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Cómo evitar la obesidad infantil

Cómo evitar la obesidad infantil

Expertos avisan de la gravedad de la obesidad infantil, que recorta tanto la calidad como la esperanza de vida de los menores. Para mejorar la situación, es crucial formar a los más pequeños en hábitos de alimentación y actividad física.


El ser humano es como cualquier organismo: está diseñado para consumir una cantidad precisa de recursos para generar energía. Dicho de otra manera, si sobrepasa un límite y no lo quema, se satura. De ahí que los hábitos de vida relacionados con el sedentarismo, característico de las sociedades desarrolladas del siglo XXI, estén dando paso a una epidemia de sobrepeso que las autoridades no están sabiendo atajar.

Más de la mitad de los españoles adultos están por encima de su peso, aunque el dato que realmente preocupa es el de niños y adolescentes: un 23% tiene sobrepeso y un 18% es obeso, cifras que colocan a España entre los líderes europeos en obesidad infantil.

¿Cuáles son las causas de esta situación? Los expertos coinciden en que responden a varios factores, aunque el que más peso tiene es la falta de una alimentación saludable. La experta en inmunonutrición del Instituto de Ciencia y Tecnología de Alimentación y Nutrición del Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) Ascensión Marcos muestra su preocupación: “No acabamos de conseguir que los niños coman bien ni que se alimenten de lo que recomendamos constantemente: frutas, verduras, legumbres, cereales...”.

Para ella, el problema tiene que ver con “la falta de hábitos correctos ya que la educación nutricional en nuestro país no existe. Esto es lo primero en lo que se debería insistir y actuar”. Añade que las cantidades que comen los menores son excesivas: “Están acostumbrados a comer de más, se atiborran, y además no hacen prácticamente ejercicio”.

Esta situación que describe Marcos se replica en las consultas médicas. La presidenta de la Asociación Aragonesa de Pediatría de Atención Primaria y miembro del Grupo de Gastro-Nutrición de la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria, Teresa Cenarro, explica lo que se encuentra habitualmente en su trabajo: “Los padres nos consultan, preocupados, sobre qué hacer ante el problema, pero manejar la situación y controlarla es bastante complicado”.

Para ella uno de los principales problemas es la falta de tiempo para hacer la compra y cocinar que lleva a las familias a recurrir a platos precocinados “mucho menos sanos”. Además, llama la atención sobre el “abuso de la alimentación líquida, como los zumos, los yogures o los batidos, que generan una enorme ingesta de calorías sin sensación de saciedad”.

A esto, Cenarro suma la falta de actividad física. “El ocio ha cambiado. Antes los niños iban al parque, al aire libre, a jugar. Ahora las pantallas forman una parte muy importante de su tiempo, y estar con una pantalla implica no hacer ejercicio”, lamenta. De hecho, a pesar de que la cantidad de ejercicio recomendada para menores es de al menos 60 minutos diarios, esta condición no la cumple ni siquiera el 50% de la población infantil y adolescente.

Además, hay otro factor a tener en cuenta: las horas de sueño. “Hay que ser lo suficientemente conscientes de lo importantes que son, en calidad y cantidad, puesto que tienen una incidencia en los procesos de inflamación, y la obesidad es una inflamación de bajo grado que se acentúa a medida que pasan los años dando lugar a patologías de gran riesgo para la salud”, incluyendo enfermedades neurodegenerativas o cáncer, advierte Marcos.
 

Peligros de la obesidad

Las consecuencias de la obesidad infantil son muy peligrosas, con un extenso catálogo de patologías derivadas. “Es una enfermedad tipificada como crónica por la Organización Mundial de la Salud (OMS), una situación de sobrecarga que afecta a la práctica totalidad de los órganos y los sistemas del cuerpo”, explica el investigador de la Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad y del Centro de Investigación Biomédica en Red-Fisiopatología de la Obesidad y la Nutrición, Julio Álvarez Pitti.

Alrededor de un 15% de los niños obesos sufre hipertensión y alteración de los lípidos, además de sufrir alteraciones en su sistema de creación de hormonas, dando lugar a enfermedades como la diabetes.

Además, la obesidad puede provocar que se acumulen grasas en el hígado y pueden conllevar la aparición de futuras cirrosis. El sistema respiratorio también queda perjudicado. “La grasa envuelve los pulmones y puede llevar a que los pacientes respiren peor. Además, se ha relacionado este fenómeno tanto con asma como con apnea del sueño”, indica Álvarez Pitti.

