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Inteligencia emocional: siente con la cabeza

Inteligencia emocional: siente con la cabeza

Hay aptitudes que nos conducen al éxito que esperamos aunque solo una nos hará brillar. Hablamos de la inteligencia emocional.


A ser empático uno aprende, no se nace con esa cualidad, sino que uno se educa para ello. Hay diversas maneras para conseguirlo y además son más sencillas de lo que pensamos. No resulta complicado ponerlas en marcha y los beneficios que conseguimos son altos. ¿Estás dispuesto a despertar tu inteligencia emocional?

 

El poder de la escucha activa

Según el Laboratorio de Neurociencia Social Cognitiva y Afectiva de la Universidad de Harvard, en el 60% de nuestras conversaciones sólo hablamos de nosotros mismos, y cuando otros nos hablan, nuestra mente está ocupada pensando qué contestar.  Sin embargo, practicar la escucha es una de las cualidades que tienen las personas que trabajan su inteligencia emocional, porque esto se trabaja, no es un don, todos podemos hacerlo y hay métodos para ello.  Por ejemplo,  pensar en la respuesta que vamos a dar a la persona con la que estamos hablando una vez que haya terminado de hablar y  tomarnos un tiempo justo después de haberla escuchado para pensar nuestra respuesta.

Otra fórmula que también funciona es la de parafrasear lo que hemos oído para que la persona con la que estamos hablando vea que hemos prestado atención a sus palabras. Y  lo más importante, recuerda resistir el impulso de interrumpir, una conversación no es un ataque, no tenemos que defendernos.

Muchas veces nuestros gestos o posiciones dicen más que las palabras que pronunciamos. El lenguaje no verbal ofrece más información de lo que imaginamos y es algo que debemos cuidar, tanto para ser un buen orador como para ser un buen oyente. Practicar la escucha activa también requiere controlar nuestro cuerpo. Debemos inclinarnos levemente hacia adelante, hacer contacto visual y dar asentimiento ocasional para que el orador vea que estamos interesados en lo que nos cuenta. No cruzaremos los brazos ni tampoco debemos cubrirnos el rostro con las manos.

Lo bueno de practicar la escucha activa, es que nos hace más atrayentes y las personas se mostrarán mucho más abiertas hacia nosotros, rompiendo las barreras, sintiendo que pueden confiar.

 

" El lenguaje no verbal ofrece más información de lo que imaginamos"

Si adiós a los prejuicios

Por regla general, nos relacionamos con personas afines a nuestras ideas y desechamos a los que piensan diferente. Pero con esta actitud lo que estamos haciendo es empobrecernos, no salimos de nuestra zona de confort por miedo  y nos inventamos una serie de prejuicios sobre lo que es diferente a lo que nosotros somos, que nos impide ver otros puntos de vista imprescindibles para crecer. Hay un ejercicio que nos puede ayudar mucho y que es conocer a alguien diferente a nosotros y mantener una conversación utilizando la escucha activa. Es más que probable que al final descubras que no son tantas las diferencias que hay entre los dos, que su visión de la vida resulta interesante.

 

Más autocontrol para afrontar el día a día

Enfadarnos no nos conduce a ningún lado. Cuanto más demostramos nuestra cólera, más razones nos creamos para defender ese sentimiento. Benjamin Franklin decía que: “siempre hay razones para estar enfadados, pero éstas rara vez son buenas” La cuestión es saber distinguirlas.  Entonces, ¿cómo debemos comportarnos ante el enfado? O mejor aún, ¿qué podemos hacer para no enfadarnos? La respuesta es autocontrol,  la habilidad de dominarse a uno mismo.  El autocontrol emocional nos hace ser más competentes socialmente, más emprendedores y más capaces de afrontar las frustraciones de la vida.

Pero lo peor es que en ocasiones ese enfado incontrolable nos produce tristeza, un estado negativo que no tiene por qué ser siempre malo. Por ejemplo, es bueno cuando nos obliga a rehacernos una recomposición emocional, como puede ser el caso de una ruptura sentimental: al principio estás triste, pero poco a poco ese sentimiento se va desvaneciendo para que nuevas ilusiones, quehaceres, o amistades ocupen el lugar en el que reinaba la melancolía. Pero la tristeza “mala”, la que no podemos permitirnos, es la que conduce a la depresión, que perjudica la salud mental y física de quien la sufre. De entre todas las medidas, formas e incluso medicamentos que hay para tratar las depresiones, la más poderosa es la terapia cognitiva para modificar pautas de pensamiento. Lo que podemos llamar educación emocional que enseña al paciente a relativizar los pensamientos que le llevaron al lado oscuro de la vida.

"El autocontrol emocional nos hace ser más competentes socialmente"

Cuando tratamos de controlar los impulsos, cuando regulamos los estados de ánimo, cuando nos motivamos a nosotros mismos, estamos creando la herramienta más potente que hay para hacer frente a los contratiempos que la vida trae, demostrando el gran poder de las emociones como guías que determinan la eficacia de nuestros esfuerzos.