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Nacimiento e historia de la novela gráfica

Nacimiento e historia de la novela gráfica

Hace tiempo que el cómic dejó de ser considerado un arte menor. Ahora se codea en las librerías y en las listas de libros más vendidos con las últimas novedades literarias. En gran parte, esta evolución se ha producido gracias al boom de las novelas gráficas, un formato de edición pensado para el público adulto. Así, los superhéroes han ido dejando paso a otros géneros como el relato autobiográfico, la crónica periodística o las adaptaciones de clásicos de la literatura.


Cómo surgió este género

El término novela gráfica se empezó a aplicar a finales de los años 70, cuando las editoriales se dieron cuenta de las posibilidades comerciales de ensanchar las fronteras de los tebeos. ¿El objetivo? Llegar a otros públicos y competir de tú a tú con la novela. Históricamente relacionado con los lectores infantiles y juveniles, el cómic consiguió dar un paso de gigante en esos años, gracias a obras como El contrato con Dios, de Will Eisner, que él mismo bautizó como la primera novela gráfica.

Eisner, con una larga trayectoria como historietista gracias a personajes populares como The Spirit, tenía como objetivo "editar un cómic que, en las tiendas de libros, se expusiera en el departamento de novela y no en el de entretenimiento y libros infantiles". Y lo consiguió, aunque el reconocimiento le llegaría mucho más tarde. Su trilogía, bajo el título común El contrato con Dios, narraba la lucha diaria de los habitantes de un barrio de la periferia de Nueva York por salir adelante en un entorno de pobreza.

El Contrato de Dios

Aun así, los orígenes de este fenómeno editorial y su definición siguen siendo fuentes de discusión. La poetisa y experta en historieta Ana Merino, autora del reciente libro 10 ensayos para pensar el cómic (Eolas Ediciones), afirma que las editoriales aprovecharon el término novela gráfica “para abrirse a lectores que no fueran necesariamente asiduos compradores de cómics. Está ligado al público adulto y busca una unidad temática marcada. Las primeras novelas gráficas no se pensaron como piezas cerradas, sino que formaron parte de proyectos seriados”.

Maus

Esas primeras incursiones en el nuevo formato incluyen obras como Maus, de Art Spiegelman, que empezó a publicarse en la revista Raw en 1980 y se completó en 1991. Un año después, editado ya como tomo integral, se convirtió en el primer y único cómic en recibir el Premio Pulitzer. Spiegelman narra en Maus la compleja relación con su padre, superviviente del Holocausto, y las vivencias de éste en la Auschwitz, utilizando animales como protagonistas de una fábula demasiado real: los ratones representan a los judíos, los gatos a los alemanes, los cerdos a los polacos…  Gracias al uso de novedosos recursos expresivos y a su capacidad para emocionar al lector, Maus es un punto de partida fundamental para adentrarse en la novela gráfica, formato decisivo para acercar el cómic al gran público.
 

Variedad de géneros

Como la novela, el cine y cualquier otro arte narrativo, en la novela gráfica hay distintos géneros, unidades temáticas más o menos diferenciadas en las que se pueden clasificar las distintas obras. Aquí repasamos los más representativos del formato y sus títulos de referencia, una guía breve para adentrarse en el fascinante mundo de la historieta.

Superhéroes

Los clásicos tebeos de Marvel y DC se adaptaron rápidamente al nuevo formato. Y en gran parte fue gracias a que, a mediados de los 80, los británicos Alan Moore y Dave Gibbons publicaron Watchmen. Con la guerra fría como trasfondo, el cómic está ambientado en una realidad alternativa en la que Nixon sigue siendo presidente de los EEUU y la actividad de los superhéroes ha sido declarada ilegal.

Además de aportar originales soluciones narrativas a través del dibujo y la composición de las viñetas, Moore se encargó de desmitificar la figura de los vigilantes (así se refiere el guionista a los superhéroes). Watchmen supuso la consagración del autor, uno de los más influyentes de la novela gráfica, con títulos como V de Vendetta, Batman: la broma asesina o La liga de los hombres extraordinarios. Otro gran referente del género es Frank Miller, gracias a sus aproximaciones a personajes clásicos de DC como Elektra, Batman o Daredevil, y a propuestas más personales que traspasan fronteras genéricas, como Sin City o 300.

No ficción o novela histórica

Si el periodismo en viñetas tiene un padre, ese es Joe Sacco. El escritor y dibujante de origen maltés publicó a mediados de los años 90 Palestina: en la franja de Gaza, una serie a medio camino entre el cómic underground y la crónica periodística en la que narra sus experiencias en los territorios palestinos. En una entrevista publicada por El País, explicaba lo que aporta el noveno arte al relato: “El cómic tiene una fuerza que no tiene ninguna otra forma de reportaje. Sus imágenes repetidas enfocan la realidad de manera más lenta, a veces silenciosa, a veces con bocadillos, y trabajan en la mente del lector que puede elegir su ritmo”. Otros de sus trabajos más representativos son Gorazde: zona protegida e Historias de Bosnia.

El canadiense Guy Delisle es el otro gran tótem del género, gracias a sus cómics-reportaje sobre sus andanzas en Asia y Oriente Medio, siempre con un toque de humor: Shenzhen, Pyongyang y Crónicas birmanas son tres de sus tomos más destacados.

Persépolis

Autobiográfica

Maus sigue siendo la gran referencia, pero hay otras obras imprescindibles. Autoras como Marjane Satrapi o Alison Bechdel han convertido en viñetas momentos decisivos de sus propias vidas. En Persépolis, Satrapi narra cómo su infancia y adolescencia se vieron afectadas por la llegada del fundamentalismo islamista a Irán, los años separados de su familia en Europa y su vuelta al Irán de los ayatolás. Por su parte, Bechdel trazó en Fun Home. Una familia tragicómica las complejidades de las relaciones familiares, la homosexualidad reprimida de su padre y el descubrimiento de su propia sexualidad, distinta a la de la mayoría de niñas de su colegio.

El Castillo

Adaptaciones literarias

Dentro del fenómeno editorial que vive la novela gráfica, la tendencia más reciente es la adaptación de grandes clásicos de la literatura al arte secuencial. Aquí cabría destacar las versiones en cómic de El proceso y El castillo, ambas obra de David Zane Mairowitz y Chantal Montellier. La pareja creativa consigue convertir las narraciones de Franz Kafka en dibujos capaces de transmitir toda la angustia y el aliento existencialista del escritor checo. Otros éxitos recientes son las biografías de grandes literatos, como en Los últimos días de Stefan Zweig, Gabo, memorias de una vida mágica o La huella de Lorca.

Vapor

La novela gráfica española

Según apunta Ana Merino, “hay una tensión interesante entre el proyecto editorial que recopila en forma de libros series formidables como Paracuellos de Carlos Giménez, o proyectos que se pensaron como novela gráfica. Un buen ejemplo sería Vapor, de Max

Blacksad

Hay muchos momentos decisivos, pero en el caso español, con la Transición llegó la mayoría de edad del cómic y nuevas apuestas estéticas para los lectores adultos”. Paco Roca, nuestro historietista más reputado de los últimos años, con obras maestras como Arrugas, adaptada posteriormente al cine, o Los surcos del azar, o el dúo formado por el guionista Juan Díaz Canales y el dibujante Juanjo Guarnido, autores de esa genialidad del género negro que es Blacksad, son buenos ejemplos del excelente estado de forma del cómic español.