El investigador precisa además que el aparato locomotor (huesos y articulaciones sobrecargados) y la capacidad cardiorrespiratoria, que tiene incidencia directa en el rendimiento físico, también quedan afectados. Sin embargo, el efecto más temible de la obesidad infantil llega a largo plazo: “Puede disminuir la esperanza de vida entre 10 y 15 años. Además, hace que la calidad de esa vida sea pésima porque la obesidad conduce a un envejecimiento acelerado”.
 

La importancia de la educación

De hecho, todos los expertos consultados para este reportaje aseguran que España se enfrenta a una grave crisis por culpa de esta patología crónica y pediátrica. “Si no hacemos algo por atajarla, el futuro es de adultos con sobrepeso y obesidad, con todas sus consecuencias”, vaticina Cenarro, quien llama a “invertir en prevención” sobre todo a nivel alimentario.

Un trabajo que se tiene que hacer particularmente en los colegios, según apuntan todos los expertos. “Es muy importante formar en hábitos de alimentación y de actividad física. Se puede meter de forma transversal en una asignatura e incrementar las horas de educación física. Además, la comida en los comedores escolares debe ser equilibrada, respetando las recomendaciones que se generen desde el mundo sanitario”, observa Álvarez Pitti.

Una estrategia nacional para atajar el problema se antoja imprescindible, y profesores y colegios tienen que jugar un papel fundamental en ella. Pero esta medida no debe alcanzar solo a los niños, sino también a las familias y a la sociedad. “Esto pasa en parte porque los padres tampoco están comiendo bien”, indica Ascensión Marcos, que añade: “Las iniciativas tienen que pasar también por las familias y por el conjunto de la sociedad”.

La concienciación social se tiene que hacer también desde las consultas médicas, especialmente desde las de Pediatría, según apunta Cenarro: “La familia tiene que mentalizarse. Esto intento con los padres, a los que les pido que eviten azúcares, grasas y sales. Les enseñamos a que lean y comprueben etiquetas, algo que en una lechuga no tienen que hacer porque es sana y natural, a diferencia de los precocinados, con los que hay que pararse un poco para elegir cuáles son los menos perjudiciales”.

Cenarro llama a volver a “la cocina de la abuela” y optar por las tradiciones, más allá de los nuevos productos industriales: “Es mejor comer un bocadillo de toda la vida que un paquete de galletas”.

También se deben tomar decisiones en cuanto a las cantidades que consumen los menores. Marcos apunta a un cambio de hábitos en todas las actividades: “Tenemos que perder esa costumbre americana de comer en exceso a cualquier hora del día, incluyendo productos ultraprocesados y bebidas de gran volumen. Por ejemplo, en los cines te encuentras con unos tamaños de palomitas y bebidas alucinantes. Esto habría que regularlo”.

Así mismo, no se descartan medidas legislativas a nivel gubernamental. Cenarro considera que “aunque es muy difícil, habría que prohibir que los alimentos más nocivos, como la bollería industrial, tuvieran envases llamativos, con personajes de moda o regalos. La industria cuenta con este atractivo para que los niños lo pidan y se adquieran sus productos. Hay que endurecer la legislación en este sentido”. También considera que las máquinas expendedoras en centros escolares solo deberían contener productos no perjudiciales.

El camino a seguir lo marcan también medidas como el plan pactado entre el Ministerio de Sanidad y la industria alimentaria para la mejora de la composición de los alimentos y bebidas con duración hasta 2020 y con el fin de reducir el contenido de sal, azúcar y grasas en más de 3.500 productos.

Esta iniciativa ha recibido el aplauso unánime de los expertos en salud y nutrición, que recuerdan que todavía estamos a tiempo de revertir la situación y que el futuro de España no acabe lastrado por una población obesa, y, por tanto, enferma.
 

Recomendaciones para que los niños no sufran obesidad

  • Eliminar los platos preparados y ultraprocesados.
     
  • Hacer que la comida casera sea la protagonista de la dieta familiar, con un rol clave para verduras, legumbres, cereales y fruta.
     
  • Evitar batidos, yogures y zumos de frutas industriales.
     
  • Poner a raya los azúcares, las grasas y las sales, sobre todo, aquellos añadidos de manera artificial a los alimentos.
     
  • Inspeccionar y revisar el etiquetado de los alimentos que vamos a dar a nuestros hijos.
     
  • Los niños deben practicar 60 minutos de ejercicio diarios, como mínimo. Hay que potenciar jugar en el parque y huir de las consolas y de las pantallas táctiles.
     
  • Dormir entre 10 y 12 horas al día.

Por David Monzón