),  la Universidad de Barcelona y Event Lab, están llevando a cabo un experimento que estudia “el comportamiento de los maltratadores cuando se ponen en la piel de las víctimas”, afirma Mavi Sánchez, investigadora del IDIBAPS y jefa del equipo Neurociencias de Sistemas. Se les expone a situaciones de tensión, de amenazas y de constante violencia psicológica, sin llegar a experimentar virtualmente una violencia física.

Cuando se plantearon esta investigación, el equipo de Sánchez decidió utilizar el método del imbodiment, que consiste en sentir un cuerpo virtual como propio: “El aspecto y las características de tu cuerpo virtual (sexo, raza…) afectan a la forma en la que te percibes a ti mismo y a la manera en la que respondes ante ciertas situaciones”.

La doctora en neurociencia cuenta que en estos momentos tienen en marcha varios procesos en colaboración con el departamento de Justicia de Cataluña, con módulos más enfocados hacia la medición exhaustiva de la empatía y la sensibilidad para entrenar nuevos comportamientos. “Todos sabemos que al entrar en un entorno virtual accedemos a una mentira, es como ver una película, pero de una forma más inmersiva”, dice Sánchez.

No obstante, señala que se produce un impacto en la conducta del usuario a pesar de esa conciencia de ficción: “Confirmamos que el efecto era positivo, se sentían incómodos y ellos mismos consideraban que les daba una perspectiva diferente”. Eso sí, Sánchez prefiere no definir estos procesos como tratamientos, sino hablar de la realidad virtual como una “herramienta que se usa como complemento en procesos de rehabilitación”.

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