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Los motores de la sociedad del futuro: el caso Angélica Inés Partida

Los motores de la sociedad del futuro: el caso Angélica Inés Partida

La medicina, la exploración espacial, la aeronáutica, la biología... cada rama de la ciencia se ha nutrido durante décadas, a veces durante siglos, de la inspiración y el trabajo de quienes quisieron ir más allá de lo evidente desafiando los conocimientos establecidos para franquear nuevos límites y permitir el desarrollo de la humanidad. 


A veces, más que el hecho en sí, lo que importa es iniciar un nuevo camino que explorar mediante el método científico, que rige cada aspecto de la investigación sea cual sea el ámbito. Es la base del avance y la que permite, por ejemplo, que cada día conozcamos más nuestro entorno, incluso aquel que ya parecía habernos ofrecido todas sus claves. O que la medicina avance hacia la curación de enfermedades mortales; o de que el hombre, conquistada la Luna, ya piense en la manera de poner un pie en Marte y más allá.

Pueden parecer objetivos utópicos pero aunque algunos se pinten a muy largo plazo, cada paso en esa dirección es una victoria del ser humano sobre el desconocimiento. Pero cada pequeña conquista exige tiempo, recursos y dinero.
 

Mucho por mejorar en cuanto a financiación

A la hora de valorar el mimo con el que una administración contempla la investigación científica hay varias claves a tener en cuenta. La más obvia es la del presupuesto. En España la cifra es buena: en 2016, año en el que el Instituto Nacional de Estadística (INE) ofreció las últimos cifras, la tasa de inversión respecto al PIB se situaba en el 1,19%. 

Es la cantidad más reducida desde 2010, cuando nuestro país alcanzó el 1,4%, su tope histórico. Desde entonces la tendencia siempre ha sido a la baja y lejano al de países de nuestro entorno: Francia y Alemania tienen tasas del 2,25% y del 2,94%, y la media de la UE es del 2,03%.

De hecho, y según datos de la Fundación Cotec para la Innovación, mientras los países de la UE han elevado su gasto total en I+D en un 27,4% durante el período 2009-2016, España lo ha reducido el 9,1%. Según la entidad, "de las cinco grandes economías de Europa, España es la única que no ha recuperado los niveles de ejecución de gasto en I+D del sector público ni del empresarial previos a la crisis". 

El dinero no lo es todo pero la ecuación es clara: a más medios, más oportunidades. Y ahí surge otro de los problemas para los investigadores españoles: la escasez de proyectos en España que obliga a emigrar a muchos científicos: según datos del INE, afecta al 10% de los investigadores españoles.

Y con una tragedia añadida: su experiencia tampoco les facilita volver, aunque quieran: el último informe Innovacef 2017 elaborado por la Universidad a Distancia de Madrid (Udima) dice que más del 73% de investigadores expatriados volverían de tener oportunidad, aunque solo el 2,2% esté seguro de que eso suceda. 
 

La apuesta de Banco Santander

En todo esto influye la economía pero también, y esto es menos obvio, la legalidad. Asociaciones científicas apuntan, cada vez con mayor frecuencia, a que las cuestiones políticas acaban frustrando contrataciones debido a que hay centros oficiales cuya burocracia acaba siendo un obstáculo para los nuevos fichajes o para mantener al personal que ya trabaja en proyectos vitales; además, se aduce una precariedad laboral constante.

La financiación privada es la salvaguarda en estos casos. Y es que las empresas sostienen la otra pata del banco de la investigación. En 2016, y según el Informe Cotec, 10.325 empresas dedicaban recursos al sector en España, 300 más que en 2015. Su inversión subió un 3%, si bien en términos absolutos y pese a la tendencia al alza, aún se mueve en cifras muy inferiores a la inversión previa a los años más duros de la crisis económica.

Aun en ese contexto, el esfuerzo de las empresas se percibe en proyectos como los de Banco Santander. La entidad destinó el pasado año más de 20 millones de euros a iniciativas de investigación. Además, conscientes de la dificultad actual de incorporar al mercado laboral a jóvenes con un gran talento científico, ha firmado este mismo año un acuerdo de colaboración con la Fundación General CSIC.

