Ahorrar e invertir: una nueva forma de cuidar el medioambiente

La financiación sostenible está permitiendo que podemos cuidar del medioambiente eligiendo dónde van nuestros ahorros y qué proyectos se financian con ellos.

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Gracias a la financiación sostenible, o también denominada financiación verde, ahora podemos cuidar del medioambiente eligiendo dónde van nuestros ahorros y qué proyectos se financian con ellos


Cada vez disponemos de menos tiempo para cambiar nuestro sistema productivo y nuestra forma de vida. Hay que tomar medidas de manera urgente. Así lo ha anunciado recientemente el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) de la ONU.

Los mayores expertos en este campo insisten en que los cambios para evitar que el calentamiento global eleve la temperatura más de 1,5 grados, algo que previsiblemente ocurrirá entre 2030 y 2052, deben acometerse inmediatamente.

Advierten, además, de que es difícil pero no imposible, y que no hacerlo podría provocar, entre otras cosas, la destrucción total de los arrecifes de coral, fundamentales en los ecosistemas marinos, o la elevación del mar 10 centímetros.

Además de las políticas puestas en marcha por todos los países para controlar las emisiones y la concienciación ciudadana, la participación de los mercados es fundamental en la lucha contra el cambio climático. De ahí que haya nacido una nueva financiación destinada a apoyar proyectos que contribuyan a lograr los objetivos medioambientales.

Iniciativas como proveer de acceso a la energía eléctrica a más de 100.000 personas, colegios y hospitales, en las zonas rurales de Perú gracias a la instalación de sistemas de energía solar; la creación de viviendas ecológicas en un centro metropolitano al sur de Medellín (Colombia); o utilizar la geotermia para aumentar el acceso a la energía limpia en Indonesia, son solo algunos de los proyectos que el Banco Mundial ha financiado a través de los llamados bonos verdes.

La financiación sostenible, verde o green loans los llamados bonos verdes en español- son productos destinados, única y exclusivamente, a la financiación o refinanciación de proyectos que cuiden el medioambiente, luchen contra el cambio climático y sean socialmente responsables.

Dentro de estas categorías caben iniciativas relacionadas con eficiencia energética, la agricultura sostenible, protección de los ecosistemas terrestres y marinos, o la prevención de la polución.

“El mundo se ha comprometido a crear un futuro mejor para las personas y el planeta. Pero no podremos lograr nuestra visión sostenible sin que el sistema financiero mundial use su capital para impulsar la transformación”, afirmó el director de ONU Medioambiente, Erik Solheim, durante la presentación del Informe Green Finance Progress Report en 2017.

Más de 750.000 millones en 2020 en financiación verde

Los primeros en emitir bonos verdes fueron los bancos de desarrollo, como por ejemplo el ya citado Banco Mundial, en 2007. Desde entonces, este mercado no ha parado de crecer. Según datos de Naciones Unidas, en 2013, la emisión de este tipo de bonos estuvo por debajo de los 11.000 millones de dólares.

En 2016, la cifra ya superaba los 51.000 millones de dólares. No obstante, aunque sean cifras alentadoras, desde la ONU recuerdan que estas cantidades solo representan un 0,15% del mercado global. El año pasado se superaron los 150.000 millones de dólares y los expertos avanzan que el volumen de bonos verdes emitidos en 2020 quintuplicará esta suma.

La financiación verde en España está enfocada a grandes empresas y administraciones públicas. Los inversores se sienten atraídos por la rentabilidad de estos depósitos, pero también por lo que se consigue con su dinero. Por este motivo, la tendencia muestra cómo la inversión en bonos verdes está atrayendo a particulares que, de otra manera, no estarían interesados en el mundo de las finanzas.

Por ejemplo, en el estado de Massachusetts (Estados Unidos), más de 1.000 ciudadanos, pequeños inversores, decidieron apoyar a su gobierno invirtiendo en una iniciativa local relacionada con el medioambiente. Como apuntan desde el Banco Mundial, estas inversiones son de alguna manera “una forma de votar con su dinero”.

