Cómo lograr un internet más inclusivo en la era de las ‘fake news’

Internet ha derrumbado las barreras geográficas comunicativas, pero aún hay quienes reconstruyen muros para alimentar discursos dañinos desde el anonimato.

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Internet ha derrumbado las barreras geográficas comunicativas, pero aún hay quienes reconstruyen muros para alimentar discursos dañinos desde el anonimato. El pensamiento crítico y la diversidad se tornan vitales en la ruta hacia una convivencia online inclusiva.

– Subinspector de policía: ¿No te da vergüenza lo del certamen de Mr. Gay Pride?

– Agente de policía: …

– Subinspector de policía: Es intolerable que te haya quitado el primer puesto un Guardia Civil, tú eras más guapo…

El agente de policía que en 2015 guardaba silencio, prudente ante la sospecha de que se avecinara un ataque de odio, hoy recuerda esa anécdota con cariño. El día previo a esa reunión en comisaría había ganado el segundo puesto de belleza en una de las fases del certamen gay y el reconocimiento había hecho pública una orientación que hasta entonces había preferido tratar con discreción en el trabajo. Aquella respuesta natural y de aceptación le sorprendió.

Biólogo de profesión, Rufino Arco sigue trabajando a día de hoy como agente de policía realizando labores administrativas. Pero si hay una tarea que ocupa su tiempo es la lucha por la diversidad para desmontar los discursos de odio que, sobre todo, proliferan en las redes sociales. Cree que el cuerpo policial todavía tiene una imagen muy conservadora y anima a no juzgar las apariencias. Aquel día él lo hizo y hoy trata de que el resto no cometa el mismo error.

Arco cofundó dos años después (2017) LGTBIpol, una asociación policial independiente que visibiliza en el ámbito digital la diversidad sexual, de género y la igualdad en la Policía. La iniciativa se mantiene a flote gracias a los 70 socios de diversos cuerpos policiales, pero no recibe apoyo económico estatal, como explica Arco: “Nuestra asociación no está subvencionada por la Policía porque quisimos ser independientes ideológica y políticamente”.

Más diversidad y menos odio

El joven granadino reconoce que, a pesar de los avances, aún queda trabajo por hacer: “En la Policía estamos en una fase intermedia si hablamos de diversidad en materia de género, pero aún nos encontramos en una fase inicial en el resto de ámbitos”. Arco solo entiende la figura de la Policía si esta es tan diversa como la población a la que representa.

De la misma manera, considera que cuanta más diversidad cultural promueva una sociedad, menos espacio quedará para la propagación de delitos de odio. Una práctica que está sumando cada vez más adeptos en el ecosistema online. En 2017, último año con datos disponibles del Ministerio de Interior de España, se registraron 1.419 denuncias sobre incidentes de este tipo, un 11,6% más que el año anterior.

Aunque internet ha eliminado barreras en la comunicación de la población, todavía hay personas que utilizan estas plataformas para encender discursos dañinos, a menudo desde el anonimato. Esta sensación de ser invisible “no es real”, recuerda Rufino, ya que la Policía puede solicitar datos a las proveedoras de telefonía en caso de estar incurriendo en una práctica delictiva.

Según la web de Policía Nacional, por delito de odio se entiende “todo incidente contra una persona motivado por un prejuicio basado en: discapacidad, raza, origen étnico o procedencia, religión o creencias, orientación e identidad sexual o situación de exclusión social”. Odiar no es un delito, en cambio incitar a la violencia y a la discriminación contra ciertos colectivos en la esfera pública virtual sí lo es.

De hecho, desde 2015, el delito de odio está recogido en el artículo 510 del Código Penal y contempla penas de entre uno y cuatro años de cárcel. Aunque el Gobierno estudia desde septiembre del año pasado, a petición de la Fiscalía, una posible reducción de las mismas.

Sin embargo, Arco advierte de que estas cifras no se traducen aún en un “registro fidedigno de la realidad”. El policía matiza: “España es uno de los primeros países que ha empezado a tratar estadísticamente los delitos de odio, pero el sistema se ha quedado obsoleto a medida que han ido avanzando los análisis”.

Arco explica que están perfeccionando la metodología en colaboración con la Secretaría de Estado de Seguridad del Ministerio de Interior español y que el nuevo sistema ayudará a seguir indicadores más objetivos para registrar esas denuncias y alcanzar resultados más representativos. Además, anima a las víctimas que no llegan a dar el paso a que denuncien para que se visibilice la injusticia.  

Tiempos de noticias falsas

Los rumores, los prejuicios y los estereotipos que antes contaminaban la vida pública física, ahora han encontrado nuevos espacios virtuales en los que reproducirse y propagarse con mayor rapidez. La era de las noticias falsas retroalimenta ese odio y, a su paso, golpea a muchos internautas.

“Soy objeto de ataques de odio por redes sociales desde que me reconocí públicamente como musulmana. Sobre todo, desde que publiqué mi libro. A partir de ahí se multiplicaron las amenazas e insultos”, reconoce Amanda Figueras, periodista y autora de Por qué el islam: mi vida como mujer europea y musulmana. Como el caso de Amanda hay muchos. En 2017 la islamofobia en internet supuso el 70% de los incidentes recogidos en el cuarto informe anual de la Plataforma Ciudadana contra la Islamofobia.

Para evitar contaminarse de esos discursos online, la Red Anti-Rumores, formada por más de 400 entidades de Barcelona, aconseja dar cuatro pasos: dudar ante la información, contrastarla, reflexionar sobre ella y actuar en consecuencia.

“Lo más inteligente es no hacer caso, bloquear y denunciar“, afirma Figueras. Cualquier persona que sufra este tipo de delito puede recurrir ante instancias como el Juzgado, el Fiscal de Odio, la Unidad de Delitos Tecnológicos de la Policía Nacional o el Cuerpo de Delitos Telemáticos de la Guardia Civil.

La periodista considera que hace falta una mayor regulación ante este tipo de delitos: “No por pedir mayores medidas de control se está pidiendo una censura. Las personas que somos atacadas necesitamos algún mecanismo para no sentirnos indefensas ante las oleadas de odio”. Figueras recuerda no olvidar algo fundamental como es que la “libertad de expresión no es libertad de agresión“. 

Hacia un internet más inclusivo

Para Aida Guillén, directora de Servicios de Derechos de Ciudadanía y Diversidad del Ayuntamiento de Barcelona, la lucha contra el discurso de odio es una “prioridad”. Al plantearse la mejor vía para frenar las acciones discriminatorias, considera en cambio que “la postura prohibicionista no debe ser la prioritaria, sino que debe estar más enfocada en la parte educativa y de prevención”. Para ella, el ingrediente estrella de la receta de la convivencia online pasa por “una ciudadanía más crítica y formada”.

La entidad municipal cuenta con una web que promueve contenidos y discursos alternativos con diferentes guías y expertos para generar conciencia en torno a las consecuencias del discurso de odio y las estrategias para combatirlo.

Son muchas las iniciativas que ven en la educación y en las narrativas alternativas las claves para silenciar a los portavoces del racismo, de la islamofobia, de la homofobia, etc. Movimiento contra la intolerancia, Observatorio ProxiPlataforma Ciudadana contra la Islamofobia son solo algunas de ellas.

“No debemos dejar que en internet florezca la simpleza argumentativa. Es un instrumento suficientemente poderoso como para que nos permita elaborar mensajes complejos, que son los que generan una opinión crítica”, recalca Guillén. Identificar la tecla adecuada de ese instrumento es solo el principio para afinar nuestro discurso online.

Por Marta Sotres

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