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¿Estamos cada vez más cerca de la inmortalidad?

¿Estamos cada vez más cerca de la inmortalidad?

Los avances científicos y tecnológicos de los últimos años han llevado a algunos adelantados a pensar que podemos vencer a la muerte. ¿Cómo lo haremos? ¿Qué pasará en una sociedad de seres inmortales?


Uno de los grandes sueños del ser humano es el de vencer a la muerte. Son numerosos los ejemplos, desde los mitológicos a los literarios, de personajes que han buscado derrotar a la Parca y jugar a ser Dios. Hoy en día, cada vez más líneas de investigación pretenden alargar la vida a límites hasta ahora insospechados. ¿Tendrá alguna consecuencia, como en las antiguas leyendas o en las modernas novelas de ciencia-ficción?

Desde hace unos años se ha empezado a hablar cada vez más insistentemente de transhumanismo. Es una teoría según la cual los avances tecnológicos y científicos nos permitirán vencer las limitaciones de nuestro cuerpo. En teoría, ya somos transhumanos: llevamos gafas, implantes para la sordera, marcapasos, etc. Además, la posibilidad de curación de enfermedades gracias a la edición genética está empezando a ser una realidad.          

Sin embargo, el objetivo del transhumanismo va más allá: alcanzar la posthumanidad, un estado en el cual el ser humano es el que controla su propio destino y vence los problemas de la vida física.

En este sentido, el cuerpo puede pasar a ser únicamente un accesorio: algunos de los transhumanistas más famosos, como el multimillonario ruso Dmitry Itskov, plantea que acabaremos registrando nuestra conciencia en un soporte digital para poder trasladarla a diferentes avatares. Según este visionario, es algo que conseguiremos en una fecha tan temprana como 2045. Por eso, ha bautizado su ambicioso proyecto con esta cifra.
 

Arrancarnos el 'gen de la muerte'

Otra de las gurús de la inmortalidad es Cynthia Kenyon, bióloga molecular y vicepresidenta de Investigaciones del Envejecimiento de Calico, apuesta biotecnológica de Google (Sergey Brin, uno de los fundadores del buscador, es otro de los magnates que más invierte en esta búsqueda del 'Santo Grial').

En 1981, Kenyon descubrió los mecanismos reparadores del ADN. En 1993 dobló la duración de la vida de la especie de gusano C. Elegans al mutar un solo gen, llamado 'el gen de la muerte'. Sus investigaciones han logrado alargar la vida de animales en laboratorio en más de un 30 por ciento.

Con gen o sin gen, hay especímenes que parecen tener unas propiedades que los hacen especiales en la carrera de la vida, desde el llamado oso de agua, que puede sobrevivir en las condiciones más extremas, hasta el ajolote, la langosta o el ratopín rasurado. Este último, una especie de roedor que vive en el Cuerno de África, fascina a los científicos porque no padece cánceres. Recientemente, se ha descubierto que por mucho que vivan no envejecen: su riesgo de morir es el mismo ya tenga cuatro años o veinte, algo que en el ser humano se multiplica conforme saltamos de década.

Otros investigadores han optado por saltarse los pasos e investigar directamente en su cuerpo. Como la estadounidense Elizabeht Parrish, directora ejecutiva de la start-up Bioviva. Hace dos años anunció que se había sometido a un tratamiento de terapia génica que rejuveneció sus células en dos décadas. Para evitar la dura regulación de la agencia del medicamento de EEUU, la FDA, viajó hasta Colombia para someterse al experimento.

El tratamiento consistió en inyecciones de material genético que permitían alargar los telómeros, regiones de ADN en los extremos de los cromosomas cuya longitud se ha relacionado con el envejecimiento celular. Parrish se sometió al experimento con 44 años, por lo que habrá que esperar unas décadas para comprobar el éxito de su terapia.
 

Vivir más de mil años

Quien acapara todas las citas y portadas en cuanto a transhumanismo se refiere es, sin embargo, una persona de imagen y nombre exóticos: Aubrey de Grey, con su larga barba, parece más bien un personaje de La liga de los hombres extraordinarios que un científico.

