The Daily Prosper
El futuro de la movilidad comienza hoy, en pocos años no haremos falta al volante y quizá ni nos movamos en coche.

La movilidad del futuro ya está aquí

El futuro de la movilidad comienza hoy, en pocos años no haremos falta al volante y quizá ni nos movamos en coche.


Si tienes entre 30 y 40 años seguramente recuerdes haber visto de pequeño Regreso al futuro II en el cine o la televisión. Recordarás, también, el futuro que nos vendió tanto esta como otras tantas películas de ciencia ficción de la época: condensadores de fluzo, coches voladores que prácticamente eran aeronaves personales… Y también serás consciente que aquel lejano 21 de octubre de 2015 al que viajaban Marty y Doc ya ha quedado atrás… y que nada de lo que predijeron se ha cumplido. Pero, ¿y si te dijéramos que simplemente vamos tarde en la programación? ¿Qué a lo largo de tu vida verás (y quién sabe si llegarás a conducir) coches voladores?

Puede que hablemos de medio o largo plazo, pero lo cierto es que hoy en día estamos inmersos en el germen del cambio, el comienzo de una nueva era de la movilidad que, en menos de lo que esperamos, será totalmente diferente a la actual. Vehículos 100% autónomos eran apenas un sueño hace unos pocos años, pero ya los vemos en nuestras calles y la tecnología necesaria para convertirlos en la norma está en pleno desarrollo siguiendo una hoja de ruta claramente definida.
 

Dentro de poco ni harás falta

Echa un vistazo a cualquier anuncio de coches que veas: raro será que no destaque como una de sus características más importantes algún tipo de tecnología autónoma por la que pueda tomar el control en una situación determinada. Todos los fabricantes están volcados en ello, Tesla a la cabeza con el halo inconfundible del pionero, pero también Nissan con su ProPilot, Ford con la tecnología LIDAR...

Estamos, como quien dice, en los albores de la conducción autónoma, pero los vehículos solo tienen que pasar por cinco niveles para permitir que estés a otras cosas durante todo el trayecto:

Nivel 1: solo contempla el empleo de asistentes de conducción (cambio de carril, frenada automática...).

Nivel 2: el coche es capaz de conducir por sí mismo en escenarios controlados (una autopista, por ejemplo).

Nivel 3: ya puede monitorizar el entorno y responder ante imprevistos.

Nivel 4: el piloto empieza a ser prescindible, aunque puede ser necesaria su intervención en ciertas situaciones de emergencia.

Nivel 5: ya está, ni volante ni pedales. Habla con el coche, dile dónde quieres ir y disfruta del viaje.

Lógicamente, para llegar a ello los vehículos necesitan apoyo, por un lado, entre ellos y, por otro, del entorno en el que se mueven, lo que en términos técnicos es la comunicación coche a coche y coche a infraestructura, más conocidos por sus siglas en inglés V2V y V2I. Las redes 5G, que envían y reciben información en intervalos de menos de 10 milisegundos, ya hacen posible que la actualización de datos sea prácticamente instantánea, lo que permitirá que los coches sepan cuando arrancar ante un semáforo, cuando se ha producido un accidente para así tomar una ruta alternativa, cuando un vehículo va a frenar para evitar un choque… la fluidez será total y los atascos cosa del pasado.


Llegan los coches con alas

¿Recuerdas los automóviles voladores? Pues vuelve a ellos, porque actualmente hay una cantidad enorme de empresas trabajando en esta línea, hasta tal punto que ya hay prototipos incluso realizando vuelos de prueba. Eso sí, hay que cambiar el enfoque que tenían las películas ochenteras, puesto que los formatos que se están barajando se alejan bastante del cliché de “coche con propulsores”. Aeromobil 3.0, Vahana o Lilium-Jet son compañías inmersas en el proceso y cada una tiene una visión personal de cómo deben ser: desde híbrido con ruedas y alas a modelos con ala extensibles, pasando por una corriente que adapta la tecnología de los drones a un mayor tamaño.

Precisamente esta última emplea el Volocopter, que ha sido adquirida por el Grupo Daimler (al que pertenecen, entre otros, Mercedes o Smart). Su objetivo está muy bien definido y tiene un plazo más corto de lo que se podría esperar: para 2022 quiere convertirlo en una flota que actuará como taxis autónomos en determinadas ciudades.

De Madrid a Barcelona en 30 minutos

Y aunque el ser humano siempre ha alzado la vista al cielo, puede que para ver llegar a nuestro futuro haya que bajar la mirada al suelo o, concretamente, incluso debajo de él. Aquí la revolución tiene nombre propio: Hyperloop.

Un grupo de estudiantes de la Universidad Politécnica de Valencia fundó en 2016 la empresa Zeleros, con la que ganó el Santander YUZZ Valencia 2017, y está involucrado en este proyecto que busca revolucionar el transporte por tierra. El sistema se basa en el envío de cápsulas que viajen por túneles a velocidades de entre 300 y 1.000 kilómetros por hora, levitando gracias a la atracción magnética, minimizando el roce, y empleando una turbina situada en el frontal que absorbe el aire que encuentra, expulsándolo por la parte trasera y consiguiendo así impulso.

David Pistoni, parte del equipo, apunta que las expectativas son altas: “Se trata de un medio de transporte que combina la accesibilidad del tren con la velocidad del avión y, todo esto, con energías limpias y un consumo energético muy bajo. Podríamos viajar desde Madrid a Barcelona en unos 30 minutos y sin hacer largas colas o desplazamientos hasta el aeropuerto”. Y concluye que, como objetivo último, “podríamos imaginar Hyperloop como una extensa red de metro donde, en lugar de conectar diversas partes de la ciudad, conectamos múltiples ciudades y países en cuestión de minutos”.


DESPIECE: Nunca te pierdas en interiores

¿Cuántas veces has vagado por un centro comercial hasta que has encontrado la tienda que buscabas? ¿Cuántas has dado paseos por un parking subterráneo en busca de tu coche? Sorprende que a estas alturas y con lo avanzada que está la tecnología de posicionamiento en exteriores (el GPS es tu mejor amigo cada vez que vas a un lugar desconocido, y lo sabes), no sea así cuando estamos bajo techo. El principal problema es que se pierde la señal, además de que el margen de error de entre 8 y 10 metros es demasiado amplio para un espacio cerrado.

La solución la ha encontrado la empresa gallega Situm, fundada por Adrián Canedo, ganador del Santander Yuzz Jóvenes con Ideas de la edición de 2014. Pensando en cómo poder guiar a cualquier individuo dentro de edificios, crearon un nuevo sistema que combina la señal wifi, pequeñas balizas y los campos magnéticos para ofrecer un posicionamiento mucho más preciso (su margen de error es de un metro). Gregory Botanes, Managing Director de la empresa, apunta que su uso “mejora la calidad de vida del individuo y le ahorra tiempo” y que su objetivo es “facilitar a cualquier persona un posicionamiento de interior de alta precisión sin coste”.