7 malas prácticas en ciberseguridad que cometes sin saberlo.


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A menudo disfrutamos de las ventajas que nos brinda la tecnología sin tener en cuenta los riesgos a los que nos podemos exponer. Por eso, para poder navegar por Internet sin ningún sobresalto es importante aprender a identificar algunas situaciones que quizás no percibimos como arriesgadas.


En Internet, como en el mundo real, ya se puede hacer casi cualquier cosa. La revolución digital ha abierto un abanico de posibilidades inagotable y al alcance de cualquiera. Y esto supone muchas ventajas, pero también una gran responsabilidad. Cualquiera con un ordenador, un móvil o una tablet tiene a su alcance la oportunidad de buscar compañero de coche para un viaje mientras elige hotel al otro lado del mundo, al mismo tiempo que lo coordina con ese familiar lejano.

Puede que al día siguiente busque empleo en su destino y mantenga una entrevista online desde su cómodo sofá. Y es probable que sus amistades más cercanas conozcan todo esto en tiempo real, y si hay suerte y el plan se cumple, verán qué come, dónde y con quién, o al menos algunas fotos descriptivas del nuevo paisaje.

El tiempo y el espacio son mucho más elásticos que nunca gracias a la evolución tecnológica implantada en la vida cotidiana. La libertad crece en la misma medida. Pero, ¿somos conscientes de la dimensión de nuestros movimientos? Un poco de cautela puede garantizar el éxito sin sobresaltos en este nuevo mundo de posibilidades a nuestro alcance:

  1. Varía la contraseña del móvil, la del ordenador y la del correo. Las de las redes sociales, las del trabajo y las de casa… Ese reto a la memoria es imprescindible. Hasta que un chip oculte la clave bajo tu piel o tu retina sea descifrada inequívocamente por cada lector, vas a tener que recordar todas mentalmente. No, no sirve apuntarlas.Tampoco conviene replicar la misma en todas partes. Ni es buena idea utilizar tu fecha de nacimiento, el nombre de tu mascota, la matrícula de tu coche o cualquier referencia tan sencilla como para que alguien con un poco de picardía sea capaz de adivinarla. Las contraseñas seguras son un requisito para tu tranquilidad online.
  2. Un sistema desactualizado es una llamada a la suerte accidentada. Los fabricantes de software también están interesados en proveernos de entornos seguros, y por eso es importante mantener al día los sistemas operativos, programas, apps…  Las últimas versiones siempre son más adecuadas que las antiguas, y maximizan la protección frente a sorpresas indeseables.Que se lo pregunten a los millones de personas que vieron cómo el famoso ransomware wannacry convertía la información de sus discos duros en iconos inútiles e irreparables.
  3. El antivirus también ayuda, y es más recomendable cuanto mayor sea tu nivel de actividad en internet. En el móvil y en el ordenador, un equipo protegido siempre vale por dos. Porque los atacantes maliciosos se especializan en hacer daño, es fundamental disponer de un arma defensiva también especializada en esquivarlos.Toda precaución es poca y, si puedes disponer de un segundo disco duro con copias de seguridad de esos documentos de extrema importancia, mucho mejor. No es necesario caer en la locura de las copias de copias, ni volver al papel. Pero un backup regular de lo valioso ayuda a vivir más tranquilo.
  4. La información es poder y no suele aparecer casualmente. Internet la ha hecho tan abundante, que el afán crítico es imprescindible. No es sensato dar la misma credibilidad a todas las fuentes, de la misma forma que en la vida real filtramos el origen de lo que adquirimos como conocimiento.Si no puedes sabes quién te informa, ni por qué, es probable que no puedas confiar en lo que te traslada. Contrastar y valorar ayuda a cribar los datos verdaderos y separarlos de la basura informativa, del rumor y del cotilleo incierto.
  5. La tentación de una wifi gratuita puede salir cara. Ese oasis de datos sin coste para que tú surfees es una nube en algún lugar que no conoces. Ni se sabe sobre el administrador, ni sobre los otros usuarios conectados: ni su identidad, ni sus intenciones.  Lamentablemente, hay un alto riesgo de robo de contraseñas, datos privados y de navegación.Si no puedes evitarlas, cuidado con lo que haces mientras las utilizas: esquiva las webs de entidades bancarias, y demás datos sensibles, y si borras los archivos temporales cuando desconectes, mucho mejor.
  6. ¿Cuánto se sabe de ti por tus redes sociales? No nos referimos a lo bonito de lo que comes, ese divertido gif animado, o tus dedos de los pies junto a la orilla. ¿Controlas lo que delatan tus publicaciones? A estas alturas, todos hemos aprendido que no conviene revelar nombre y apellidos, teléfonos, la matrícula de coche, ni la dirección de casa. Pero hay muchas otras cosas que dicen casi tanto sobre ti: los sitios que frecuentas en vacaciones, dónde y cuándo; las personas con las que te relacionas…Puede ser fácil saber cuándo no estás en casa, tu nivel económico, tus tendencias políticas y religiosas y tus rutinas. Más allá de pensar dos veces lo que publicas, hazte un favor y revisa las opciones de privacidad del sitio en el que lo haces.
  7. Es fascinante sacar a Internet todo el partido posible. La mayor parte de lo que usamos es gratis. ¿Pero seguro que lo es y no estamos pagando nada a cambio? La piratería está castigada incluso penalmente.Pero hay un castigo previo para nosotros, que nos exponemos ingenuamente a brechas de seguridad al consumir esos productos sospechosos (robo de datos, instalación de software malicioso), y otro para el propietario real que los vende a un precio y no podrá cobrar en esta ocasión. Como siempre, cuando un desconocido te regala un caramelo, mejor no lo cojas.
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