Erasmus: aprender y conocer, pero sobre todo a uno mismo

Desde que durante el curso de 1987, 3.244 alumnos pusieran rumbo a diferentes universidades europeas para continuar sus estudios, los números del programa Erasmus no han parado de crecer.

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Desde que durante el curso de 1987, 3.244 alumnos pusieran rumbo a diferentes universidades europeas para continuar sus estudios, los números del programa Erasmus no han parado de crecer. Tanto que, a lo largo de estos años, entidades privadas se han ido uniendo a este proyecto con iniciativas como las Becas Santander Erasmus, impulsadas por Banco Santander, que este curso tiene en marcha su segunda edición.


En una época en la que la movilidad estaba al alcance de solo unos pocos, Erasmo de Rotterdam pasó por varias universidades europeas y defendió la educación como una prioridad para el desarrollo de la sociedad moderna. Por eso no es de extrañar que cuando a finales de los años 80, la Unión Europea decidió poner en marcha un programa que permitiera a los más jóvenes estudiar, formarse y adquirir experiencia en el extranjero, el nombre de este humanista y teólogo holandés inspirase la denominación del archiconocido programa Erasmus.

Tras 27 años conectando Europa, en 2014 se puso en marcha Erasmus+, el Programa Europeo de Educación, Formación, Juventud y Deporte para el periodo 2014-2020. En todos estos años, más de 4 millones de personas (entre estudiantes, profesores, maestros, formadores, educadores y trabajadores en el ámbito de la juventud) han tenido la posibilidad de moverse por Europa con el objetivo de potenciar su formación e impulsar sus perspectivas laborales y desarrollo personal. 14.700 millones de euros, cerca de 2 millones de estudiantes, alrededor de 25.000 asociaciones estratégicas o más de 150 alianzas para el conocimiento establecidas por 1.500 instituciones de educación superior y empresas, son algunas de las cifras que demuestran la magnitud de este programa.

A lo largo de sus 32 años de existencia, diferentes entidades privadas han ido demostrando su interés por un programa que se ha convertido en una de las columnas vertebrales de la educación superior en Europa. Banco Santander es una de ellas. Hace dos años, la entidad presidida por Ana Botín decidió poner en marcha las Becas Santander Erasmus, con el objetivo principal de promover la igualdad de oportunidades y la inclusión, además de reconocer la excelencia académica de los estudiantes, porque, para la presidenta del Grupo, “este programa es un gran ejemplo de cómo impulsar la igualdad de oportunidades y la excelencia académica, porque la excelencia debe ser inclusiva y contribuir al interés general y a la equidad”.

La segunda edición del programa, que cuenta con el apoyo del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades y CRUE Universidades Españolas, estará financiada por cerca de 2 millones de euros para la concesión de 5.152 becas y ayudas de 3.200, 500 y 150 euros. Para seleccionar a los estudiantes que recibirán las becas de mayor importe y que suponen el 25% de los fondos del programa, las universidades tendrán que valorar el expediente académico y la situación de vulnerabilidad, teniendo en cuenta la pertenencia a entornos desfavorecidos o una discapacidad reconocida de más del 33%. Para las becas de 500 euros y las ayudas de 150 euros, el criterio se basa en el expediente académico, pero los centros darán prioridad a los alumnos en situación de vulnerabilidad.

Abrir la mente a nuevas experiencias

Desde hace unos meses, Alejandro Villaluenga forma ya parte de la gran familia Erasmus. Procedente de la Universidad Complutense de Madrid, este joven estará hasta principios del mes de febrero en la ciudad italiana de Bolonia, donde estudia el cuarto curso de Derecho. Él ha sido uno de los beneficiarios del programa impulsado por Banco Santander para el curso 2019/2020.

Convencido de que la etapa Erasmus puede ser una de las experiencias más gratificantes para un estudiante, Alejandro desde siempre tuvo claro que quería vivir una experiencia similar en el extranjero, “porque te abre la mente hacia otros puntos de vista, ofreciéndote una visión de las cosas distinta a la que tu estás acostumbrado, no solo en lo que se refiere al plano académico, sino también en el ámbito social”, nos cuenta por teléfono desde esta ciudad situada al norte de Italia, donde la vida universitaria se respira en cada una de sus esquinas. Una idea que le ha acompañado desde que en el instituto donde estudió Bachillerato, tuviese escrita, al lado de su pupitre, la frase ‘Open mind for a different view’.

Este joven madrileño eligió Bolonia siguiendo los pasos de su padre, quien también estuvo en la ciudad italiana realizando un Erasmus, además de que “en mi familia siempre ha habido una relación muy estrecha con Italia, a donde hemos viajado mucho”. Como buena ciudad universitaria, Bolonia cuenta con una universidad muy internacionalizada en la que estudian jóvenes de todos los puntos del planeta, “y eso es algo muy enriquecedor”, nos confiesa Alejandro, quien vive en una residencia de estudiantes en la que la mayoría son de nacionalidad italiana. En este sentido, nos explica que aunque hay tantas formas de vivir un Erasmus como personas, básicamente existen dos: puedes juntarte únicamente con tus connacionales o puedes salir de tu zona de confort, conocer gente de otros lugares, además de una lengua distinta; y vivir como lo hacen las personas del país en el que te encuentras, en este caso, los propios italianos”. Alejandro escogió la segunda y asegura que volvería a hacerlo.

Para la presidenta de Banco Santander, Ana Botín, Europa es más inclusiva y más fuerte con programas como Erasmus+”. Una afirmación que el propio Alejandro extrapola a su situación personal porque, gracias a esta experiencia que está viviendo, “he conseguido tener más autonomía, ser más resolutivo a la hora de enfrentarme a problemas que están a la orden del día cuando no te encuentras en un entorno conocido, y en definitiva, he conseguido que cada objetivo que alcanzo sea una forma de ganar autoestima y confianza en mí mismo”. Por eso anima a otros jóvenes a no pensárselo dos veces y a lanzarse a una aventura que, además de hacerles crecer en el plano académico, les ayudará a conocer nuevas culturas, personas y formas de vida, pero sobre todo “a conocerse a uno mismo”.

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