Los millennials, la promesa de la inversión en bonos verdes

Una de las grandes bazas para el sector son los millennials. Aunque actualmente no tienen capacidad financiera para invertir, sí que se muestran muy concienciados con los temas medioambientales y recompensados por cuestiones más allá de la rentabilidad económica.

En este sentido, los expertos del sector financiero esperan que, en unos años, a medida que su situación laboral mejore y se produzca la transferencia de riqueza de la generación de sus padres, los jóvenes se conviertan en pequeños inversores.

A diferencia del mecenazgo, invertir en bonos verdes implica comprar la deuda emitida por una compañía o administración pública sin elegir directamente qué iniciativa específica se va a desarrollar.

No se trata de “proyectos a la carta”, sino de dotar con recursos económicos a las organizaciones cuyas iniciativas medioambientales valoramos. Para aquellos que no conozcan propuestas concretas de empresas privadas, las entidades financieras españolas cuentan con productos de inversión sostenibles a disposición de los clientes.

Una de estas opciones son los fondos de inversión sostenible, una modalidad de inversión que se centra en localizar aquellos activos que pueden suponer beneficios para el planeta o al menos no impliquen riesgos o daños adicionales.

Según los expertos, esta tendencia, además de caracterizarse por sus implicaciones éticas, asegura el retorno de la inversión a medio y largo plazo, ya que da más garantías de evitar escándalos que puedan hacer peligrar lo invertido.

En esta tendencia, Banco Santander lanzó a principios de 2018 dos fondos de inversión sostenible: por un lado, el de renta fija destinado a inversores más conservadores y, por otro, el de renta variable, pensado para perfiles de riesgo más elevado.

Gracias a estas soluciones financieras sostenibles, la entidad ha conseguido que haya más de 17.000 vehículos eléctricos de bajas emisiones circulando. Además, ha lanzado Project finance para la construcción y operación de parque eólicos, plantas fotovoltaicas y centrales termosolares en países como Italia, Portugal o Estados Unidos, entre otros.

En Brasil, se han destinado 32 millones de euros para que empresas y particulares materialicen proyectos ambientales de eficiencia energética en el sector agropecuario.

Además de comunidades autónomas como el País Vasco o la Comunidad de Madrid, algunas empresas nacionales que se han sumado a la emisión de bonos verdes para financiar sus proyectos son:

– ADIF, que en el verano de 2017 emitió una deuda de más de 600 millones de euros para llevar a cabo actuaciones en nuevas líneas de alta velocidad y mejora de la eficiencia energética en las ya existentes.

– Repsol, que emitió 500 millones de euros para desarrollar proyectos de eficiencia energética en las refinerías y plantas química de España y Portugal.

– Iberdrola, que ya ha emitido más de 1.400 millones para la financiación de East Anglia ONE: el parque eólico marino más grande del mundo, con una dimensión de 30.000 hectáreas, situado en la costa sureste de Inglaterra y que dará electricidad a más de medio millón de hogares.

Un mercado que no para de crecer

Este vertiginoso crecimiento hace necesario establecer unas medidas de control y regulación en este mercado para evitar confusiones o que se utilice esta calificación de manera irresponsable.

Por eso, la Comisión Europea se ha puesto manos a la obra. El pasado mayo anunció que, entre otras medidas, para poder usar la calificación de ‘verdes’, los bonos deberán cumplir ciertos criterios, como el de mitigar los efectos del cambio climático o ayudar en la adaptación al mismo, hacer un uso sostenible de los recursos marinos, favorecer la economía circular, el reciclaje, evitar la polución y proteger ecosistemas sostenibles como el del águila imperial ibérica, y, sobre todo, no ser contrarios a ninguno de ellos.

“El desafío ahora es aumentar rápidamente los flujos de capital hacia inversiones que respalden nuestros objetivos de desarrollo sostenible y crear negocios verdes comercialmente viables en las próximas décadas”, apunta el director de ONU Medioambiente, Erik Solheim, que añade: “El G20, y otros, han puesto las ruedas en movimiento. Ahora es el momento de pisar fuerte el acelerador”.

Por Belén Belmonte

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