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Robótica educativa: el futuro de la ingeniería en las aulas

Robótica educativa: el futuro de la ingeniería en las aulas

Vivimos en una sociedad en la que la tecnología ocupa un papel fundamental.  Recurrimos a ella a diario en multitud de tareas, pero sabemos muy poco sobre su funcionamiento y cuáles son los procesos detrás de su creación. La robótica educativa, cada vez más implantada desde primaria hasta la educación universitaria, está ayudando a cambiar el paradigma. Para que los ciudadanos del futuro tengan la posibilidad y la libertad de crear, modificar y diseñar herramientas que promuevan el progreso y la igualdad, es necesario que dejen de ser usuarios para convertirse también en creadores.


Los robots llevan cerca de un siglo conviviendo con nosotros, primero como protagonistas de la ciencia-ficción y, desde hace unos décadas, como los mejores aliados posibles para ayudarnos a resolver problemas cada vez más complejos. Estas máquinas programables y versátiles son una herramienta pedagógica transversal para la enseñanza de lo que se conoce como STEAM (acrónimo en inglés de Ciencia, Tecnología, Ingeniería, Arte y Matemáticas), porque centra los esfuerzos en la aplicación práctica de conocimientos teóricos, enfocados siempre a la resolución de problemas tecnológicos desde la creatividad.

Según el Foro Económico Mundial, en cinco años más de una tercera parte de las destrezas -conocimientos y habilidades, o skills- que se requieren habrán cambiado. Las que más demanda tendrán en 2020 son, entre otras, la solución de problemas complejos, el pensamiento crítico, la coordinación con otros y la flexibilidad cognitiva. Todas estas competencias requerirán mentes más analíticas e innovadoras, adaptadas a los nuevos contextos y desafíos que plantea el mundo en el que vivimos. Y el que está por venir. Estas habilidades son precisamente algunas de las que potencia la robótica educativa, desarrollada inicialmente en el ámbito de las actividades extraescolares, pero cada vez más cerca de implantarse como asignatura del currículo oficial, como en el caso de la Comunidad de Madrid, donde se imparte Tecnología, Programación y Robótica en Educación Secundaria para potenciar los aprendizajes y destrezas de los alumnos en la era digital.

Existen diversos sistemas que ayudan a estudiantes y profesores a profundizar en la materia. El más extendido es Lego WeDo 2.0, que permite construir hasta doce modelos distintos con las clásicas piezas de Lego, varios sensores y un motor que se conecta a sus ordenadores o tablets. Esto permite a los alumnos programar el comportamiento de sus creaciones con una herramienta extremadamente simple, fácil y divertida, gracias a un lenguaje de programación desarrollado por el MIT llamado Scratch, que funciona con conceptos visuales dirigidos por eventos.

"La mejor manera de aprender es construyendo por uno mismo"

En niveles más avanzados, Arduino es la respuesta perfecta para las necesidades educativas de secundaria: un ecosistema abierto que aúna hardware y software para la creación de objetos interactivos. Con él se pueden acometer tareas más complejas, y es un recurso educativo flexible desarrollado por una comunidad mundial en creciente expansión, inspirado en la filosofía de la cultura libre y el conocimiento compartido. Su influencia ha llegado hasta tal punto que ha contribuido al origen del Movimiento Maker, una extensión de la cultura del hazlo-tú-mismo centrada sobre todo en la impresión 3D, la robótica y la electrónica.

La pedagogía que promueve la robótica sirve además para desarrollar otras muchas competencias transversales como el trabajo en equipo, el cuidado del material, el liderazgo, el espíritu emprendedor, la creatividad o la gestión del error y la frustración. Trabajar la tecnología en el aula permite a los niños desarrollar las habilidades y conocimientos que requiere el mundo actual. Ya sea por su componente lúdico o por la atracción que genera la tecnología entre los jóvenes, su uso supone una motivación extra para el alumno. Eso genera una oportunidad de aprendizaje ideal para poner en marcha cambios metodológicos e innovadores en la educación. En este sentido, el énfasis en el STEAM en puede servir como un laboratorio de cambio, a través del que iniciar y desarrollar una evolución del sistema educativo que tanto familias como docentes llevan reclamando desde hace tiempo.

La mejor manera de aprender es construyendo por uno mismo, enfrentándote a retos como los que plantea la robótica, la programación y la impresión 3D. ¿Qué es lo que quiero crear? ¿Qué propósito va a cumplir? ¿Qué pasos hay que dar para llevarlo a cabo? El proceso ayuda a aprender desde dentro cómo funciona la tecnología y perder el miedo a crearla. Probar, estudiar, compartir y mejorar la tecnología beneficia a la comunidad, pero también a toda la humanidad, porque potencia la innovación, que es la base necesaria para implementar avances en áreas tan fundamentales como la sanidad, la arquitectura o el cuidado del medio ambiente.

En educación, herramientas como la impresión 3D están permitiendo tangibilizar la realidad y pasar de un aprendizaje abstracto, que empieza por necesidad en la imaginación, a un aprendizaje concreto, en el que se parte de lo tangible. La mejor manera de entender el impacto de este tipo de aprendizaje es con ejemplos como el de dos estudiantes de la escuela El Turó de Montcada i Reixac, en Barcelona. Dirigidos por su profesor de informática, Guillem Marqués y Ulises Madurell, de 11 años, diseñaron una prótesis biónica para ayudar a una de sus compañeras, que nació sin la mano derecha, a mejorar sus condiciones de vida. Con proyectos como este, cada vez más frecuentes en el colegio, los niños descubren que a través de la tecnología, compartida y accesible desde cualquier parte del mundo, son capaces de ayudar y mejorar las condiciones de vida de alguien concreto.

En un mundo que avanza a toda velocidad es necesario que las nuevas generaciones desarrollen cuanto antes sus capacidades en el terreno tecnológico. Son ellos los que están destinados a implementar los cambios necesarios para una sociedad más igualitaria, más justa, mejor. Su interés casi innato en la materia y su potencial creativo suponen un punto de partida idóneo para entrar, definitivamente, en un siglo XXI cargado de futuro.