The Daily Prosper
Una retrospectiva de la cultura del fútbol en el mundo

Una retrospectiva de la cultura del fútbol en el mundo

El fútbol es pasión, deporte de masas, fenómeno social y negocio millonario, todo en uno. En la actualidad, el espectáculo que ofrecen una pelota, 22 jugadores y dos porterías se ha convertido en un termómetro de la sociedad, capaz de derribar fronteras y de tener en vilo a buena parte de la población cuando se celebran eventos como el Mundial de Rusia o la Champions.


Origen y evolución

Aunque sus comienzos se asocien a las Islas Británicas de mediados del siglo XIX, el conocido como deporte rey hunde sus raíces en celebraciones milenarias de diversas culturas. La evidencia más antigua que se conserva de un juego similar se remonta al siglo II a.C., en la China de la dinastía Han, cuando era utilizado como método de adiestramiento militar. También se guardan evidencias de prácticas similares en la antigua Grecia, Roma, Japón, Corea, Groenlandia, Oceanía, los pueblos del Amazonas… Desde sus inicios más rudimentarios, variantes primigenias del fútbol han estado presentes en los cinco continentes. Quizá esa sea una de las claves de su éxito actual.

A partir del siglo VIII, empiezan a surgir nuevas variedades que se practican en las diferentes regiones de las Islas Británicas. El “juego de pelota”, más adelante conocido como “fútbol de carnaval” (o el calcio en Florencia), todavía se basaba en una disputa violenta entre dos equipos por un balón, permitiendo jugar con las manos y los pies. En algunos casos, estas prácticas se vuelven tan populares que los reyes deciden prohibirlas, como Eduardo II en Inglaterra, Jaime I en Escocia o Carlos V en Francia. El número de jugadores era ilimitado y pueblos enteros luchaban contra otros con el fin de trasladar el balón hasta la meta contraria.

Y así llegamos al siglo XIX, con conjuntos de reglas en los que la fuerza iba dejando paso a la habilidad. Es en esa época cuando su práctica empieza a ser obligatoria en las escuelas británicas y se registran las primeras normas oficiales, unificando los distintos códigos de las islas.

En 1863, en la taberna Freemason’s de Londres, se estableció el conjunto de reglas del “fútbol asociación”, separándolo definitivamente del rugby. Había nacido un deporte pensado para fomentar la colaboración mutua, la capacidad de sacrificio y la subordinación del talento individual a la idea de equipo.


Emigrantes y soldados británicos fueron difundiendo este nuevo deporte por todo el mundo, y las primeras asociaciones de clubes de los distintos países fundaron las competiciones nacionales e internacionales. Así, el fútbol fue convirtiéndose a gran velocidad en el eventos deportivo más popular del mundo, sobre todo en Europa y Latinoamérica, donde se celebró el primer Mundial, el de Uruguay, en 1930.

Desde entonces, sólo las guerras mundiales han provocado la cancelación de un evento que hoy en día siguen más de 3.000 millones de personas por televisión. Sólo los Juegos Olímpicos están a su altura en cuanto a repercusión mundial.
 

Fenómeno social

El deporte rey no sólo es espectáculo de masas. Esa es su cara más visible, la de las estrellas que alzan títulos y los goles que llenan portadas de los periódicos, pero no ha llegado a ese estatus sólo por una cuestión de márketing. El fútbol ocupa ese lugar en la sociedad porque sirve como válvula de escape a los problemas cotidianos y aplaca el deseo de competir, cuya máxima expresión es la guerra. Lo dijo el escritor Paul Auster: “el fútbol es un milagro que permitió a Europa odiarse sin destruirse”.

Los futbolistas ocupan ahora el lugar reservado tradicionalmente a los guerreros y los dioses. Es lo que sostienen los autores de Héroes (ed. Mont Ventoux), libro que compara el papel en la cultura popular de las estrellas del balón y los superhéroes de cómic.
 

Una retrospectiva de la cultura del fútbol en el mundo

Los mitos clásicos ahora “son proyectados como ídolos del deporte y el espectáculo gracias a los medios de comunicación”. En otras palabras, el fútbol también es un relato, que tiene que ver con el afán de superación, la épica, el trabajo en equipo y cualidades individuales que a menudo nos parecen sobrehumanas.

Otra faceta importante a tener en cuenta es el vínculo emocional que se genera entre los aficionados de un equipo. Los colores, la bandera, los cánticos y rituales propios permiten a todo tipo de personas sentirse parte de una comunidad, integrarse en una familia informal con la que compartir experiencias. Todos, en mayor o menor medida, aunque no sigamos el día a día de las competiciones, nos identificamos con los valores o la imagen que transmite cada equipo. El fútbol puede trascender así las diferencias económicas, raciales, de género o nacionalidad, ofreciendo un sentimiento inclusivo universal, un cauce por el que promover valores educativos, hábitos de vida saludable y de juego limpio.

En las últimas décadas, en torno al fútbol se ha generado todo una industria del entretenimiento, un factor económico de gran impacto en algunos países. El balompié ha trascendido su naturaleza deportiva y se ha convertido en un elemento decisivo para la economía local, nacional y hasta continental en momentos clave, como la organización de un torneo o la victoria en un Mundial.

El optimismo derivado de la conquista de un título (o el pesimismo tras una inesperada derrota) puede tener consecuencias directas en el consumo y en la marcha de la economía. Su volumen de negocio no ha parado de crecer y, si fuera un país, sería la 17ª economía mundial, según un informe de la consultora Deloitte.

Evidentemente, el fútbol también tiene sus aspectos negativos. Su fuerte impacto social ha sido utilizado por distintos regímenes dictatoriales y gobiernos democráticos para “anestesiar” a la población y acallar sus legítimas reivindicaciones. Es tal su capacidad para unir bajo una misma bandera y eclipsar otras preocupaciones de la ciudadanía que ha sido señalado en numerosas ocasiones como “el opio del pueblo”.

Otro fenómeno preocupante ocurre cuando ejerce de vehículo de comportamientos violentos, tanto de los propios protagonistas en el campo como entre los hinchas de equipos rivales. Es algo que sigue sucediendo con cierta frecuencia y debería erradicarse cuanto antes.


En definitiva, el fútbol es mucho más que un deporte o un espectáculo masivo. Es una cultura que llega a todos los estamentos de la sociedad, que puede servir como portadora de progreso y fomentar valores fundamentales. Albert Camus, premio Nobel de Literatura, lo tenía claro: “después de muchos años en que el mundo me ha permitido variadas experiencias, lo que más sé, a la larga, acerca de moral y de las obligaciones de los hombres, se lo debo al fútbol”.