En primera línea contra el cambio climático y el cáncer

David Fairén fue el galardonado en la tercera edición del Premio Talento Emergente de la Sociedad de Científicos Españoles en Reino Unido.

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Por desgracia, el caso de David Fairén no es extraordinario. Joven investigador español mucho más que sobradamente preparado desarrollando su trabajo en otro país, en este caso, el Reino Unido. Lo que sí que se puede considerar fuera de lo normal es su excepcional talento.


Madrileño de la cosecha del 79, David Fairén fue el galardonado en la tercera edición del Premio Talento Emergente de la Sociedad de Científicos Españoles en Reino Unido, un certamen que cuenta con el patrocinio de la Fundación Banco Santander. 

Este galardón tiene como objetivo reconocer y apoyar a un joven investigador español con una trayectoria profesional excepcional en el Reino Unido, así como dar a conocer y difundir su actividad investigadora a la sociedad de ambos países. Banco Santander, dentro de su línea de “Talento Joven”, apuesta por promocionar a jóvenes científicos ofreciéndoles la oportunidad de investigar en las áreas más innovadoras del sector a través de becas y programas especiales.

La gijonesa Eva Hevia, especialista en Química Organométrica, y el barcelonés Xavier Moya, con su trabajo dirigido a investigar la Ciencia de los Materiales, fueron los premiados en las dos primeras ediciones. Fairén, que desarrolla su labor en la Universidad de Cambridge, les ha sucedido en el particular podio de los jóvenes investigadores españoles más sobresalientes del Reino Unido.

El motivo por el que fue premiado está estrechamente ligado, según figuraba en el fallo del jurado, al tratamiento de materiales avanzados destinados a la lucha contra el cambio climático y el descubrimiento de nuevas terapias contra el cáncer.

Desde su departamento de investigación en la centenaria universidad inglesa, donde comparte trabajos con una veintena de talentosos científicos, David Fairén explica, con amable detalle y vocabulario lo más terrenal posible dentro de la complicación que se supone a estas materias, la frase anterior, esa por la que le dieron el premio. “Trabajamos con una familia de materiales llamada metal-organic frameworks (MOFs), ‘inventada’ hace unos 20 años, y que permite el diseño a nivel atómico de sus propiedades porosas. En concreto, hablamos de materiales que, en un solo gramo, pueden contener hasta 8.000 m2 de superficie. Esta superficie nos permite interaccionar con moléculas pequeñas (gases) o mayores (fármacos) y así poder encapsularlas”.

¿Cómo se materializan sus investigaciones?

La pregunta evidente es para qué hacen todo eso, o mejor, qué aplicación real tiene esa investigación. El doctor madrileño contesta: “Esta investigación nos permite, por ejemplo, diseñar un material que pueda capturar el CO2 producido en una central térmica para luchar contra el cambio climático; también podemos almacenar hidrógeno. Del mismo modo, podemos usar estos MOFs para poder mejorar terapias contra el cáncer, transportando un fármaco hasta una célula tumoral, minimizando los efectos secundarios”.

Sin comparaciones odiosas de por medio, la lucha contra el cáncer y la resistencia activa ante el cambio climático suponen dos de las mayores prioridades del mundo civilizado. Y hay un joven químico español en Cambridge que trabaja en ambos relevantes campos después de haber estudiado su relación. “La relación entre estos campos”, comenta Fairén, “está en el uso de las mismas herramientas para poder utilizar la porosidad con la que diseñamos nuestros materiales. De esta manera, usamos los métodos computacionales para predecir el comportamiento de los materiales, y luego los desarrollamos con las propiedades que sean óptimas, bien para energía (por ejemplo, un material muy estable y que dure en condiciones agresivas), o sanitario (por ejemplo, un material que se pueda degradar dentro del cuerpo para que no exista bioacumulación y no provoque efectos secundarios)”.

La lucha contra el cáncer y la resistencia activa ante el cambio climático suponen dos de las mayores prioridades del mundo civilizado

Parece claro que David Fairén es una voz mucho más que autorizada a la hora de hablar del cambio climático y, especialmente, de su fortaleza y peligrosidad. “El cambio climático se puede evitar, pero no lo estamos haciendo”, asegura con rotundidad. “Cada día que retrasemos la toma de medidas en esta dirección es un día perdido. Desafortunadamente, las medidas son demasiado limitadas y demasiado a corto plazo. El cambio climático es un tema político y como tal debe afrontarse por la sociedad, por los científicos y por la industria. El efecto incide, además, no solo en el clima sino también en la salud de los ciudadanos”.

En este sentido, la investigación del equipo de Fairén se centra en el hidrógeno, “el combustible del siglo XXI, al igual que antes lo fueron el gas natural, el petróleo y así hasta llegar al carbón del XVIII”. “Los desafíos para poder almacenar estos gases se solucionan, entre otras cosas, con el uso de materiales porosos para su almacenamiento y separación”.

Fundación Banco Santander: un apoyo clave

Para que estas investigaciones continúen dando sus importantísimos frutos para la salud de las personas es básico el apoyo externo, tanto público como privado. En torno al primero, más bien en torno a su dificultad, se podrían escribir varios libros, pero Fairén, sufridor del asunto, lo resume en dos frases. “Antes de comenzar en Cambridge solicité un contrato Ramón y Cajal para volver a España y comenzar allí mi grupo de investigación. Sin embargo, me quedé muy lejos entre los candidatos, mientras que un año más tarde la Royal Society sí que me dio un contrato similar para ir a Cambridge. Además, el presupuesto de investigación en España es muy limitado y, salvo excepciones, normalmente se infla con partidas que no se usan”.

De ahí que el apoyo privado, como en este caso el que aporta Fundación Banco Santander, se convierta en relevante y casi imprescindible. “Este premio ha servido tanto para dar soporte a una de las spin-outs del grupo, Immaterial Labs, como para ayudar en la conciliación del trabajo y la vida familiar, al cubrir, por ejemplo, una parte de los costes de guardería. A la vez, es muy importante que la investigación en universidades y centros de investigación se financie no solo por la vía pública sino también privada, por lo que el compromiso para aumentar la visibilidad de los investigadores es muy importante”.

La dotación del premio es de 14.000 libras (algo más de 15.500 euros), que, según figura en el texto oficial, “servirán para cubrir cualquier aspecto que ayude al desarrollo de la carrera investigadora del galardonado”.

 

 

 

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