Las mujeres que luchan por combatir la brecha de género en tecnología

Conseguir la total igualdad entre hombres y mujeres a la hora de acceder a un puesto de trabajo continúa siendo una asignatura pendiente. Para lograrlo, muchas profesionales promueven iniciativas que visibilizan su papel.

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Aumentar el número de mujeres en tecnología es una de las metas del sector. Para lograrlo, muchas profesionales promueven iniciativas que visibilizan su papel, fomentan la colaboración y atraen a las más jóvenes


“Muchas veces las niñas no se dedican a carreras técnicas porque no tienen referentes cercanos, modelos femeninos que se dediquen a la tecnología y puedan inspirarlas”. Ana Freire, investigadora y docente de la Escuela de Ingeniería de la Universidad Pompeu Fabra, conoce de primera mano el problema de la falta de figuras femeninas. Aunque ella sí decidió estudiar Ingeniería Informática, la mayoría de compañeros, profesores y superiores que ha tenido a lo largo de su carrera han sido varones. “Sin darte cuenta, piensas que todas las personas relevantes en este campo son hombres”.

Es habitual que los alumnos que se decantan por la tecnología vean pocas chicas en sus clases. Según los datos del Ministerio de Educación de España, solo el 25,1% de los estudiantes universitarios de Ingeniería y Arquitectura fueron mujeres en el curso 2016-2017. La tendencia se repite al finalizar los estudios. Las mujeres representaron el 16,1% del total de expertos TIC (tecnologías de la información y de la comunicación) en España de acuerdo a Eurostat, un porcentaje que se sitúa en el 17,2% en el total de Unión Europea.

 Por ello, algunas profesionales han decidido pasar a la acción promoviendo iniciativas para lograr que haya más mujeres en tecnología.

Una Wikipedia llena de mujeres 

En 2016, Freire lanzó junto a otro profesor de su universidad un concurso orientado a que los profesores y alumnos de colegios e institutos descubran a esas desconocidas mujeres que trabajan en este ámbito. Bautizaron al proyecto Wisibilízalas, ya que los estudiantes deben crear webs que recojan los logros de profesionales organizando la información como si de una página de Wikipedia se tratase.

Freire destaca los beneficios: “Queremos que se entrevisten con ellas y vean que una persona cercana, normal, puede llegar a tener un puesto destacado en tecnología”. El proyecto ha sido un éxito: 690 estudiantes de España y Latinoamérica se han inscrito ya en la tercera edición.

Los equipos ganadores reciben apoyo económico para adquirir material tecnológico, pero la recompensa va más allá. Por ejemplo, la profesora de un centro de Formación Profesional alabó que Wisibilízalas había tenido un efecto muy positivo en sus alumnas. “Estaban desmotivadas, y presentarse al concurso y recibir uno de los premios hizo que su actitud cambiara completamente”, rememora Freire.

El impacto no acaba con el concurso, sino que los perfiles más relevantes se añaden a la gran enciclopedia colaborativa, donde las biografías sobre mujeres todavía escasean: solo el 17% de páginas en inglés versaban sobre ellas en 2016.

Mentoras para dar el salto

Sara Gómez, profesora e investigadora en la Universidad Politécnica de Madrid, también conoce la necesidad de fomentar vocaciones tecnológicas desde la infancia. Por eso, el proyecto Mujer e Ingeniería de la Real Academia de Ingeniería que dirige intenta atraer a las jóvenes.

400 estudiantes de secundaria de la Comunidad de Madrid, tuteladas por estudiantes de ingeniería, desarrollaron prototipos con una vertiente social en el primer concurso de su iniciativa, que se ha ampliado a otras comunidades. Gómez lo explica: “Estamos diciendo que las chicas podemos hacer ingeniería con total normalidad, sin ser bichos raros, y que la ingeniería ayuda a los demás”.

Además, gracias a su programa de mentorización, presente también en varias regiones, ingenieras con puestos de responsabilidad apoyan a las estudiantes universitarias en la transición de la vida académica a la profesional.

“Les ayudan a trabajar en equipo, a hacer un plan de negocio, a negociar su salario, a hablar en público y a estar más seguras de sí mismas”, explica. No en vano, la presencia de mujeres en puestos directivos continúa siendo escasa y contar con una mentora puede ayudar a formar líderes.

Pequeñas comunidades para reunirse

Inés Huertas es una de las mujeres que sí ha conseguido alcanzar un puesto de responsabilidad en tecnología. Ingeniera de telecomunicaciones reconvertida en científica de datos, es cofundadora y CEO de Datatons, una empresa especializada en big data.

