The Daily Prosper
Festivales de verano: el negocio de la música

Festivales de verano: el negocio de la música

La temporada primavera-verano es la época por excelencia de los cada vez más numerosos festivales a lo largo y ancho de nuestra geografía. Con cifras astronómicas de asistencia y un impacto económico de cientos de millones de euros, suponen un reclamo turístico para las ciudades que los acogen, cada vez más conscientes en el plano de la sostenibilidad ecológica y el respeto del entorno en que se desarrollan.


En los próximos meses se van a celebrar en España cerca de 150 festivales de música (al año, más de 800). Se espera que la próxima temporada 2018 sea “la más importante que se ha registrado en los últimos años en términos de asistencia, por encima del 90% en los festivales de mayor tamaño”, asegura Iñaki Gaztelumendi, presidente de Spain Live Music –Asociación de Turismo Musical de España–, en declaraciones a Efetur.

Solo los diez primeros festivales más grandes de España tienen un impacto en las ciudades que los acogen superior a los 400 millones de euros. Impacto que conlleva el gasto en hoteles, apartamentos o compras diversas de los más de 1,6 millones de asistentes, según datos de las empresas del sector.

El atractivo es evidente. Ofrecen la posibilidad de disfrutar durante varios días de la mejor música en directo: bandas de gran nivel junto a nuevos talentos por descubrir y una mezcla de estilos musicales, recintos cada vez más cuidados y con más servicios (por ejemplo, gastronómicos), en entornos privilegiados, ya sean urbanos o de costa. Hay opciones para todos los gustos (y bolsillos).
 

Los festivales más multitudinarios

Arenal Sound (Burriana, Castellón): 300.000 asistentes en la pasada edición.

Rototom Sunsplash (Benicàssim, Castellón). El festival de reggae, que este año celebra su 25 edición, atrajo en 2017 a 220.000 asistentes.

El clásico FIB, también en Benicàssim, reunió el año pasado a 177.000 personas.

Sin movernos de la Comunidad Valenciana, el Low Cost, en Benidorm (Alicante), con 80.000 asistentes, tuvo un impacto en la ciudad de 14 millones de euros.

El relativamente nuevo (quinta edición) Medusa Festival, en Cullera, batió el año pasado su record de asistencia con 165.000 espectadores, y fue el que más recaudó en la provincia de Valencia: cerca de 22 millones de euros.

En Barcelona, dos festivales ya canónicos: Primavera Sound, con una asistencia de 200.000 personas, y Sónar que espera superar en esta 25 edición la cifra récord de 123.000 asistentes.

Madrid viene pisando fuerte en organización de estos eventos y ha recuperado terreno. Mad Cool congregó a 135.000 asistentes en 2017, su tercera edición, mientras que, en su debut en la escena festivalera, Download superó los 100.000 asistentes.

El norte tampoco se queda atrás en lo que a festivales se refiere. Dos de los más grandes tienen lugar en esas latitudes: Bilbao BBK Live y Sonorama Ribera (Aranda de Duero) batieron sus propios récords en 2017, superando los 100.000 asistentes cada uno. Sonorama con 20 años de historia, ha sido reconocido como Mejor Festival de Gran Formato en la última entrega de los Premios Fest.  

En el sur, Dreambeach Villaricos (Almería), con 175.000 espectadores, completa la lista de festivales más multitudinarios, junto al Viña Rock de Villarobledo (Albacete), que cerró su 21 edición (abril 2018) con una asistencia de más de 200.000 personas, según la empresa organizadora. De acuerdo al consistorio de la localidad, ha supuesto un impacto económico en Villarrobledo y provincia superior a los 20 millones de euros.
 

Las cifras del negocio

Los festivales generan un impacto económico millonario en las zonas en que los acogen y sostienen la música en directo en España, algo de vital importancia, teniendo en cuenta que las actuaciones en vivo y no la venta de discos es ya hoy la principal fuente de ingresos para los músicos.

Según los datos de la Asociación de Promotores Musicales (APM), en 2017, la música en vivo facturó 269,2 millones de euros, un 20,6% más que en el año anterior. Muchos de los festivales logran récords históricos de asistencia. “Las cifras demuestran que el ecosistema de festivales vive un crecimiento progresivo y sostenible en los últimos años, vinculado sobre todo a un cambio cultural”, indica Albert Salmerón, presidente de APM. Sin embargo, la proliferación de festivales lleva a algunos promotores a plantear el fenómeno en términos de burbuja.

Los festivales se han convertido en un reclamo turístico de primer orden. Que la feria de turismo más importante de España haya presentado este año la sección Fitur Festivales es sintomático del interés de administraciones públicas, promotores y empresas turísticas por explotar que los festivales sean un factor de decisión para los turistas en la organización de sus viajes.

La Agencia Valenciana de Turismo ha creado la plataforma Musix Festivals que aglutina distintos aspectos (compra de entradas, alojamientos…) en relación con estos eventos que, como reporta, aportaron 128,8 millones de euros. Asimismo, la Diputación de Castellón, la provincia con varios de los más multitudinarios, lanzó la campaña ‘Castellón tierra de festivales’ con la que aspira a superar, según sus cifras, los 100 millones de euros de impacto económico.
 

Festivales sostenibles

El impacto medioambiental, así como los desperfectos y molestias que puedan generar en el entorno en el que se celebran, son las grandes preocupaciones que concitan. Hoy son más conscientes en aspectos como la eficiencia energética y en reducir los residuos que generan, con medidas que favorecen un consumo responsable, además de optar por vasos reutilizables.

Hay varios ejemplos, Primavera Sound fomenta el uso del transporte público con bonos y descuentos y la creación de un parking vigilado para bicicletas, además la mayoría de los materiales impresos se realizan con papel reciclado. Junto a lo anterior, Rototom promueve iniciativas como la implantación de Led en varios de sus espacios y paneles solares y el agua de las duchas es reutilizada para las cisternas de los aseos, que le han hecho merecedor en varias ocasiones del Greener Festival Award, como uno de los festivales más sostenibles de Europa.

Asimismo, en 2010 fue reconocido por la UNESCO como Acontecimiento Emblemático del Decenio Internacional para una Cultura de Paz y No Violencia. La celebración en recintos alejados y la implantación de controles de seguridad minimizan las molestias que estos eventos pudieran causar.

Por Sara Puerto