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Investigación y desarrollo: el futuro de cada vez más estudiantes

Investigación y desarrollo: el futuro de cada vez más estudiantes

La formación y el desarrollo siempre han ido de la mano y en los últimos tiempos, todavía más. La concepción exclusivamente teórica del conocimiento ha dado paso a un pensamiento práctico y comprometido, que busca involucrarse en la sociedad y contribuir a mejorarla.


Hoy, la Universidad no es un club de sabios encerrados en una burbuja: es una entidad dinámica que quiere participar de forma activa en la vida económica y social. Y la forma de hacerlo es potenciar lo mejor de lo que disponen: el capital humano, y encauzarlo donde mejores resultados puede obtener: la investigación y el desarrollo.

Este es uno de los principios que inspiraron en su día la Declaración de Bolonia, suscrita por la Unión Europea en 1999. El plan, que obligó a reformar en profundidad el sistema universitario español, reconocía el papel de la Universidad como motor económico y social y se marcó como objetivo central la adaptación de la enseñanza superior a las nuevas necesidades sociales y, tomando como base esos principios de Bolonia, el rol de la Universidad como centro impulsor de innovación ha adquirido un protagonismo reforzado.
 

Universidad y economía: el reto del I+D

En la sociedad del conocimiento, marcada por el desarrollo tecnológico, el papel de las universidades está siendo fundamental. Las instituciones universitarias españolas se han convertido en catalizadoras de la innovación, hasta el punto de que el 30% del gasto en I+D está vinculado a estos centros. Otros datos significativos: el 50 % de los investigadores en I+D proviene de la universidad y el 80 % de los estudios publicados en revistas científicas tienen su origen en centros universitarios.

Son datos del informe La Transferencia de I+D, la innovación y el emprendimiento en las universidades iberoamericanas, publicado en 2015, que demuestran el protagonismo que está cobrando la Universidad en la formación y capacitación de nuevos profesionales del sector tecnológico.

El aprovechamiento de ese potencial investigador se ha transformado en convenios de colaboración con las empresas que suelen resultar opciones muy interesantes de desarrollo profesional para los estudiantes. El conjunto de la economía española se gastó el año pasado (en 2017) 13.260 millones de euros en I+D, 88 millones más que en el ejercicio precedente. La buena noticia es que el sector privado elevó un 3% su inversión en I+D.
 

Estudiantes emprendedores, universidad emprendedora

El esfuerzo de trabajo de las Instituciones Universitarias ha dado paso a un nuevo concepto, la “universidad emprendedora” que, además de trabajar en investigación, está ejerciendo un papel impulsor de nuevas iniciativas empresariales. Esta nueva línea de actuación responde a una realidad tangible: según un estudio del Centro Internacional Santander Emprendimiento y la Red Emprendia, el 56 % de los estudiantes españoles están interesados en crear su propio negocio.

Para ayudar a estos futuros emprendedores las universidades españolas y las asociaciones de empresarios han creado programas específicos. Cada universidad tiene su propio programa, por ejemplo, la Complutense de Madrid cuenta con una oficina para los emprendedores; en la Universidad Rey Juan Carlos también hay un programa de asesoramiento y en la Universidad de Granada existe la denominada Ruta Emprendedora, que empieza con el desarrollo de una idea y acaba con la finalización y puesta en marcha de la misma.
 

­Desarrollo regional y local

Las comunidades más innovadoras y desarrolladas siempre tienen detrás una universidad. Esa influencia positiva no se refiere únicamente a la puesta en marcha de grandes proyectos de I+D; las universidades tienen también un impacto directo a nivel local y a escala doméstica. Allá donde se instalan, generan un movimiento humano y económico positivo que destaca por:

  • Su influencia sobre la economía local: las universidades crean puestos de trabajo y originan una circulación de capital que abarca y beneficia a distintos sectores. Al margen de los ingresos derivados de matrículas, la actividad estudiantil aporta alquileres y favorece los negocios de ocio y restauración.
     
  • Su influencia sobre el tejido social: la presencia de una universidad aporta cambios en la estructura social del lugar donde se ubican. Eso se recibe especialmente en las localidades que atraen a estudiantes extranjeros (programas Erasmus). La presencia de estos jóvenes y del conjunto del profesorado ejercen un efecto dinamizador y contribuye a crear un ambiente moderno y cosmopolita.

Universidad y sociedad: educar en valores

Junto a las actividades de promoción económica vinculadas a las universidades, los centros de enseñanza están ejerciendo también un destacado papel social. Por tradición, las facultades y escuelas universitarias han sido un germen de cambio y la tendencia no ha variado. En la actualidad, uno de los principales elementos de preocupación es la búsqueda de un modelo económico sostenible, que trabaje los valores de la solidaridad y que apueste por la creación de una sociedad más justa y equitativa.

La cohesión social y el desarrollo de una economía inteligente son el eje del Pacto Mundial por el Desarrollo Sostenible elaborado por Naciones Unidas en 2015. El acuerdo pretende fortalecer los derechos humanos, sociales y medioambientales y hace hincapié en la necesidad de reforzar estos conceptos desde las instituciones, incluida la Universidad. En este sentido, los centros de educación superior se convierten de nuevo en instrumentos sociales de referencia, desde los que se pueden transmitir a los jóvenes unos valores de respeto y solidaridad.

Un ejemplo de esta voluntad de compromiso es la CRUE Universidades Españolas, una asociación sin ánimo de lucro formada por 50 universidades públicas y 26 privadas. La entidad tiene como objetivo contribuir a un progreso social mediante la mejora de la educación y la investigación.

Otro organismo que trabaja en el mismo sentido es la Fundación CYD (Conocimiento y Desarrollo), que pretende impulsar el papel de las universidades en el desarrollo social y económico del país. La fundación agrupa a grandes grupos económicos e instituciones y quiere ampliar vínculos entre la universidad y la empresa.
 

Voluntariado universitario

Una muestra clara de la voluntad de servicio de las universidades son los programas de voluntariado y la participación en proyectos solidarios. Según el V Estudio sobre Voluntariado Universitario de la Fundación Mutua Madrileña, el 72 % de las universidades españolas cuenta con alumnos involucrados en actividades solidarias.

La mayor parte de esas actuaciones se localizan en España, pero también existe un interés creciente por la cooperación internacional, fundamentalmente con Latinoamérica.

El sector que mayor interés despierta entre los estudiantes es el de la infancia y a continuación se sitúan los colectivos en riesgo de exclusión social y los grupos con discapacidad.