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Cómo desconectar de la vida digital en 6 pasos

Cómo desconectar de la vida digital en 6 pasos

Si celebras cuando se agota la batería del móvil, olfateas las páginas de los libros con romanticismo, y hasta empiezas a mirar con recelo el microondas, que tiene poca culpa, quizás necesitas un descanso digital y una pizca de disfrute de la vida tradicional.


La evolución tecnológica está tan implantada en la vida cotidiana, que permite sustituir tareas tediosas por otras más sencillas y ágiles. Son innegables las ventajas de la mensajería electrónica e instantánea, de Internet en general y de los chips instalados en un sinfín de herramientas a nuestro alrededor.

Pero cuando entrar en tu cocina te recuerda a 2001: odisea en el espacio y añoras recuperar el control sobre tu entorno, ha llegado el momento de recordar la vida analógica y de rendirle un pequeño homenaje. ¿Hasta qué punto lo digital te ayuda, y a partir de dónde se ha apoderado de una parcela de tu vida en la que reinaban la libertad y el gusto por hacer las pequeñas cosas? Hagámosle frente con amor a cada segundo.

 

Lee, viaja con la mente, pero de verdad

No dejes que otro conduzca por ti. La televisión, el ordenador y el móvil te pueden ofrecer contenidos apasionantes, pero le dejan poco a tu imaginación. Recupera el libro, el cómic, invítate a recrear lo que lees, a construir ambientes, retratos, voces y caras.

Sé tu propio chófer en el viaje. Seguro que recuerdas aquellas ocasiones en que viste una película basada en una novela que habías leído y… No era lo mismo. Tu historia siempre fue mejor, y la película perdía miles de detalles con los que tu versión se había enriquecido.

 

Dibuja, escribe, modela

Sé libre en tus creaciones. Es posible que en algunos momentos sientas la necesidad de utilizar tus manos. Claro. Toda esa superficie de piel que nos recubre puede convertirse en una varita mágica. ¿Has probado a meter tus manos en barro y ver qué hacen solas? El cursor es muy limitado. Mánchate, mézclate y deja que tus dedos disfruten.

Mete los dedos en pintura, estruja puñados de arcilla, deja que los lápices fluyan solos. Aunque el dibujo, como el ejercicio físico, se retroalimenta con la práctica, no es necesario ser un artista. La magia está en dejarse llevar, en disfrutar, recrear ideas espontáneas y tocar, tocar las cosas, usar colores, ordenar palabras caligrafiadas y buscarles la música que sólo tú conoces. El ratón del ordenador es un instrumento tan limitado frente a tus manos…

 

Corre, baila, pasea, haz yoga, el pino y marchas por la montaña

Patina, cruza el parque caminando. Tus pies no son menos que tus manos, y además tiran del resto de tu cuerpo. Disfruta de él. Muévete y genera tu propio videojuego. Implícate. La realidad virtual es muy real, pero lo real es siempre mucho más auténtico. Hacer la compra por Internet puede ser tan cómodo como práctico, pero apretar un aguacate en la tienda para escoger el punto de madurez no tiene precio.

Aprovecha la versión online para lo inevitable, para lo que el tiempo no alcanza. Pero disfruta de un paseo entre las tiendas de tu entorno para escoger lo más apetecible, envolverte en los olores de la fruta fresca y la alegre charla del carnicero de siempre.

Cómo desconectar de la vida digital en 6 pasos

"La realidad virtual es muy real, pero lo real es siempre mucho más auténtico"

Cocina, come. Deja de fotografiar comida 

Practica una relación íntima con tu alimento, más allá de publicarla. Es satisfacción y energía para tu cuerpo y tu cabeza, y una forma más de creatividad. ¿Realmente te importa lo que comen los otros? Sería interesante analizar por qué.

Una comida saludable y sabrosa sólo puede mejorarse con el ambiente adecuado en compañía de esas personas que queremos siempre cerca. Saborea, mastica y estira ese momento en el tiempo. Una instantánea fotográfica no llegará nunca a captar la esencia de eso.
 

Vigila de cerca a tu doble digital 

Cerca tus redes sociales. Están bien para recuperar amistades lejanas, para conectar, para compartir momentos. Pero siempre es mejor usarlos para facilitar esos momentos en directo, para relacionarte en persona, hablar. Presenta a tus amigos, sal a cenar, recomienda lo que te gusta, ve de compras en grupo… Y piérdete, por favor, caminando y en coche.

No es necesario seguir siempre el camino trazado. Descubrirás nuevos sitios, harás deporte, sentirás la libertad de poder hacerlo. Puedes apagar la localización de tu móvil. No es necesario que todos conozcan dónde estás en cada momento. Si lo piensas en profundidad, es probable que le encuentres más inconvenientes que ventajas.

 

Y si has desconectado a fondo

Si tu vida progresa hacia atrás en el tiempo, es probable que hayas aparcado el famoso FOMO (Fear Of Missing Out) para siempre. Ese miedo a la exclusión por quedar fuera de la actualidad a la que hay que conectarse para no sufrir habrá pasado a un lugar alejado de la preocupación cotidiana. Realmente, la evolución del FOMO es el POMO (Pleasure Of Missing Out). La evolución digital ha querido premiar con un nombre a ese placer que se siente al quedarse en casa tumbado en el sofá cuando debes estar en un evento social. O haciendo bizcochos cuando deberías estar viendo en Internet qué y dónde ha comido tu jefe.

Es el triunfo de la vida privada, de la pantufla y el yo con burbujas desde la bañera que mira exquisito el móvil apagado; el éxito de las magdalenas preparadas en familia sobre el ordenador dentro de la funda. Es la jardinería nocturna mientras tu vecina vende su ropa en Internet, el día de piscina con lo puesto, y de no cobertura en el monte.

Cuando el hombre domina la máquina, y no al revés, la tecnología es sólo una herramienta al servicio de la necesidad. La virtud de la revolución digital es su capacidad para integrarse en la vida cotidiana sin destruir la magia de lo humano.