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Nuevas tecnologías para reinventar antiguos negocios

Nuevas tecnologías para reinventar antiguos negocios

Estos tiempos de rápida revolución tecnológica y de exaltación de la vida digital frente a los antiguos usos pueden llevar a pensar en la tecnificación del futuro, en un vistazo rápido. Sin embargo, un estudio más profundo nos sorprende con la vuelta a ese perpetuo devenir de la metafísica, que nos recuerda que vivimos en continua transformación, que más que en el futuro conviene centrarse en el presente, y que nuestro entorno cambia sin cesar porque esa es su naturaleza.


Las empresas no son menos. En la medida en que reflejan nuestras formas de vivir y de consumir, y al mismo tiempo se presentan como grandes productos de nuestra vida social, no pueden permanecer inalterables, y generalmente, si no se adaptan, se retraen y desaparecen. Algunas pueden alardear de maestría y celeridad en este cambio, como Nokia, que primero se reinventó para fabricar teléfonos móviles y después para dejar de hacerlo, siguiendo el ritmo del mercado y de la sociedad en cada momento.

También Samsung reorganizó su actividad en torno a las televisiones y fue virando ágilmente hacia el entorno digital. Otras no corrieron tanta suerte, como Kodak, que no supo aprovechar su posición dominante en el mercado de la fotografía, y se vino abajo como el carrete tradicional.

Las escuelas de negocios repasan tanto grandes casos de éxito como de fracaso. Las estrategias se estudian, se analizan y se copian. Pero más allá de la gran empresa y de lo vistoso del emporio creciente o decreciente, el mundo está lleno de historias corrientes que discretamente se instalan en lo cotidiano y que, realmente, sientan las bases de la verdadera evolución.

La transformación de la empresa tradicional a veces pasa desapercibida. Se necesita una mirada con cierta perspectiva para descubrir la sencillez con la que la innovación tecnológica se ha instalado silenciosamente en los negocios de toda la vida.
 

El ‘súper’

La gestión electrónica de suministros es invisible para el consumidor, que sin embargo disfruta de sus beneficios. Cuanto más pequeño es el espacio del establecimiento, más importante es la gestión del stock. La tecnología tiene aquí un papel protagonista, y permite controlar toda la cadena de suministro, permitiendo una planificación ajustada a la realidad.

Una pequeña inversión en software ayuda a satisfacer al cliente minimizando esas ocasiones en las que se marcha de la tienda sin poder encontrar aquello que buscaba pero se agotó. Al mismo tiempo, provee al empresario de una valiosa información sobre los hábitos de consumo de su clientela que retroalimenta su capacidad de satisfacerlo eficazmente.
 

El bar de siempre

También disfruta de la gestión electrónica de suministros. Pero además sus límites geográficos se desdibujan gracias a las empresas de reparto a domicilio. Cualquiera puede pedir comida desde el ordenador, la tablet o el móvil, y no moverse de casa, o de donde se encuentre en ese momento. En coche, en moto o en bicicleta, cientos de repartidores cruzan las ciudades entregando platos a clientes que nunca acudirían al establecimiento.

La geolocalización aquí juega un papel muy importante, y permite que la oferta del punto hostelero se extienda hasta donde la demanda pueda permitir, y hasta donde sea capaz de transportar la mercancía caliente. Siempre y cuando, eso sí, el éxito no vaya más allá de su capacidad de suministro.
 

El cartero

El volumen del correo ordinario que circula cada día se ha reducido considerablemente. Más allá de la correspondencia comercial, y de algún certificado, poca carta viaja por el mundo. El tradicional carrito ya no da de sí para los envíos actuales, que más bien tienen forma de paquete que de sobre. La pequeña paquetería, desde empresas, y entre particulares, copa la correspondencia actual.

El receptor disfruta de la comodidad de seguir desde su teléfono móvil los movimientos de la mercancía desde el momento en que sale del punto de emisión, y le ayuda a encontrarse en el lugar y el momento adecuado para la recepción. La mensajería también triunfa frente al correo. Y para los más avanzados, los terminales automatizados permiten recoger las mercancías sin necesidad de llaves ni de nada más que un móvil.
 

Los ‘street food markets’

La tecnología llega hasta el negocio más humilde, o más deslocalizado. ¿Quién dijo que la venta ambulante obliga al pago en efectivo? Nada de moverse con la caja de caudales a cuestas, que siempre supone un riesgo. Un pequeño dispositivo puede convertir un simple móvil en un terminal de venta, permitiendo el pago electrónico y brindando al cobrador una información detallada directamente en el propio móvil. No hay barreras.
 

Otras profesiones tradicionales

Son muy diversos los negocios que pueden disfrutar de las ventajas de la impresión 3D. Gozan de popularidad las prótesis para implantes dentales y quirúrgicos. Permiten un trabajo totalmente personalizado, sin rechazos y sin fallos de diseño. Los más visionarios ya piensan en la creación de piezas orgánicas, incluso.

Lejos de la sanidad, oficios tan aparentemente lejanos entre sí como la pastelería y la joyería comparten un gran beneficio, que es el de reservar el trabajo creativo para lo que realmente lo requiere. Cuando no aporta nada, la máquina lo hace. Así es posible crear piezas idénticas de forma rápida y masiva, y sin desperdiciar una pizca de materia prima. Para bocetos, prototipos, piezas en serie…

Por supuesto, más allá de estos oficios, las industrias más acostumbradas a trabajar en serie, como la automovilística, o la de los electrodomésticos, tienen aquí un gran aliado.