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Conservación y preservación de tortugas marinas

Conservación y preservación de tortugas marinas

El CRAM y la Fundación Banco Santander trabajan conjuntamente para preservar una especie que se encuentra en un estado de conservación muy vulnerable.


Mucha gente viaja a lugares exóticos, de Bali a Costa Rica, para avistar las tortugas marinas que ponen sus huevos en la playa, en lo que es sin duda un momento mágico de la naturaleza. Pero no hace falta irse tan lejos para maravillarse con estos animales de espléndido caparazón que saben tomarse la vida con calma, porque también hay tortugas en el Mediterráneo. Son sobre todo de la especie boba (Caretta caretta), que pueden llegar a pesar hasta 120 kilos y vivir 90 años. No obstante, su población disminuye rápidamente debido a la presión humana y la destrucción de su hábitat, por lo que la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza las ha catalogado como una especie en peligro. Por suerte, hay quien lucha por ellas.

La Fundación CRAM para la Conservación y Recuperación de Animales Marinos, cuya base se encuentra en la playa de El Prat de Llobregat (Barcelona), trabaja para proteger la biodiversidad marina de la zona a través de acciones locales, como el rescate, el cuidado y la protección de todo tipo mamíferos –sobre todo delfines y ballenas­–, peces, aves, reptiles y, por supuesto, tortugas marinas. En este último caso, el centro ha puesto en marcha un proyecto pionero para su conservación y preservación con la colaboración de la Fundación Banco Santander, que hace posible su desarrollo en el marco del programa propio de Recuperación de Patrimonio Natural.

El objetivo consiste en aumentar el conocimiento de estos animales para favorecer su conservación a través de la investigación y seguimiento y, por el otro lado, hacer frente a su principal amenaza: la pesca accidental. En el 2016, por ejemplo, se encontraron en el litoral catalán hasta 85 tortugas marinas muertas, muchas de ellas capturadas por redes de arrastre. Por eso, se han emprendido campañas de sensibilización y colaboración con el sector pesquero. Además, se ha diseñado una cámara hiperbárica que permite aumentar las posibilidades de supervivencia de las tortugas capturadas accidentalmente, reduciendo su estrés y evitando el síndrome descompresivo que sufren (similar al llamado ‘mal de los buzos’).
 

Historias reales con caparazón

Gracias a esta iniciativa, existen historias con final feliz. Por ejemplo, la de Coco, una tortuga pequeña de 2 kilos que quedó atrapada en una red de pesca a 3 millas de la costa de Sitges. El pescador avisó al Cram y, de hecho, fue una suerte, porque se le detectaron fragmentos de plástico en el estómago fruto de la enorme contaminación por residuos que sufre el Mediterráneo. Después de estar ingresada en el centro, fue retornada al mar en verano del 2017, justo en la presentación del proyecto del CRAM y la Fundación Banco Santander.

Conservación y preservación de tortugas marinas

"El CRAM ha logrado recuperar y liberar más 500 tortugas marinas a lo largo de 20 años"

No estuvo sola, porque ese día también volvió a su hábitat Bienvenida, una tortuga de 6 kilos que fue encontrada flotando sin fuerzas a 2 millas de Barcelona. Igual que Coco, tenía un fragmento de plástico en su aparato digestivo y tuvo que ser tratada con sueroterapia y antibiótico. Y aún hay más nombres: Lili, Ona, Casimiro, Klaus, Fortunata, Wonder… Incluso hay un Bowie. De hecho, el CRAM ha logrado recuperar y liberar a más de 500 tortugas marinas a lo largo de sus más de 20 años de existencia. 
 

Cuatro líneas de acción

El proyecto de preservación y conservación de las tortugas marinas del Mediterráneo se basa en cuatro grandes líneas de trabajo, que se están desarrollando de forma paralela y que se podrían extender a otros centros de protección marina. Son los siguientes:

  1. Seguimiento vía satélite. El CRAM sigue los pasos (o las brazadas, más bien) de hasta cinco ejemplares recuperados en el centro, lo que permite saber su ubicación en todo momento y estudiar sus hábitos y comportamientos. Por ejemplo, saber dónde tienen sus nidos o en qué zonas se producen más colisiones con barcos. Una acción con la que cuentan también con la colaboración de Universitat Politècnica de València. Además, todo el mundo puede consultar el itinerario que siguen a través de una aplicación en su página web, cosa que también despierta cierta envidia por su espíritu viajero. Y es que la tortuga Luna salió de El Prat de Llobregat en el 2006 y ahora mismo se encuentra en pleno Caribe. Y su compañero Mascletà se ha paseado por las Baleares, Córcega, Cerdeña y Argelia.
     
  2. Reproducción en cautividad. El proyecto contempla un estudio para conseguir crías en cautividad mediante reproducción asistida, para posteriormente reintroducirlas en su hábitat natural y contribuir al equilibrio poblacional de la especie. Para ello, se ha realizado un completo estudio ecográfico y hormonal a un total de seis ejemplares de tortuga marina, se han llevado a cabo ecografías mensuales y se han probado distintas maneras para obtener esperma, entre otras acciones.
     
  3. Sensibilización del sector pesquero. Se están llevando campañas periódicas con los pescadores para aumentar su conocimiento y formación, además de establecer un marco de trabajo conjunto para saber cómo actuar. Se ha centrado especial atención en la zona del delta del Ebro, por ser la única zona en todo el litoral español en la que está permitida la pesca de arrastre a menos de 50 metros de profundidad y en la que la interacción con tortugas marinas es mayor que en otras zonas.
     
  4. Innovación y desarrollo. El diseño de la cámara hiperbárica específica está permitiendo recuperar ejemplares de tortuga marina que antes hubieran muerto. Por eso, se ha puesto a disposición de otros centros de recuperación de toda España los parámetros de diseño de esa cámara. En este sentido, se ha demostrado que las tortugas marinas capturadas accidentalmente en redes de arrastre pueden sufrir una embolia gaseosa, ya que el estrés derivado de su captura alteran sus mecanismos fisiológicos. Gracias a esta cámara, los veterinarios consiguen disolver el nitrógeno en sangre en pocas horas y evitar la muerte del animal.

Gracias a las cuatro líneas de trabajo de este proyecto pionero, todavía existen esperanzas para que la tortuga boba pueda seguir viviendo libremente y en plenitud en el Mediterráneo. Todo aquel que quiera, también puede poner su grano de arena: el CRAM ofrece la opción de apadrinar una tortuga residente en el centro, ser voluntario o realizar una donación. Así, de esta manera, quizás no haya que viajar hasta la otra punta del mundo para observar, valorar y querer a estos vecinos con caparazón.