Cómo combatir el desperdicio alimentario

En un mundo donde un billón de personas pasa hambre, tanto empresas como instituciones lo tienen claro: el desperdicio alimentario debe combatirse.

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La ONU calcula que al año se tiran a la basura y se pierden en la cadena de suministros 1.300 millones de toneladas de alimentos. En un mundo donde un billón de personas pasa hambre, tanto empresas como instituciones lo tienen claro: el desperdicio alimentario debe combatirse. De hecho, la FAO calcula que podría evitarse en torno al 60% de la comida desperdiciada en el mundo si todos tomamos un papel activo en esta tarea.


A la hora de hablar de consumo responsable de alimentos, hay que diferenciar entre dos conceptos:

  • Su pérdida, que hace referencia a cualquier alimento alterado en la cadena de suministro entre el productor y el mercado, ya sea por problemas en la cosecha, recolección, manejo, almacenamiento, empaquetado o transporte del mismo.

 

  • Su desperdicio, que se relaciona con el descarte de alimentos seguros y nutritivos que realiza el consumidor. Por ejemplo, aquellos que tira una persona porque caducan, consecuencia directa de la mala gestión que se realiza de una compra o la falta de revisión de los alimentos guardados en armarios o neveras en los hogares.

Y es en este último punto donde se encuentra uno de los grandes problemas a los que se enfrenta la sociedad actual. Más de mil millones de personas en el mundo pasan hambre, mientras que aproximadamente un tercio de todos los alimentos producidos a nivel mundial se pierden o se desperdician, según datos de la ONU.

Por ello, es importante tomar un papel activo en este asunto, ya que somos responsables de reducir el desperdicio alimentario. Y en este sentido, hablamos tanto de los alimentos como de los recursos que hacen falta para producirlos. En otras palabras, se trata de usar los recursos de la tierra de forma más eficiente para tener un impacto más positivo en el cambio climático.

De esta forma, una solución para este problema podría pasar por que las empresas alimentarias dejen de producir de manera excesiva, y educar a la población en una cultura de consumo responsable.

Los países que más alimentos desperdician 

Estados Unidos es el país que más comida tira a la basura, con una media de 760 kgs. por habitante al año, seguido por Australia y Dinamarca, con 690 y 680 kgs./persona, respectivamente.

En cuanto a España, nuestro país se sitúa en la undécima posición en el ranking mundial y es el séptimo país de la Unión Europea que más alimentos desperdicia. Según datos del Gobierno, aproximadamente, los españoles tiran a la basura productos por un valor de 3.000 millones de euros al año.

Santander España y la Ciudad Grupo Santander, respectivamente, donan diariamente los excedentes de comida de los restaurantes de empleados

Poniendo en marcha las medidas adecuadas y concienciando a todos los actores implicados, la FAO sostiene que alrededor del 60% de la comida desperdiciada en el mundo podría aprovecharse, y alejarse de los 895.000 millones de euros que le cuesta a la economía global los desechos.   

Reutilizar para enseñar a reducir y gestionar 

Tal es la preocupación que existe en torno al consumo responsable de alimentos, que gobiernos, instituciones y empresas ya se han puesto manos a la obra para poner en marcha multitud de iniciativas que luchan contra el desperdicio alimentario. Tal es el caso de Banco Santander.

De esta manera, desde julio de 2018 y desde noviembre de este año, Santander España y la Ciudad Grupo Santander, respectivamente, donan diariamente los excedentes de comida de los restaurantes de empleados, que almacenan en cámaras adaptadas para la preservación de alimentos, para luego proceder a su donación y proporcionar cenas diarias a quienes más lo necesitan.

En este sentido, la Ciudad Grupo Santander, en Boadilla del Monte, en cuyas instalaciones se entrega una media de 5.150 comidas diarias a sus empleados de lunes a jueves, se sumó recientemente a la iniciativa #CenasParaTodos, tras el éxito obtenido por Santander España en su sede de Luca de Tena, que estrenó esta iniciativa en 2018.

Este proyecto se desarrolla gracias al acuerdo alcanzado con la empresa HOFO (Hope Food) y los proveedores que prestan servicios de restauración en los edificios corporativos, Sodexo y Mediterránea de Catering y pretende aprovechar los excedentes de alimentos y proporcionar miles de cenas cada mes a aquellas personas que más lo necesitan; contribuyendo, de este modo, al fomento de una economía circular y una actividad sostenible y respetuosa por parte de la entidad, como banco responsable.

Hope Food (HoFo) es una iniciativa nacional que nació en 2017 de la mano de varios amigos que no querían que nadie en el país se quedase sin comer. Los repartidores de esta empresa acuden a las oficinas de la entidad, recogen los excedentes (guisos, arroces y pasta, mayoritariamente) y los transportan a diferentes comedores sociales.

Actualmente, HOFO colabora con 13 comedores y 12 empresas. “El desperdicio por sí mismo no es grave. Lo que es grave es la ineficiencia social y que haya personas que pasan hambre cuando existe un excedente alimentario”, afirma Joseba Iza, uno de los responsables de HOFO.

La buena noticia es que la sociedad está cada vez más concienciada sobre este problema: “Cada día se acercan más empresas. Existe una especia de movimiento bastante interesante con temas como la ecología, el cambio… Toda esta preocupación con el cambio climático lleva a ahondar más en las desigualdades sociales. Hay un interés muy particular en solucionar todos estos temas. Al final, van ligados”.

Uno de los comedores sociales a los que llegan los excedentes de Santander, a través de HOFO, es la Real Hermandad del Refugio de Madrid, que ayuda a más de 200 personas al día. “El desperdicio de comida es un problema muy grave. Si en una sociedad lo que tiran unos, lo añoran otros, existe desigualdad social. Por ello, es plausible que grandes empresas como Banco Santander estén concienciadas en paliar esa desigualdad facilitando sus excedentes de comida para que lleguen a los más necesitados”, sostiene Juan Idarreta, vocal de ejercicios -responsable de la ronda de cenas- de la Real Hermandad.

De esta manera, el papel que juegan tanto empresas como instituciones es clave para revertir la situación. “Hay que hacer del problema, virtud, y con el esfuerzo de todos conseguir dar salida a los alimentos desperdiciados”, afirma.

Además, como muestra de su compromiso con esta causa, Santander colabora de forma habitual con entidades como la Federación Española de Bancos de Alimentos (FESBAL), a través de la participación de sus voluntarios en la Gran Recogida de Alimentos, que se celebra todos los años cuando se acerca la Navidad.

Las iniciativas no parten solo de organismos o empresas, también de manera individual son muchos los que se han puesto manos a la obra para intentar poner fin a esta situación. Un ejemplo de ello es ‘Too Good to Go’, una app que nació hace tres años en Dinamarca y que ya funciona en 20 ciudades españolas. La empresa pone en contacto tiendas y restaurantes con los consumidores para que estos puedan adquirir a un precio muy bajo los excedentes de los diferentes establecimientos

Disponer de comida es algo que gran parte de la población da por sentado. Compramos y tiramos sin pensar que más de mil millones de personas pasan hambre en el mundo. Por eso, tenemos que situar la lucha contra el desperdicio alimentario en el lugar que se merece, de forma urgente y necesaria. Y sobre todo ser conscientes, de que, en esto, todos tenemos mucho que hacer.

 

 

 

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