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Turismo del futuro en el espacio: ¿realidad o ficción?

Cada vez más compañías compiten por ofrecer viajes al espacio. Aunque los más optimistas dicen que será posible en 2018, aún hay que resolver cuestiones técnicas y gubernamentales.


“¿Vienes del espacio?” Le preguntó una vieja campesina al humanoide caído del cielo en la mañana del 12 de abril de 1961. “Ciertamente, sí” le respondió el cosmonauta soviético Yuri Gagarin, el primer hombre en contemplar la Tierra desde fuera. Había pasado 108 minutos orbitando con el propósito de demostrar que el ser humano era capaz de sobrevivir en ingravidez. Cuarenta años más tarde, en 2001, el millonario estadounidense Dennis Tito inauguró el turismo espacial al pasarse una semana en la Estación Espacial Internacional (EEI) a unos 330 kilómetros de la Tierra. Tras unos años de parón, varias empresas tecnológicas se han propuesto diseñar las vacaciones del futuro. Ofrecen viajes al espacio más o menos económicos para que casi cualquiera, sin necesidad de ser astronauta, pueda contemplar la Tierra desde fuera.

El turismo espacial ha pasado de ser una fuente de ingresos para las agencias gubernamentales a una oportunidad de negocio para empresas privadas, que compiten por ser las primeras en dar el salto. La empresa privada Virgin Galactic estima que empezará a enviar turistas al exterior a finales de 2018, según explicó su fundador Richard Branson a Bloomberg. El precio del pasaje cuesta bastante menos que el de los siete pioneros, alrededor de 250.000 euros. Aún es una cifra considerable, pero eso no ha desalentado a las más de 800 personas que ya se han apuntado.  ¿Qué les atrae tanto? “El espacio despierta mucha curiosidad entre el público, las empresas y los inversores, ya que permanece inexplorado y puede ser un gran descubrimiento a la vez que un gran negocio”, explica el científico titular del Instituto de Ciencias del Espacio de España IEEC-CSIC), Josep Ma. Trigo.
 

Próximo destino: el espacio

Quizá la diferencia de precio frente a los 30 millones de dólares de media (unos 25 millones de euros) que desembolsó cada uno de los primeros exploradores se puede explicar por la duración de sus viajes. Mientras los pioneros disfrutaron de entre ocho y quince días en la EEI, los nuevos turistas low cost tendrán derecho a unas pocas horas de vuelo suborbital hasta los 100 kilómetros de altura, la distancia considerada el límite de la atmósfera terrestre.

En el caso de Virgin Galactic, cada una de las naves, con seis pasajeros a bordo, va acoplada a un avión que despega como cualquier otro aeroplano y asciende hasta alcanzar la altura de 15.000 metros (los vuelos trasatlánticos se sitúan entre los 10.000 y 12.000 metros). Entonces, el habitáculo se suelta y, gracias a unos cohetes, es propulsado hasta alcanzar los 100 kilómetros aproximadamente. Allí, se paran motores para que, durante unos minutos, se experimente la ingravidez mientras se observa, de un lado, la Tierra y, del otro, el negro espacio exterior. Tras ello, los aprendices de astronauta vuelven a sus asientos para el descenso y el aterrizaje. Si te ha picado el gusanillo, sólo tienes que tener un buen estado de salud, rellenar este cuestionario y realizar el depósito de los 250.000 euros.

Si todavía no lo tienes claro, quizá puedas esperar a ver qué ofertan en un futuro otras compañías con experiencias extraterrestres aún sin fecha. Blue Origin, fundada por el creador de Amazon, Jeff Bezos, también apuesta por vuelos suborbitales. Su tecnología también consta de una nave-habitáculo donde viajan los turistas. A diferencia de Virgin Galactic, lo que la eleva en los primeros kilómetros es un cohete como los que estamos acostumbrados a ver en las misiones espaciales.

Otra alternativa es la compañía española Zero 2 Infinity. Ha desarrollado Bloon, una cápsula presurizada que se eleva hasta los 36 kilómetros de altitud con la ayuda de un gran globo de helio. Pese a que no se puede hablar de viaje espacial como tal -no sale de la atmósfera terrestre-, “sus seis ocupantes pueden observar la curvatura de la Tierra, la oscuridad del espacio y la delgada línea que los separa”, explica la responsable de comunicación de Zero 2 Infinity, Marta Lebrón. Según Lebrón, el tipo de viajes que proponen podrían estar al alcance de cualquiera: “El desplazamiento es muy calmado. Familias enteras podrían viajar en esta cápsula, no hay restricciones médicas. Sería como viajar en avión”. Ya trabajan con las autoridades de tráfico aéreo para poder volar.

Desde Bigelow Aerospace, en cambio, venden una vivencia espacial más completa: permanecer varios días en sus hoteles orbitales hinchables, todavía en fase de prototipo. Y aún va más allá la empresa Space X, que ofrece la oportunidad de ser uno de los primeros colonos de Marte. La fecha elegida para el desembarco es 2024, según especuló su fundador y creador de Paypal y Tesla, Elon Musk, durante el pasado International Astronautical Congress, celebrado en Adelaida (Australia) el pasado septiembre.
 

Abstenerse hipocondríacos

A los retos tecnológicos hay que sumar ciertos problemas derivados de lo extremo del ambiente y la falta de legislación.  “El espacio es un entorno sumamente hostil porque está bañado en radiación ionizante nociva si se producen estancias con exposiciones prolongadas”, cuenta Trigo. ¿Conoces las consecuencias que puedes sufrir al estar “expuesto” en el espacio? Algunas de estas partículas procedentes del Sol y de otras fuentes estelares tienen la energía suficiente para romper el ADN de nuestras células, lo que puede desencadenar mutaciones y cáncer. “Aunque ha habido progresos en el desarrollo de trajes espaciales y paredes aislantes para la mayoría de esas radiaciones, todavía queda mucho por hacer”, añade.

Tampoco hay que olvidarse de los riesgos inesperados del entorno.  No es descabellado que la nave impacte contra un meteorito o basura espacial e incluso que surja cualquier contratiempo durante las maniobras, como el que causó el accidente que sufrió una nave de la compañía Virgin Space durante un vuelo experimental en 2014.

¿Y qué sucede con el ámbito legal? ¿Te has preguntado qué pasaría si se comete un crimen en el interior de una nave de turistas fuera de la Tierra? ¿Y si chocara con algún satélite comercial? En el espacio exterior todavía no hay una ley que cumplir, ni una autoridad ante la que responder. "El problema de la creación de una normativa espacial es que no existe un organismo supranacional que esté habilitado para hacerlo”, cuenta el abogado especialista en nuevas tecnologías de Abanlex, Pablo Fernández Burgueño, en declaraciones a Expansión.

Pese a todo, “el principal escollo para desarrollar este tipo de proyectos espaciales es la inversión porque las impulsoras son empresas privadas”, cuenta Lebrón. Todo lo demás se irá solventando porque, explica, “lo importante es que todo el mundo vea la Tierra desde el espacio para que experimente el cambio que ya han vivido muchos astronautas: desde allí, nuestro planeta se ve frágil y sin fronteras, lo que despierta un sentimiento de protección hacia él”.

Por Elvira del Pozo