Hace unos años, otra experta en el lenguaje de programación R (popular en análisis estadístico), le comentó a Huertas que quería impulsar en España R-Ladies, una comunidad destinada a aumentar la diversidad de género en esa área. Decidió sumarse a la idea y, aunque pensaban que nadie se presentaría al primer evento de R-Ladies Madrid, al llegar se encontraron a 35 mujeres.

Desde entonces, se reúnen periódicamente para compartir experiencias en talleres donde se sienten más arropadas. También organizan anualmente Call of Data, una competición entre equipos con al menos la mitad de mujeres para analizar datos de diferentes ONG.

“No aspiramos a ser una comunidad muy grande, sino a ser lo más inclusivas posible y dar ejemplo a otras comunidades”, detalla la CEO de Datatons. Ella misma ha lanzado junto a otras dos directivas otra iniciativa, Madrid Startup Community Forum, con el objetivo de unir a emprendedoras: “Estamos creando un nuevo ecosistema basado en startups tecnológicas. Si no tenemos presencia femenina, va a pasar lo mismo de siempre”.

El trampolín de las makers

La arquitecta Sara Alvarellos, mujer emprendedora, también ha impulsado varias comunidades en las que puede contagiar su pasión: la fabricación digital. Hace más de un lustro, colaboró en la creación de Makespace Madrid, un espacio destinado a los inventores que quieran desarrollar sus proyectos de impresión 3D o programación.

La escasez de mujeres que encontró a lo largo de su carrera le llevó a otra aventura: “Identifiqué que no había muchas chicas en el mundo del hardwarey empecé a investigar por qué”. Para dar visibilidad a las que ya estaban, crear redes y atraer a las más jóvenes, cofundó en 2015 la asociación Mujeres Tech.

Centenares de niñas se han acercado a la electrónica gracias a esta organización. El bagaje les ha permitido lanzar ahora junto a Everis #girlsgonna, una plataforma online desde la que proporcionan los recursos necesarios para que quien lo desee pueda organizar talleres de programación para las más jóvenes. Alvarellos lo tiene claro: “Queremos que las niñas se puedan plantear que ese ámbito puede ser para ellas, que no se lo descartemos”.

Eventos para fomentar la diversidad

La premisa de que la unión hace la fuerza también está en la base de Girls in Tech. Esta organización sin ánimo de lucro, y con presencia en 36 países, apoya a las mujeres para que tengan éxito en el mundo de la tecnología con diferentes actividades tanto presenciales como online.

Lucía Manzano, ingeniera informática y directora de Girls in Tech Spain, reivindica su papel: “Queremos que la gente vea que las tecnologías están en todos los campos y son un medio para que puedas cumplir tus sueños “.

Su actividad estrella en España es GIT Together, una serie de eventos gratuitos en torno a temáticas como el emprendimiento en los que tanto mujeres como hombres describen sus experiencias. Además, ayudan a las mujeres que así se lo piden y son un altavoz del talento femenino por redes sociales, unas actividades que a ellas mismas les permiten aprender.

Una escuela de programación para mujeres

La pasión por programar códigos no tiene por qué despertarse solo en la infancia y Adalab es un buen ejemplo de ello. Este centro, que rinde un homenaje con su nombre a Ada Lovelace (la primera programadora de la historia) está dirigido a mujeres de entre 18 y 37 años que se encuentren en situación de desempleo o precariedad y quieran reorientar su carrera a la programación.

Sus creadoras no provienen del ámbito de la tecnología, sino que habían puesto en marchas proyectos sociales en América Latina y Asia, tal como explica Inés Vázquez, cofundadora de Adalab: “Vimos que había un fuerte desempleo, una alta demanda de este tipo de profesionales y pocas mujeres”.

Su convicción de que la mujer “debe tener un papel clave en los trabajos del futuro” hizo que ella y Rosario Ortiz creasen esta empresa social que forma a las alumnas, les ayuda a buscar empleos en las empresas que colaboran con ellas y les ofrece mentorización. En la actualidad, ya han formado a más de 150 alumnas y su tasa de inserción laboral es de un 94%.

Por su parte, Banco Santander promueve el talento femenino en el ámbito STEM a través de las Becas Talento Mujer, un programa que concede 25 ayudas económicas a mujeres para la realización de másteres relacionados con esos campos y les facilita la realización de prácticas formativas en la entidad.

Lamentablemente, la brecha de género en el ámbito tecnológico continúa siendo un problema. Sin embargo, el esfuerzo de muchas mujeres por crear referentes, tender puentes y dar a conocer las bondades de la tecnología está ayudando a que sea más pequeña.

Por Cristina Sánchez

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