Entre las líneas maestras del convenio se halla el programa ComFuturo, un mecanismo destinado a "retener en el sistema español de ciencia y tecnología el mejor talento joven investigador, que afronte con garantías de éxito y a través de la innovación los retos de la sociedad". La entidad destinará a este y otros fines 1.500.000 euros.

El presidente de Santander Universidades, Matías Rodríguez Inciarte, ensalzó el compromiso de la entidad con "el desarrollo y la prosperidad de nuestras sociedades" ya que, según argumentó, es una inversión con un "altísimo contenido estratégico y social para el futuro sostenible de nuestro país”. "Invertir en educación, en ciencia y en transferencia de conocimiento es invertir en futuro”, concluyó.

Los números señalan a Banco Santander como la empresa que más invierte en apoyo a la educación en el mundo, según el Informe Varkey/UNESCO–Fortune 500. A través de Santander Universidades mantiene más de 1.200 acuerdos de colaboración con centros educativos e instituciones académicas y de investigación de una veintena de países y, a través de la red Universia, agrupa a más de 1.300 instituciones académicas iberoamericanas.
 

Becas para favorecer el desarrollo del talento

A veces este tipo de ayudas parecen abstractas. De ahí que poner cara a quien puede beneficiarse de ellas resulte necesario para conocer hasta qué punto la carrera de un joven con talento puede quedar en el aire si en un momento determinado no recibe un pequeño empujón. El caso de Angélica Partida Hanon (Zapopan, Jalisco, 1989) responde a este perfil: una persona con un indudable talento que se define como una "apasionada de la ciencia y entusiasmada por entender cómo y por qué funcionan las cosas".

Tal es así que, con solo 15 años, esta mexicana fue capaz de ser ingeniera industrial; posteriormente obtuvo la ingeniería telemática y, ya en España, un Máster en Bioquímica, Biología Molecular y Biomedicina por la Universidad Complutense de Madrid. Se puede pensar que con semejante expediente las puertas están siempre abiertas pero en su caso ella misma narra cómo "por falta de medios económicos sólo me dedicaba a trabajar para poder mantenerme, sin tiempo para estudiar".

Actualmente Angélica cursa un doctorado mientras "estudia moléculas biológicas y sus interacciones a escala atómica por Resonancia Magnética Nuclear en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas". Es una tarea que, cuenta, "se puede aplicar para el desarrollo de fármacos o describir por qué sobreviene una enfermedad".

El que Angélica dedique su tiempo a labores científicas se debe a su perseverancia y a la ayuda de instituciones como el Santander, que la concedió una de las 300.000 becas para estudiantes, profesores e investigadores de distintos ámbitos que se han otorgado desde 2005. Esta ayuda le ha permitido "el privilegio de dedicarme a algo que me apasiona y poder formarme como doctora en Bioquímica, Biología Molecular y Biomedicina", narra.

Su caso también es muy especial porque arrastra una discapacidad a la que ha sido capaz de sobreponerse para alcanzar la excelencia académica. Su esfuerzo ha sido reconocido no solo por estas becas sino por los prestigiosos galardones ‘Premio Roosevelt Mujer con discapacidad a un brillante expediente académico’. "Cada persona es distinta en sus circunstancias y posibilidades", cuenta, "aunque para mí fue muy importante estar centrada en lo que quería hacer o en qué dirección ir, siempre siendo realistas", cuenta.

Hoy, al margen de su labor como investigadora y sus estudios de doctorado, Angélica mantiene un blog en el que hace más accesibles al gran público los temas en los que trabaja y donde muestra su talento en una notable colección de ilustraciones científicas elaboradas por ella misma. Son detalles que ejemplifican el cómo con un poco de respaldo, los mejores talentos pueden desarrollar su potencial, para beneficio de la sociedad y para construir el futuro