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Día de la Madre: el papel de la maternidad en el siglo XXI

Día de la Madre: el papel de la maternidad en el siglo XXI

Madres perfectas, imperfectas, malasmadres, hipermadres, madres helicóptero, madres tigre… Son muchas las etiquetas que se ponen a las mujeres que han decidido traer una criatura al mundo. Mujeres que muchas veces se sienten solas y sobre todo juzgadas en la tarea de cuidar y educar de los hijos, cuando una cosa está clara: existen tantas experiencias válidas de la maternidad como mujeres que pasan por ello. O no, pues no ser madre en el siglo XXI también es una opción.


Ser madre te cambia la vida. Cambian tus prioridades, la forma de ocupar el (escaso) tiempo de ocio, la vida en pareja, la vida social. Impacta en la economía familiar y, de forma especialmente drástica para la mujer, en el desarrollo de su carrera profesional. Ni siquiera es necesario que una se haya formado esa imagen mental edulcorada de la maternidad, en la que todo es perfecto, sencillo y los hijos son poco menos que cándidas criaturitas angelicales. Incluso si no se ha llegado a idealizar qué iba a ocurrir después del parto, el impacto con la realidad –el cansancio casi crónico, la inseguridad, la preocupación por estar haciéndolo bien…– puede ser abrumador.

¿Cómo no sentirse abrumada ante la responsabilidad de cuidar de un bebé, que te necesita absolutamente para todo las 24 horas del día, los siete días de la semana, los 365 días del año? ¿De velar por la salud, el bienestar, el desarrollo emocional y la educación de un niño a lo largo de todas las etapas de su crecimiento? Y ello sin descuidar las actividades cotidianas ni dejar de cumplir en el trabajo. Aceptar que no se puede llegar a todo, que en algún momento nos vamos a equivocar y no pasa nada, es una de las claves para afrontar la maternidad como la hermosa aventura que es, no pese a todo lo anterior, sino precisamente por ello.

Día de la Madre: el papel de la maternidad en el siglo XXI

"Las expectativas sobre la mujer rara vez han sido tan altas e irrealizables"

En la actualidad asistimos a una desmitificación de la maternidad, en el sentido de terminar con esas expectativas inalcanzables, con los cientos de normas sobre cómo ser la madre perfecta que impone la sociedad. La generación del siglo XXI está rompiendo con ese tabú que era hasta ahora hablar de ser madre desde una óptica que no fuera color de rosa. Hay tantas formas válidas de ser madre como mujeres quieran/puedan serlo (y de sentirse al respecto, aunque esos sentimientos sean de confusión o tristeza) e incluso no serlo, pues la maternidad, no como opción sino como imposición social es algo que empieza a ser más propio de otro tiempo que del presente.

Para combatir ese sentimiento de ser una mala madre que surge cuando una se ve incapaz de cumplir con esas exigencias en torno a la maternidad nació precisamente el Club de las Malasmadres, creado por la publicista Laura Baena para “romper con el mito de la madre perfecta y sacudirnos esa presión social que nos viene impuesta. Es lo que sentí yo al convertirme en madre y lo que sentían muchas mujeres”.

En su web recoge aportaciones como la de la psicóloga Maribel Gámez: “Las expectativas sobre la mujer rara vez han sido tan altas e irrealizables como las que nos encontramos hoy. Se nos pide ser a la vez una mujer trabajadora, una madre incansable, un ama de casa eficiente y una esposa siempre arreglada y en forma. Y todo eso ella sola, sin ayuda” y añade “atender bien a tu hijo un día puntual no convierte a una mujer en buena madre ni equivocarse un día en una mala”.

La soledad con que las mujeres enfrentan la maternidad es muchas veces el origen de esa percepción de sentirse sobrepasada. La filósofa Carolina del Olmo reflexiona en su libro ¿Dónde está mi tribu? sobre esta soledad que resulta del estilo de vida urbano, la distancia con la familia y la falta de referentes con hijos, pues no siempre se tiene cerca a otras madres. Plantea que para criar a un niño hace falta una tribu, que puede o no ser la familia.

Día de la Madre: el papel de la maternidad en el siglo XXI

"Atender bien a tu hijo un día puntual no convierte a una mujer en buena madre ni equivocarse un día en una mala"

Una versión actualizada de los grupos tradicionales de crianza son las agrupaciones de madres que se apoyan unas a las otras, que se pueden formar a través de internet o en espacios físicos, como el centro de salud o la escuela. Son cada vez más frecuentes, en línea con el reconocimiento de la cantidad de dudas que se plantean durante la maternidad, tantas como dogmas la complican.

La periodista especializada en temas de educación Eva Millet habla de una tendencia a la sobreprotección de los hijos en su libro Hiperpaternidad, que recoge esos paradigmas de la madre (o padre) tigre, un estilo educativo orientado al éxito escolar y profesional, o helicóptero, que planifica todas las actividades del niño y afrontan con angustia los problemas o fracasos que le puedan surgir. Vivimos en una sociedad cada vez más competitiva, movida por las prisas y la incertidumbre respecto al futuro y eso condiciona la educación de los hijos.

La conciliación es una de las mayores dificultades que se encuentran hoy las madres. A diferencia del pasado, cuando se daba por hecho que abandonarían sus carreras para cuidar de la progenie, hoy día las mujeres no quieren verse forzadas a elegir entre la maternidad y su carrera. La reducción de jornada o el trabajo autónomo son con frecuencia las salidas a una situación que afecta fundamentalmente a las madres. La corresponsabilidad en las tareas del hogar, jornadas flexibles o la racionalización de los horarios son aspectos que pueden ayudar a conseguir una conciliación real, de forma que la maternidad, en pleno siglo XXI, no suponga un freno para el desarrollo laboral de las mujeres.

Otro tabú que empezamos a derribar es el de hablar abiertamente acerca de la voluntad de no ser madres, o mejor dicho dejar hablar a las mujeres que se inclinan por esta opción, sin juzgarlas. En No madres. Mujeres sin hijos contra los tópicos la periodista María Fernández Miranda explica las presiones que reciben las mujeres que no quieren o no pueden ser madres: “te preguntan abiertamente por qué no has sido madre aún, o te insinúan que tú todavía no estás completa, o te advierten que no sabes lo que te estás perdiendo…”. Ser madre o no serlo, lo que está claro es que la maternidad la vive cada uno a su manera.

Por Sara Puerto