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¿Cómo afecta el consumo de plásticos a nuestros océanos?

¿Cómo afecta el consumo de plásticos a nuestros océanos?

Nos guste o no nos guste, el plástico forma parte de nuestra vida diaria. Bolsas, envases, utensilios de cocina, objetos diversos… incluso las prendas de ropa y el calzado incorporan elementos plásticos de forma habitual. Y ¿por qué se utiliza tanto el plástico? Las ventajas para la industria son triples: es un material versátil, duradero y, sobre todo, barato, que permite producir en serie a costes muy bajos.


Pero la proliferación del plástico está ocasionando serios problemas en materia medioambiental. Cada año van a parar a nuestros mares y océanos toneladas de plásticos, una basura aparentemente invisible pero altamente nociva.
 

Un océano de plástico

La problemática del plástico ha sido recogida en numerosos documentales. Uno de los últimos ejemplos es A Plastic Ocean (Un Océano de Plástico), dirigido por el periodista australiano Graig Lesson. La producción, que puede verse en Netflix, muestra el impacto de los desechos de plástico sobre el ecosistema marino en más de 20 lugares del mundo. El documental sigue a un grupo de investigadores y activistas y recoge también las repercusiones del plástico submarino sobre las comunidades que viven alrededor de esas zonas.

La organización ecologista Greenpeace también ha denunciado reiteradamente la situación de nuestros mares. En su informe Plásticos en los océanos recoge datos preocupantes:

  • Cada segundo llegan a nuestros mares y océanos 200 kilos de plásticos.
     
  • Cada año se arrojan al mar 8 millones de toneladas de basura plástica, lo que equivale al material de 800 torres Eiffel.
     
  • El fondo marino acumula unos 50 billones de fragmentos plásticos, según datos estimativos.
     
  • Existen 5 “islas de basura plástica” en el planeta: dos están en el Pacífico, dos más en el Atlántico y la tercera en el Océano Índico. Las islas de basura son acumulaciones flotantes de microplásticos formadas por partículas inferiores a 5 mm.

De seguir como hasta ahora, se estima que en 2020 habrá aumentado la basura plástica un 900% respecto a los registros del año 1980. Según los especialistas, en 2050 habrá en el mar casi más plásticos que peces.

¿Y qué sucede en España? Cada día se abandonan en las playas y zonas costeras españolas cerca de 30 millones de latas y botellas de plástico que acaban contaminando el entorno marino. Por término medio, en el espacio de 100 metros de playa se acumulan diariamente unos 320 productos de desecho, de los cuales el 70% son plásticos.
 

¿De dónde provienen los plásticos que llegan al mar?

Cuando la gestión de residuos se realiza de una forma adecuada, los plásticos que dejamos en los contenedores de reciclaje van a parar a los vertederos, donde se incineran para ser posteriormente reciclados. Sin embargo, existe un volumen elevado de residuos plásticos que termina en el mar procedente de diversas vías:

  • Vertidos deliberados en el mar.
     
  • Vertidos accidentales de los barcos.
     
  • Efluentes (elementos residuales) de estaciones depuradoras y plantas de tratamiento.
     
  • Sistemas de drenajes de agua en zonas urbanas.

Se calcula que el 80% de los residuos plásticos que se acumulan en el mar proviene directamente de la tierra, y el 20% restante de la actividad marítima. Buena parte de esa basura marina se localiza en los fondos costeros próximos a zonas muy pobladas, como grandes ciudades o lugares de concentración turística. Otra localización habitual de residuos plásticos es el espacio marítimo donde se desarrolla una pesca intensiva.
 

Impacto de los plásticos en el mar

La degradación del plástico en el medio marino es mucho más lenta que en la tierra. La baja exposición de los residuos a la luz solar retrasa los procesos de descomposición, así como el contacto con el agua fría. La acción de las olas acelera el mecanismo, pero rompe el plástico en trozos muy pequeños que tardan mucho tiempo en descomponerse.

