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Desconexión digital para recuperar tus hábitos de lectura

Desconexión digital para recuperar tus hábitos de lectura

Manta, sofá… y libros. O piscina, toalla… y libros también. Vivir aventuras trepidantes en países extranjeros, resolver un asesinato con nuestra intuición y unas pocas pistas o sentir un tórrido romance son algunas de las experiencias que podemos tener con una buena novela entre las manos.


Un buen tomo da para muchas horas de diversión, ampliar nuestro vocabulario, desarrollar un pensamiento crítico (¿nos gusta lo que estamos leyendo? ¿hemos cambiado nuestra visión del mundo después de haber leído?) o mantener una conversación con otras personas. Pero para tener un buen rato de concentración, hay que desconectar del resto del mundo.

Apagar el ‘smartphone’, el ordenador o la tableta y recuperar ese libro que coge polvo en la mesita de noche es un buen hábito que nuestro cerebro agradecerá. La Sociedad Española de Neurología ha destacado sus múltiples beneficios para la salud: evita la pérdida de funciones cognitivas, ejercita la memoria, estimula las neuronas, mejora el estado de ánimo o reduce el estrés.

Hay científicos que están pidiendo un movimiento slow reading (de lectura lenta), semejante al slow food y que implica la desconexión de notificaciones o la tentación a echar un vistazo a nuestros dispositivos mientras estamos leyendo un texto de cierta enjundia. Los neurólogos están investigando cómo todo el torrente de información que pasa ante nuestros ojos cada día está afectando a nuestro cerebro. Preocupa también si la forma en que los niños aprenden a leer y comprender está cambiando a peor, pues ahora los más pequeños tienen acceso a los dispositivos desde muy temprano.

Ya que la dependencia digital puede causarnos diversos trastornos, como sentirnos deprimidos al cotillear nuestro muro de Facebook o ansiosos si nadie contesta a nuestros mensajes de WhatsApp, no hay nada como deshacerse de los aparatos durante unas horas y refugiarse en el papel. Estos son los mejores consejos para regresar a una afición de la infancia, de cuando no había tantas pantallas.

 

20 minutos sin móviles

En primer lugar, programa un tiempo solo para ti y para ese libro, en el que puedas desconectar de todo y de todos. Con 20 minutos o media hora al día, para empezar, está bien. Si te cuesta encontrar ese hueco, prueba antes de dormir: te irás a la cama lejos de las pantallas y de su luz perjudicial y a la vez te estarás relajando y conciliando el sueño.

Y qué mejor que hacerlo con una buena historia. Elige libros o reportajes de una cierta longitud, para aumentar la capacidad de concentración. Y cuando termines, no acudas corriendo a ver las notificaciones. De hecho, si no apagas los dispositivos, por lo menos desconecta los avisos, ya que al escucharlos (y responderlos) perderás la concentración y deberás empezar de nuevo.

 

Tu rincón para desconectar

Sea antes de dormir o en otro momento, y con el fin precisamente de alcanzar la concentración y mejorar nuestra salud, hemos de crear una especie de ritual de lectura. Para ello, leeremos en un sitio tranquilo de nuestra casa, en una biblioteca o en un parque público sin demasiado ruido. Hay quien gusta de leer en una terracita mientras toma una copa de vino, una infusión o un café; si te sientes identificado, busca una que te atraiga, y si encima es una de esas que se enorgullecen de no tener wifi, mejor que mejor. En cualquier caso, asegúrate de que las sillas te permitan adoptar una postura cómoda.

Donde también deben estar prohibidos los móviles es en los clubes de lectura. Allí hay que silenciar los dispositivos y centrar toda la atención en los compañeros, en sus argumentos que podemos rebatir o respaldar. La conversación favorecerá nuestras habilidades sociales y ensanchará nuestra visión del mundo. Pregunta en tu biblioteca más cercana si conocen alguno o funda el tuyo propio con amigos. El objetivo es seguir leyendo.

 

Busca libros adictivos

Son muchos los buenos libros con los que regresar a este bello hábito. La saga Los juegos del hambre, de Suzanne Collins, o el thriller Perdida, de Gillian Flynn y que llevó al cine David Fincher, son lo suficientemente adictivos como para no parar de leer hasta el final y, cuando terminen, darán ganas de buscar libros relacionados. Si eres una persona seriéfila, igual es buen momento para comparar las versiones de Juego de tronos (basada en la saga Canción de hielo y fuego) o El cuento de la criada; de nuevo, te obligas a reflexionar: ¿por qué no añadieron esto en la serie? ¿Es una adaptación fiel o no?

Los libros de humor, más distendidos, nos sacarán unas carcajadas y nos harán sentir tan bien que seguro no echaremos de menos las aplicaciones. Un clásico es Sin noticias de Gurb, de Eduardo Mendoza. Mendoza, último escritor galardonado con el Cervantes, tiene muchas otras novelas de humor que tampoco puedes desaprovechar.

En cualquier caso, elige siempre por placer, por tus gustos o cuando te atraiga la recomendación de alguien. Y si no te gusta lo que estás leyendo, es tan simple como dejarlo y comenzar una nueva aventura. Con el paso de los días, el hábito estará asentado y te darás cuenta de que no echas de menos ese vistazo a las redes sociales antes de dormir o mientras vas en transporte público. Tu cuerpo lo agradecerá.