Los milenials no tienen percepción del delito en internet

Cualquier usuario puede sufrir un ciberataque. En este escenario, los milenials son los que están más expuestos a sufrir un delito a través de internet.

Leerlo te llevará 5 minutos

El jefe del Departamento de Delitos Telemáticos de la UCO de la Guardia Civil, Juan Antonio Rodríguez Álvarez de Sotomayor, asegura que aún hay que mejorar mucho en materia de ciberseguridad. Según él, la responsabilidad es de todos: los usuarios deben aprender nuevos hábitos y los organismos deben actuar de manera conjunta.

 

Foto: El jefe del Departamento de Delitos Telemáticos de la UCO de la Guardia Civil, Juan Antonio Rodríguez Álvarez de Sotomayor. Crédito: Cortesía del entrevistado.

Internet ha traído un nuevo estilo de vida en el que es más fácil contactar con la gente, realizar las compras o incluso trabajar desde casa. Un modo de vida, a priori más cómodo, pero que no termina de ser seguro.

Cualquier usuario puede sufrir un ciberataque. En este escenario, los milenials (los nacidos entre 1981 y 1993) son los que están más expuestos a sufrir un delito a través de internet, ya que son los más activos digitalmente. Así lo asegura el jefe del Departamento de Delitos Telemáticos de la UCO de la Guardia Civil, Juan Antonio Rodríguez Álvarez de Sotomayor, que desde esta unidad se dedica a la investigación de los delitos más graves producidos en internet.

Según datos del Ministerio del Interior, desde 2014 han aumentado todo tipo de delitos informáticos en España. Pero Rodríguez Álvarez de Sotomayor comenzó mucho antes a dedicarse a la persecución de delitos relacionados con las tecnologías de la información. Su trayectoria en este ámbito empezó en 1998, como jefe del antiguo Grupo de Delitos de Alta Tecnología de la UCO de la Guardia Civil.

Después, en 2003 fundó el Grupo Operativo de Ciberterrorismo del Servicio de Información de la Guardia Civil. Además, también ha representado a España y a la Benemérita en distintos grupos sobre delincuencia informática dentro de organismos como Interpol y Europol.

Ahora, desde su posición, insiste en la importancia de concienciar a la sociedad y denunciar o notificar los fraudes digitales a través de la página web de la Guardia Civil, en las oficinas de atención al consumidor de las Comunidades Autónomas o en el departamento de quejas sobre telecomunicaciones de la Secretaría de Estado para el Avance Digital.

Gran parte de la vida online de los milenials, y de todos los usuarios en general, transcurre en las redes sociales, ¿es consciente la sociedad de la cantidad de información que proporciona a estas plataformas?

La gente no suele serlo, pero las autoridades tampoco son conscientes de cómo las grandes empresas utilizan los datos. Se recogen nuestros datos, se trabaja en ellos y se hace negocio. No somos conscientes de hasta qué punto esto nos afecta a la esfera personal y a la seguridad. Pero tampoco somos conscientes de las posibilidades que tiene utilizar estos datos. Por ejemplo, podrían ser muy útiles para mejorar la seguridad ciudadana.

¿Cuáles son las malas prácticas de los usuarios que permiten actuar a los ciberdelincuentes?

Es importante entender que el amigo de mi amigo no tiene por qué ser mi amigo. En muchos casos de abuso a menores, el acosador empieza así. Hay que tener mucho cuidado a la hora de aceptar amistades y esto es algo que entre los más jóvenes es complicado de entender.

Otro punto es que las personas no protegen bien sus credenciales. Se conectan en cualquier punto de acceso a internet y quizá se trate de un hotspot [dispositivo que ofrece acceso a internet de manera inalámbrica] que ha puesto alguien para que todo el mundo se conecte y así acceder a una gran cantidad de información. La gente debe saber que, si se conecta a una red en abierto o a una red en la que se tiene que registrar, puede haber alguien que escuche sus comunicaciones.