Según fuentes de Greenpeace, se calcula que una botella de plástico tarda unos 500 años en degradarse por completo. Los cubiertos de plástico tardan unos 400 años, mientras que las bolsas permanecen en el agua alrededor de 55 años. El material que más tarda en descomponerse es el plástico de los hilos de pescar, que no se degradan hasta pasados seis siglos.

El impacto de las piezas de plástico en la vida marina es múltiple. Numerosos peces quedan enredados entre los residuos y acaban muriendo por asfixia. Pero existe una problemática especial relacionada con los microplásticos que quedan flotando en las superficies marinas. Esos plásticos pequeños, inferiores a 5 mm, pueden ser ingeridos por peces, crustáceos y plancton y causar bloqueos en su sistema digestivo. Además, los microplásticos incorporan contaminantes químicos que pueden acabar en nuestros platos a través de la cadena alimenticia.
 

Impacto de la basura marítima sobre la economía

La acumulación de residuos plásticos no solo daña la fauna marina, también tiene repercusiones sobre la economía. El ejemplo más directo lo tenemos en la denominada “pesca fantasma” provocada por el abandono de redes y aparejos en el mar. Esas redes atrapan a numerosos peces que acaban muriendo, lo que reduce los stocks de pesca.

Solo en Europa, la limpieza de costas y playas cuesta cada año a las administraciones alrededor de 630 millones de euros. El sector del turismo también sufre las consecuencias. La presencia de basura en las costas puede ofrecer una imagen negativa que haga disminuir la cifra de visitantes.
 

¿Qué podemos hacer por nuestros océanos?

La solución a la acumulación de plásticos está, en buena parte, en manos de los gobiernos. La gestión de residuos eficaz es fundamental, pero son necesarias otras medidas legales que ayuden a prevenir la basura marina. Algunas de ellas ya están en marcha, como la obligación de pagar las bolsas de plástico en los comercios. Las organizaciones ecologistas exigen también que se fomenten los materiales alternativos al plástico.

También es fundamental una mayor labor de concienciación que implique a las personas en la conservación de la naturaleza. En este terreno, los ciudadanos tenemos mucho que aportar:

  • Evita el uso de bolsas de plástico: a la hora de ir a comprar, conviene que llevemos de casa bolsas de tela o de papel. Algunos supermercados venden bolsas de plástico gruesas reutilizables, que permiten usarlas varias veces sin necesidad de adquirir otras nuevas. Recuperar  el carrito de la compra es otra opción muy recomendable.
     
  • Prioriza las botellas de cristal frente a los plásticos o briks.
     
  • Elige  productos a granel: en la actualidad, existen numerosas tiendas que facilitan género a peso, como jabones, champús, líquidos lavavajillas, legumbres, etc. Los establecimientos facilitan recipientes, pero es mejor que los llevemos de casa. Así, no acumularemos más plásticos.
     
  • Rechaza los artículos y envases de un solo uso: los vasos, cubiertos y platos de plástico resultan muy prácticos, sobre todo en fiestas y celebraciones, pero es mejor utilizar el menaje tradicional de cristal o loza. Aunque tengamos que lavar platos, vale la pena el esfuerzo.
     
  • Evita comprar productos que vayan envueltos en plásticos: rechaza las frutas y verduras que se venden en bandejas de porexpán. Elige los huevos que vayan en cartón o bien cómpralos sueltos y lleva tu propia huevera.
     
  • Intenta substituir los tápers de plástico por tarros o recipientes de vidrio
     
  • Reduce o elimina el papel film.
     
  • Lleva tus propios recipientes cuando compres comida para llevar.
     
  • Cambia  las maquinillas de afeitar desechables por las afeitadoras clásicas que permiten cambiar las hojas.
     
  • Substituye los encendedores de plástico por cerillas de madera, o bien usa mecheros recargables.
     
  •  Y, sobre todo, deposita los plásticos en el contendor adecuado.

La clave está en comprar de manera consciente y adoptar nuevos hábitos.  Aplicar la regla de las tres erres (reducir, reciclar y reutilizar) es más sencillo de lo que pensamos; tan solo es preciso poner de nuestra parte  y recuperar la mentalidad de nuestras abuelas, que vivieron toda su vida sin plásticos, tápers ni envoltorios de porexpán.