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Design thinking: un giro de tuerca al diseño tradicional

Design thinking: un giro de tuerca al diseño tradicional

Pensar como un diseñador hace tiempo que dejó de limitarse a la mesa de dibujo. Grandes empresas, e incluso restaurantes, encuentran en el design thinking la mejor forma de innovar y trabajar en equipo.


Una tarde cualquiera un caballero inglés se sienta bajo un árbol a contemplar el paisaje. Una manzana cae al suelo. ¿Por qué siempre lo hace en perpendicular?, se pregunta. La historia de cómo Newton concibió la ley de la gravedad es inspiradora, pero se basa en una idea única y afortunada. Una idea basada en el razonamiento científico, en priorizar los datos y el análisis. El design thinking cambia el foco: el ser humano es el centro, sus necesidades y experiencia.

El design thinking, el pensar como un diseñador, es una metodología que usa la sensibilidad y técnicas propias del diseño para alinear las emociones de las personas con las oportunidades de negocio. “Pensar como un diseñador puede transformar la forma en que se desarrollan productos, servicios, procesos e, incluso, estrategias” explica el CEO de IDEO, Tim Brown, en su libro Change by design. Es decir, comprender más a la persona que al producto.

Los orígenes del design thinking se remontan a la década de los sesenta cuando los diseñadores industriales empiezan a desligarse de la metodología científica. En paralelo, los diseñadores escandinavos habían comenzado a exportar al resto mundo su modelo colaborativo en el que se introducían los equipos multidisciplinares. En los ochenta, este diseño participativo siguió evolucionando y dando más importancia a la experiencia de usuario.

Llegaron entonces los años noventa. En 1991, David Kelley, Bill Moggridge y Mike Nuttall fusionan sus compañías y fundan IDEO, aunque la colaboración entre los tres empezó varios años antes. IDEO está considerada la empresa de diseño pionera en el uso generalizado del design thinking. Entre sus primeros proyectos destacan el diseño del primer ratón de ordenador para Apple -antes incluso de ser oficialmente IDEO- y el primer ordenador portátil.

Con el paso de los años, el pensamiento creativo del design thinking se expandió a cada vez más organizaciones y hoy en día son muchas las empresas que trabajan con la técnica. Apple, Google, Procter & Gamble y Samsung, entre otras, utilizan este método para identificar las necesidades de sus posibles clientes y transformar sus ideas en productos y servicios. Es decir, invierten el proceso tradicional y ya no ofrecen un producto con la esperanza de que el consumidor lo acepte, sino que piensan en qué necesita y, a partir de ahí, diseñan.

Brown, en su artículo “Design Thinking” publicado en 2008 en la revista Harvard Bussiness Review, divide el método en tres fases que se superponen continuamente: inspiración, ideación e implementación. Además, señala la iteración como otro elemento clave de todo el proceso: el ensayo y error lleva a replantear una o varias de estas fases siempre que sea necesario.

Si lo anterior se une a la necesidad de entender las emociones del cliente, el resultado es un método en cinco pasos que sirve de base para la innovación. Aunque algunos expertos añaden pasos como el brainstorming o tormenta de ideas, el esquema básico más extendido se resume en: empatizar con las personas, definir la necesidad, generar ideas, construir un prototipo, y probarlo.

El profesor de innovación en la Universidad de Ciencia y Tecnología de Noruega y cofundador de Pracademy, Federico Lozano, destaca dos ideas de esta metodología: el ser humano como elemento central y la interacción. “Todo comienza y termina con la empatía, nos convertimos en exploradores antropológicos en busca de necesidades”, explica.

 

 

El design thinking usa técnicas del diseño y la sensibilidad para alinear las emociones con las oportunidades de negocio

Las técnicas del design thinking

El design thinking utiliza las herramientas del diseño tradicional (visualización, storytelling, tormenta de ideas…) y las aplica en diferentes ámbitos: desde el marketing a la gestión de proyectos empresariales e industriales. “Las herramientas del diseño tradicional ayudan a individuos altamente analíticos, lógicos y estructurados como, por ejemplo, los gestores de negocio y los ingenieros a usar su hemisferio creativo”, explica Lozano. El Instituto de Diseño Hasso Plattner de la Universidad de Stanford (EE.UU.) ofrece una amplia gama de recursos en abierto en los que explica y profundiza en cada herramienta y concepto.

El pensamiento creativo o de diseño se ha expandido rápidamente a nivel global hasta entrar en áreas como la gastronomía. El diseñador industrial Luki Huber, por ejemplo, trabajó con el equipo creativo del restaurante El Bulli de Ferran Adriá entre los años 2002 y 2005. Huber trasladó las técnicas del design thinking al mundo de la gastronomía, sobre todo para mejorar el trabajo creativo en equipo.

Fruto de ese enfoque nació la técnica denominada Manual ThinkingLa propuesta ideada por Huber es un mapa visual e interactivo que permite ordenar las ideas por grupos. Recoge y organiza la información sobre una situación para crear una visión general de una situación que facilite la toma de decisiones. Convierte el pensamiento en visual, lo convierte en colaborativo. “Diez personas piensan mejor que cinco. Esta herramienta consigue que todas las ideas cuenten. Ninguna se descarta hasta el final y siempre se puede rescatar en el futuro”, cuenta el jefe de cocina del restaurante Niqqei, en Santa Cruz de Tenerife (España), Marcos Tavío, quien está desarrollando un nuevo concepto de espacio gastronómico a partir del Manual Thinking.

El concepto de que toda idea cuenta que destaca Tavío es una de las características singulares de pensar como un diseñador. El psicólogo e investigador en la Universidad de Yale (EE.UU.) Irvin Janis describe el efecto de pensamiento en grupo como la anulación de la capacidad crítica y la imposición del más fuerte, pero, en el design thinking, todos los pensadores son proactivos y sus ideas tienen la misma importancia.

 

Una herramienta, mil sectores

Gastronomía, sanidad, industria textil, hostelería… Desde que Apple encargó la creación del primer ratón de ordenador a IDEO hasta hoy, el uso del desing thinking se ha extendido a todos los sectores. El emprendedor en serie y cofundador de la plataforma de autopublicación en línea Bubok, Ángel M. Herrera, utilizó esta metodología en la fase de concepción de su proyecto. “Bubok nació a partir de una comunidad de cuentacuentos, con más de 20.000 escritores, que llevó a la creación de una editorial y de ahí a la necesidad: ¿por qué no hacer entoces realidad tu sueño de publicar?”, relata.

Además, el desing thinking ha pasado de ser solo una metodología a convertirse en un producto en sí mismo. Alrededor de este concepto han nacido comunidades de intercambio, plataformas publicitarias, campamentos intensivos de aprendizaje, talleres de formación, másteres, etc. Prácticamente cualquier cosa que se pueda imaginar.

Al final, el design thinking busca soluciones innovadoras y que se ajusten a las necesidades reales del usuario, que vayan más allá de lo obvio. Una oportunidad única para trabajar la creatividad en equipo y aprender a enfrentar cualquier problema por complejo que sea. El éxito no está asegurado, pero sin duda es un paso en la dirección correcta para alcanzarlo.

Por María C. Sánchez