Este gerontólogo dirige la SENS Foundation Research, institución que investiga sobre los problemas asociados al envejecimiento con una perspectiva más amplia que la del próximo tratamiento contra el Alzhéimer o el cáncer, enfermedades que el propio De Grey afirma que no se van a curar porque simplemente son manifestaciones de la edad: degradación neuronal o genética.

Sin embargo, confía ciegamente en que la medicina será capaz de reparar los daños del cuerpo y afirma que es más probable que vivamos mil años que 200 o 300 cuando esto se consiga. De Grey también es cofundador de la Methuselah Foundation (Fundación Matusalén, en honor al personaje bíblico que llegó a vivir casi mil años) junto a Paul F. Glenn, magnate de los fondos de capital riesgo tecnológicos Cycad Group.
 

Respaldo científico

Para Antonio Diéguez, catedrático de Lógica y Filosofía de la Ciencia de la Universidad de Málaga y autor del libro Transhumanismo. La búsqueda tecnológica del mejoramiento humano, estos proyectos, aunque “no carecen por completo de base racional”, necesitan de un respaldo científico que hoy por hoy no está tan claro.

Por ejemplo, la posibilidad de trasladar la conciencia de cuerpo a cuerpo. “La noción de mente y de conciencia que subyace a este tipo de afirmaciones es bastante discutible”, comenta. “Se concibe la mente como una especie de software que puede ser trasladado a diferentes hardwares y seguir funcionando con normalidad”, algo que está “lejos de ser evidente”.
 

Pero... ¿podremos vivir tanto? 

La esperanza de vida ha aumentado enormemente en el siglo XX. En España, por ejemplo, en 1919, cuando se creó el primer sistema público de pensiones y se fijó la edad de jubilación en 65 años, la esperanza de vida no llegaba a los 50 años.

Ahora está en los 83 y solo Japón nos supera en longevidad. Pero hay que tener en cuenta que este aumento se debe sobre todo a la reducción de la mortalidad infantil. Eliminando ese factor, el aumento de la longevidad en un siglo ha sido de unos 20 años, que no está nada mal.

Por otro lado, según un estudio demográfico en 40 países realizado por el Albert Einstein College de Nueva York, si bien cada vez más gente supera los 100 años, la vida parece haber llegado a su tope a los 122 años. Esa fue la edad con la que murió la persona más longeva que ha existido, Jeanne Calment. Esta mujer francesa falleció en 1997. Veinte años después, nadie la ha superado a pesar del aumento del número de individuos centenarios.
 

¿Qué haremos cuando seamos inmortales?

Antonio Diéguez se muestra crítico con el mundo utópico con que los gurús del transhumanismo venden sus ideas. ¿Cuándo se jubilaría una persona que tenga una esperanza de vida superior a, digamos, 300 años? “Obviamente ningún sistema de bienestar está preparado para algo así”. Añade: “No solo tendríamos que seguir trabajando muchos más años, sino que habría que tomar controles de natalidad sumamente estrictos” y “tendríamos que cambiar cada cierto tiempo de profesión, porque no parece que el mismo trabajo pueda satisfacer durante centenares de años”.

Para él la idea de una sociedad de seres inmortales es “una distopía, en suma, poco reconfortante”. No tiene claro que se resolvieran los males del ser humano: “Los transhumanistas tienden a pensar que los problemas sociales tendrán soluciones tecnológicas; son, por tanto, promotores más o menos involuntarios de una sociedad tecnocrática en la que queda poco espacio para la deliberación política de cuestiones centrales”.

Se intuye además una brecha social. “El acceso a estas tecnologías de biomejoramiento o de ciborgización estará restringido a las personas que puedan permitírselo económicamente”. Y concluye: “Es muy dudoso que la sociedad pudiera ofrecer oportunidades adecuadas a todos los individuos mejorados tecnológicamente. No todos pueden ser intelectuales, escritores de éxito o grandes artistas, deportistas o científicos. El nivel de frustración personal podría ser muy grande”.

Es posible que, como dice Aubrey de Grey, ya haya nacido la persona que viva más de mil años. Lo que no está claro es en qué tipo de sociedad va a vivir su extensa vida.

Marcos Domínguez