The Daily Prosper
La tecnología, un salvavidas ante desastres naturales

La tecnología, un salvavidas ante desastres naturales

El cambio climático es innegable. Sus efectos, cada día más notables y devastadores, se han cuadruplicado en estos últimos ocho lustros. Según señala Naciones Unidas, en la última década, las catástrofes naturales han originado 700.000 muertes y han costado 1.7 trillones de dólares. Lo que ha encendido todas las alarmas y ha hecho que se comiencen a adoptar medidas urgentes para paliar sus efectos a nivel global. Y, como no podía ser de otra manera, la tecnología más innovadora se pone a su servicio.


El pasado 2016 fue el peor de los últimos seis años, desde una perspectiva humana y económica, debido a desastres naturales. La actividad volcánica, los terremotos, las sequías (el problema más acuciante de nuestro país), los incendios forestales, las inundaciones,..., cada vez se producen con más frecuencia a lo largo de todo el planeta. Lo que ha hecho que el cambio climático cobre protagonismo en la agenda internacional.

Analistas, geólogos, climatólogos,..., expertos de todo tipo están trabajando para minimizar las consecuencias de estas catástrofes. Pero no están solos. Los últimos avances tecnológicos se unen a ellos. Por un lado, la optimización más precisa de los instrumentos de medición están mejorando, como nunca antes se había visto, la evaluación de los riesgos. El intercambio de información, las alertas tempranas, así como la mejora de la ingeniería en los planes urbanísticos están consiguiendo paliar los efectos devastadores de la naturaleza. Por otro, convirtiéndose en una ayuda al alcance de la población, facilitando las labores humanitarias una vez acontecido el episodio.
 

I-REACT: la respuesta europea

Esta plataforma  nace con un objetivo muy claro, ser la respuesta más eficiente ante emergencias naturales en el continente. Como punto integrador de las tecnologías europeas vanguardistas, recaba la información más precisa y la analiza en tiempo real.

Gracias a los datos recogidos de nueve países, veinte socios y doce empresas, así como toda la información aportada por drones y satélites, y un material tecnológico de última generación, el I-REACT permite reaccionar ante episodios provocados por desastres naturales de la forma más efectiva posible.

La información proveniente de incidentes pasados, informes a tiempo real, pronósticos del tiempo y datos de satélites generan mapas precisos y conectados para la predicción de desastres. Tras el episodio, la respuesta de la I-REACT se centra en drones, teléfonos móviles, dispositivos de geolocalización y gafas de realidad aumentada que reciben y transmiten información desde la zona afectada al centro de emergencias.

Pero la tecnología más puntera no es su única aliada. Las redes sociales también se erigen como un pilar básico de su proyecto. Gracias a una aplicación, la plataforma alerta masivamente a la ciudadanía con instrucciones en tiempo real sobre qué hacer ante la catástrofe que está sucediendo.

"Si no frenamos el cambio climático,  la tecnología pretende conseguir que,  al menos, paliemos sus consecuencias"

"Si no frenamos el cambio climático, la tecnología pretende conseguir que, al menos, paliemos sus consecuencias"

Redes sociales y móviles, la mejor ayuda

La Unión Europea no ha sido la única en utilizar las redes sociales como medio de difusión ante un desastre natural. De hecho, estas plataformas sociales se han convertido en un medio esencial de comunicación y una fuente de información en las etapas posteriores a una crisis.

Tras el terremoto de Haití y el tsunami de Japón, éstas se convirtieron en herramientas básicas para la población superviviente. Apoyadas por información de geolocalización, inteligencia artificial y mapas en línea, ampliaron el significado de los mensajes hasta darles un valor incalculable que salva vidas.

Y es que el móvil puede convertirse en nuestro mejor aliado ante un desastre natural. El programa Trilogy Emergency Relief Application (Tera) es una aplicación de mensajes de texto en masa que la Cruz Roja está implementando en más de 40 países, tras su éxito en Haití. Esta tecnología identifica los móviles en una zona específica y les envía mensajes masivos con información básica sobre dónde hay servicios médicos o agua potable.

Al mismo tiempo, el proyecto Tera facilita a las víctimas indicar el lugar en el que están y qué necesitan con urgencia. También permite conocer dónde se encuentran personas desaparecidas cuya señal de móvil es percibida. Información básica toda ella ante los derrumbes producidos por esta clase de episodios.
 

La conectividad salva vidas

De hecho, estas experiencias han demostrado que la conectividad es tan fundamental tras una situación de desastre, que los esfuerzos se están dirigiendo hacia aplicaciones que restablezcan las comunicaciones después del mismo. Google va a la cabeza, con su proyecto Loon, que pretende conectar lugares de difícil acceso a través de globos de gran altitud.

Pero hay muchas más. Dispositivos del tamaño de una caja que ofrecen conexión, cargadores de móviles en masa, algo esencial en campamentos de refugiados, o linternas alimentadas por energía solar y conectadas a cargadores, para todo tipo de dispositivos, son algunos ejemplos.

La conectividad es tan importante como el oxígeno que respiramos. Y si ésta falla, también lo hará cualquier proyecto basada en ella. Por este motivo, la innovación se dirige también hacia el desarrollo tecnológico que permita que los móviles se comuniquen directamente entre sí, incluso cuando no haya cobertura porque la red se haya caído, algo muy frecuente tras una catástrofe.

En este sentido, el proyecto Serval es una aplicación que permite a los móviles comunicarse entre ellos sin necesidad de cobertura. A través de una red de usuarios, conocida como “red de malla”, éstos pueden llamar, enviar mensajes y archivos a otros que se encuentren próximos a ellos.

Porque muchas veces, un mensaje o una señal en el móvil pueden marcar la diferencia entre la vida y la muerte tras un desastre natural.