¿Cuáles son los principales delitos a los que se enfrentan los usuarios?

En la mayoría de países, las principales actividades delictivas tienen el objetivo de conseguir un beneficio económico y hay miles de formas de hacerlo.

Es muy difícil robar grandes cantidades de dinero. Por tanto, lo que se hace es robar pequeñas cantidades a muchísima gente. El estafado no sospechará cuando le falten 20 o 30 euros. Pensará que puede ser de cualquier compra. Al ser poca cantidad el usuario tampoco sabrá a quién reclamarle. Como no se denuncia, la impunidad es muy alta. Esto provoca que cada vez haya más gente que se dedique a realizar pequeñas estafas a miles de personas.

Llegar a un gran número de personas a través de internet es muy fácil, ya que se puede acceder a bases de datos con direcciones de correo electrónico de personas reales. De hecho, el correo electrónico es el principal vector de ciberataques. El engaño se hace vía phising [e-mails fraudulentos que solicitan información personal a los usuarios, como, por ejemplo, contraseñas].

Otra fórmula es el robo de identidad, algo a lo que también se enfrentan los milenials principalmente. Por ejemplo, cuando señalan en internet que están en búsqueda de empleo, alguien se puede poner en contacto con ellos y pedirles su DNI, sus datos personales y una foto.

Con esta información, los ciberdelincuentes dan de alta al usuario en plataformas fintech y acceden a créditos. Después, esa entidad financiera reclamará el crédito al usuario. En estos casos, es recomendable mantener una llamada con el empleador o tener una entrevista personal antes de empezar a dar datos.

Foto: Dos de los principales errores de los usuarios son aceptar amigos que no conocen en la vida real y conectarse a redes en abierto. Crédito: Pexels

¿Existe la posibilidad de que las personas, al utilizar mal la red, también estén cometiendo delitos sin percatarse de ello?

La mayoría de los usuarios no son conscientes de que muchas de las actividades que realizan por internet revisten caracteres delictivos. Esto es común en todas las personas, aunque es más común entre los milenials porque son mucho más activos digitalmente. No tienen percepción del delito. Para remediar esto, hay campañas, como las de Europol, que lanzan una serie de recomendaciones. Hay una que explica las diferencias entre ser un ciberdelincuente y ser un experto en ciberseguridad. El usuario decide qué camino escoger.

¿Se requiere algún tipo de formación específica para concienciar a los más jóvenes?

Sí, hay países en los que desde los primeros años de escolarización se instruye en un uso seguro de las tecnologías. En general, es muy difícil llegar a los más jóvenes. En algunos colegios se han puesto en marcha campañas de formación entre iguales. Se forma a chavales para que estos a su vez formen a chicos de cursos inferiores. Aunque los expertos policiales vayan a los colegios, no llegan de la misma forma que llega un igual. Hay que invertir más en la formación entre iguales. Nos jugamos mucho en el uso seguro de las tecnologías.

Hacer frente a la ciberdelincuencia es un reto internacional, ¿están actuando los países de manera conjunta?

Hay muchas estructuras, pero hay que poner los engranajes necesarios para que todas trabajen de forma global. Uno de los grandes problemas de los ciberdelitos es que tienen un componente internacional muy alto. A lo mejor alguien [en España] es víctima de un delito que se ha cometido desde Francia, Alemania o Nigeria. Las tecnologías permiten ese tipo de fraudes transnacionales.

¿Qué desafíos hay que superar para mejorar la ciberseguridad?

El principal reto es ampliar los recursos dedicados a la persecución de la actividad delictiva. Se debe fomentar la relación entre el entorno público y privado para detectar estos fraudes y así diseñar estructuras que den respuesta a la seguridad del ciudadano en sus comunicaciones. En este campo, todavía estamos empezando.

 

Por Alba Casilda

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Quizás te guste

Qué hacer si suplantan tu identidad digital

Todos tenemos un perfil en alguna de las redes sociales. Algo que nos exige adoptar determinadas precauciones.